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La magistrada que alzó la voz contra la discriminación

¿Cómo luchar contra la violencia de género si se tuvo que sufrir maltrato psicológico? La exmagistrada Stella Conto pide mirar el sistema y evitar la revictimización.

“Las mujeres tenemos que aceptar nuestra condición de víctimas del sistema”, asegura Stella Conto. Óscar Pérez - El Espectador

La exmagistrada del Consejo de Estado Stella Conto Díaz del Castillo alzó su voz para denunciar que era víctima de violencia psicológica por parte de su esposo. Se divorció y acudió a la justicia para ser reparada. Su valentía trajo a la luz cómo la violencia contra la mujer en el hogar, física o verbal, se extiende a los hijos y se vive en todos los estratos sociales. Y puso en el debate público el manejo que la justicia da a estos casos, pues en su caso los despachos judiciales respondieron que ella no podía ser reparada debido a sus altos ingresos, a pesar de que estaba probado el maltrato.

En 2017, no obstante, la Sala Civil de la Corte Suprema falló en su favor, asegurando que los ingresos no tienen por qué importar a la hora de reparar un maltrato psicológico. La batalla parecía ganada, pero meses más tarde la Sala Laboral de ese mismo tribunal tumbó la decisión. Y ahora Conto está a la espera de que la Corte Constitucional zanje el debate. Entretanto, la exmagistrada, que dejó el alto tribunal en 2018, está dedicada a sí misma, a alcanzar metas que la hagan crecer como persona, ya sin los extenuantes horarios que imponía su rol como magistrada. Para ella, el asunto, sin embargo, no se puede quedar en los casos individuales.

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“El problema es el sistema”, dice. Lo importante es lograr una reivindicación en pro de las mujeres. “No nos podemos seguir quedando en la víctima, en la morbosidad de lo que le pasó, en quién es el victimario, que cómo la trataron, que por qué no denunció (antes) y en ahondar sobre el dolor de la víctima. Hay que mirar hacia el sistema, porque no hay caso aislado”, agrega. ¿Por qué al sistema? Porque es patriarcal, explica Conto. Porque la discriminación contra la mujer se presenta como un valor, porque es mejor que lo que pasa en casa se quede en casa.

Así, de manera tajante, para Conto es claro que las dificultades para avanzar en la lucha contra la violencia de género empiezan en la sociedad machista y en un sistema judicial que no tuvo en cuenta a la mujer en su construcción. “El derecho que a mí me enseñaron y el que les enseñaron a quienes están en general en las altas cortes es androcéntrico”, dice Conto sin dudarlo ni un segundo. Para ella no todo lo que se produce en las altas cortes es bueno ni implica un avance para el país.

“Es común oír entre los magistrados, incluso de las altas cortes, que la violencia de género no existe, que es una creencia popular que determinadas feministas decidieron crear”, agrega. ¿Hay, entonces, machismo en las altas cortes? “No podemos decir que no lo hay”. Tanto en decisiones judiciales como en la forma de abordar los problemas jurídicos y en el día a día, en detalles, se ven actuaciones pequeñas que nacen del machismo. Para Conto llegar al Consejo de Estado fue impactante desde el mismo día que le estaban haciendo las togas para usar en las sesiones: no tenían bolsillos y no se podían usar con collares, bufandas ni aretes vistosos.

“El problema no es llegar solamente. El problema es llegar y no ser una voz femenina, sino que le permitan ser una voz feminista, que son diferentes. La voz femenina es androcéntrica y le estorban las voces feministas, pero en realidad las cuotas están hechas para llevar voces feministas, para acabar con la discriminación. Una voz femenina puede volverse feminista cuando tiene apoyo, pero tenemos posibilidades de que las voces feministas se vuelvan femeninas porque te conviertes en una persona incómoda”, explica.

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En estas condiciones, ¿cómo seguir adelante? El mensaje de Conto es uno solo: “Las mujeres tenemos que aceptar nuestra condición de víctimas del sistema. Hay que hacerlo visible, hay que denunciar lo que se está haciendo. El llamado a los medios de comunicación sería que no se queden en el caso, pásense al sistema. El caso va a seguir repitiéndose, mañana va a haber uno igual o peor. Hoy es la selección de fútbol femenina, pero ese problema del acoso lo están viviendo nuestras niñas y nuestras mujeres en todas las actividades sociales, económicas, culturales, religiosas y políticas. Tenemos que desenmascararlo”.

La exmagistrada destaca avances en las altas cortes, como el reconocimiento de la Corte Constitucional de que la violencia psicológica existe. Pero, afirma, todavía falta mucho por hacer. Por ejemplo, en materia de violencia económica. “Las reglas sobre la sociedad conyugal y la sociedad patrimonial deben cambiarse, porque fueron hechas para proteger a la mujer que no trabajaba. Y ahora están afectando a las mujeres que trabajan y sostienen el hogar”.

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Y también, asegura la jurista, falta en la manera como se aborda la violencia sexual en contra de los niños y las niñas. “La violencia sexual tiene el problema grave que se sucede (casi siempre) en el ámbito familiar. El niño o la niña que está siendo violado, además tiene rota su estructura familiar porque el violador es una persona cercana que ha preparado la violación. Ese rompimiento no se analiza en los estrados judiciales”.

Para la exmagistrada, si el sitio menos seguro para una mujer y un niño es su hogar, es porque se mantiene la creencia de que la violencia intrafamiliar tiene que ser invisible, a pesar de que se trata de un asunto que debería estar en la mira de todo el mundo. “Tenemos un problema social muy complejo”, concluye Conto.

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