Sue Jacquot tiene 81 años y decidió aprender algo completamente ajeno a su día a día: jugar Minecraft.
Vive en Arizona y nunca había sentido curiosidad por los videojuegos. Pero todo cambió en 2024, cuando a su nieto Jack Self, de 17 años, le diagnosticaron sarcoma, un tipo de cáncer poco frecuente que se origina en tejidos como los huesos, los músculos o los tejidos conectivos del cuerpo.
Ante esto, la abuela buscó una forma concreta de ayudar a financiar un tratamiento oncológico largo y costoso.
La idea surgió como un puente generacional. Según contó Jacquot al canal Local12 de Arizona, entendió que los videojuegos eran una de las maneras en que los jóvenes se comunican hoy.
Aprendió a jugar durante el verano y, en octubre de 2025, se animó a compartir sus partidas en YouTube bajo el seudónimo Gramma Crackers.
De acuerdo con La Nación de Paraguay, Sue comenzó a transmitir en el formato ‘Let’s Play’, jugando mientras interactuaba con la audiencia.
En su canal incluyó un enlace a GoFundMe, plataforma de recaudación de fondos destinada a cubrir los gastos médicos de Jack. Con el paso de las semanas, la comunidad creció y las donaciones empezaron a llegar.
GamesRadar mencionó que uno de sus primeros videos, una introducción, se viralizó y superó el medio millón de visualizaciones.
Para el momento de esta publicación, el fondo en GoFundMe ha alcanzado más de 46.000 dólares, mientras el canal tiene 302.000 suscriptores, cuyos ingresos se destinaron al tratamiento de Jack.
El proceso médico ha sido exigente. GamesRadar reporta que Jack recibió más de 200 tratamientos de quimioterapia tras el diagnóstico. En una visita de ABC15 a la familia, el propio Jack confirmó la noticia que marcó un punto de inflexión: está libre de cáncer y se siente bien.
El joven se encuentra actualmente en remisión, aunque la etapa de recuperación continuará durante varios años.
Mientras tanto, Sue Jacquot no ha dejado de grabar. Continúa subiendo videos de sus partidas y acompañando la recuperación de su nieto desde el mismo espacio digital que abrió para ayudarlo.
En el camino, no solo aprendió a jugar, sino que construyó una comunidad que respondió con donaciones, mensajes de apoyo y acompañamiento.
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