6 Feb 2017 - 7:57 p. m.

Zika un año después

En el año 2015 el mundo se vió enfrentado al renacer de una nueva epidemia por el virus del Zika, trasmitido por la picadura de mosquitos del género Aedes (los mismos que trasmiten el Dengue y el Chikungunya). Pocos previeron lo que ocurriría durante el año siguiente.  

Juan Manuel Anaya

La infección es, en la mayoría de los casos, asintomática o se presenta como una enfermedad leve y autolimitada, principalmente con erupción cutánea, fiebre, dolores articulares y conjuntivitis. Sin embargo, el aumento inesperado de alteraciones y malformaciones neurológicas en fetos de madres gestantes e infectadas, así como el incremento del número de pacientes con síndrome de Guillain-Barré, una afectación autoinmune de los nervios periféricos, condujo, en febrero de 2016, a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar la epidemia como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”. Dicha declaratoria terminó el 18 de noviembre de 2016. Sin embargo, la OMS todavía advierte que la evaluación del riesgo global no ha cambiado. El virus continúa extendiéndose geográficamente a diversas áreas.

Las complicaciones de la epidemia tomaron por sorpresa a las agencias de salud. En Colombia, el Instituto Nacional de Salud (INS) y el Ministerio de Salud y Protección Social hicieron su mejor esfuerzo para responder de la mejor manera. Los cálculos iniciales fueron exagerados. Menos mal. Así, el Ministerio de Salud, no sin antes haber emprendido una campaña de información y prevención, y con la ayuda del equipo que envió el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), desde Estados Unidos, pudo anunciar, en julio del 2016, el fin de la epidemia en el país, no de la infección.

¿Qué hemos aprendido? Además de las vías de trasmisión (por picadura de la hembra del mosquito Aedes, de madre a feto, sexual y, raramente, por transfusión sanguínea), se sabe que el Zika puede producir efectos graves sobre el sistema nervioso, los cuales pueden dividirse en dos: aquellos que ocurren en los fetos de mujeres embarazadas, y las afectaciones neurológicas en personas infectadas (no embarazadas), independientemente de la edad y el sexo. También se han observado algunos casos de afectación hematológica autoinmune, pero no reumática o tiroidea.

A pesar de que desde su descubrimiento, en los años cincuenta del siglo pasado en el bosque Zika, en Uganda (de ahí su nombre), se conoce que el virus puede comprometer directamente al sistema nervioso, tanto a nivel central (cerebro) como a nivel periférico (nervios), solo una minoría de personas infectadas desarrolla las complicaciones neurológicas mencionadas. En el caso de las mujeres embarazadas, 1 al 13% puede presentar anomalias en el feto, siendo mayor el riesgo durante el primer trimestre, pero existiendo durante todo el embarazo ¡y aún después del parto! La afectación neurológica, principalmente el síndrome de Guillain-Barré, ocurre en menos del 2% de las personas infectadas. Pero cuando ocurre, tiende a ser grave y la discapacidad posterior es importante. Curiosamente, no se ha observado un aumento del Guillain-Barré en mujeres embarazadas.

El bajo porcentaje de pacientes que desarrolla Guillain-Barré nos hizo pensar que existieran otros factores adicionales al Zika en la aparición del síndrome. Por esta razón emprendimos con un equipo multidisciplinario, financiado por la Universidad del Rosario, Colciencias, la Alcaldía municipal y el INS, un estudio en Cúcuta, la ciudad más afectada por todas las enfermedades que trasmiten los mosquitos Aedes.

Los resultados mostraron que el Guillain-Barré aumentó más de 4 veces, y que el bajo nivel socioeconómico, vivir cerca de zonas de alta contaminación e infecciones previas favorecieron el desarrollo del síndrome. En particular, una infección anterior por Micoplasma pneumoniae aumentó cerca de cuatro veces el riesgo de desarrollar Guillain-Barré en personas infectadas por Zika; un hallazgo que está siendo confirmando en otras ciudades. Además del Guillain-Barré, el Zika puede ocasionar compromiso de la médula espinal (mielitis), del cerebro (encefalitis) y de nervios craneales (parálisis facial).

La cifra exacta de pacientes con Zika en Colombia se desconoce, pues en la mayoría de los casos los pacientes ya no consultan o la infección puede ser asintomática. El INS informa que cerca de 200 mil casos se han registrado, de los cuales 20 mil corresponderían a mujeres embarazadas. El número de pacientes con Guillain-Barré asociados a la infección también se desconoce, pero podría superar los mil.

El estudio ZEN (Zika en Embarazadas y Niños), que adelantan el CDC y el INS, con un presupuesto superior a todo el FIS (Fondo de Investigación en Salud), le apuesta a conocer los factores asociados a la microcefalia y otras complicaciones generadas por el Zika durante la gestación y después de ella.

Uno de los principales retos en el estudio del Zika es su confirmación diagnóstica. La mayoría de los casos reportados han sido diagnosticados por sospecha clínico- epidemiológica y no por laboratorio. Otro es conocer mejor los mecanismos de la infección y por qué en algunos pacientes el virus permanece por periodos de tiempo muy prolongado. No menos importante es el estudio de los mecanismos inmunológicos que conducen al Guillain-Barré.

El aumento en la patogenicidad viral en relación con el proceso de adaptación del virus a nuevos entornos geográficos es otra preocupación importante. El control del vector (el mosquito) y el tratamiento de individuos afectados son estrategias que se han revelado poco eficaces de manera independiente. Por esta razón, los estudios que se adelantan para evaluar vacunas son una de las principales perspectivas para el control de la infección y complicaciones de ésta y otras infecciones.

Es necesario crear sistemas de control más agresivos y eficaces para las enfermedades virales transmitidas por vectores que afectan a los seres humanos. Las estrategias primarias de salud deben aplicarse más allá de la simple educación de las personas. La erradicación del vector simultáneamente con la atención médica integral, a través de medios accesibles a todos los individuos y familias debe ser una realidad, no una coincidencia, como ocurre en la mayoría de los casos.

Finalmente, el Zika vino para quedarse. Es posible que la inmunidad poblacional proteja contra una nueva epidemia por cerca de una década (o quizás menos). Sin embargo, dadas las secuelas a largo plazo de éste y otros virus trasmitidos por mosquitos, la creación y fortalecimiento de centros de investigación y la colaboración nacional e internacional deben ser una prioridad permanente de las entidades académicas y gubernamentales, con el fin de ofrecer respuestas a problemas nacionales con repercusión regional y mundial. En este sentido, hay todavía todo un largo camino por recorrer. Seguiremos caminando.

 

 

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