Treinta años después de su nacimiento, Pokémon explora un camino distinto con Pokopia, un videojuego que reemplaza la lógica de la batalla por una experiencia centrada en el descubrimiento, la empatía y la creatividad. Creada por el tokiota Satoshi Tajiri e inspirada en la caza y el estudio de insectos, la franquicia vuelve con una perspectiva menos competitiva.
Disponible para Nintendo Switch 2, el juego presenta un mundo destruido, sin presencia humana y con el hábitat de las criaturas prácticamente borrado del mapa. Desde ahí, la propuesta desplaza el foco hacia la reconstrucción de ese entorno.
La experiencia recuerda por momentos a Minecraft, por su lógica de construcción y transformación del espacio, y a Animal Crossing, por su tono más calmado y amable, como menciona EFE. Aun así, no se limita a combinar referencias conocidas: plantea una forma distinta de entender el universo Pokémon.
Ditto como punto de partida
El jugador controla a Ditto, un Pokémon con habilidades de transformación que adopta apariencia humana y llega a un escenario desolado. A partir de ahí, la experiencia se apoya en la exploración y el aprendizaje progresivo. El título evita explicarlo todo desde el comienzo y deja que el jugador descubra sus mecánicas a medida que avanza.
Una de sus decisiones más llamativas es la ausencia de varios elementos clásicos de la saga. Aquí no hay entrenadores Pokémon, ni equipos rivales, ni enemigos como eje central. En lugar de capturar para combatir, se descubre para reconstruir.
Reconstruir en lugar de combatir
La base de la experiencia está en devolverle la vida a ese mundo hostil. En el camino, el jugador encuentra criaturas escondidas entre la maleza, crea su hábitat, entabla amistad con ellas y aprovecha las habilidades de cada una para reconstruir el entorno: allanar terrenos, generar electricidad, fundir metal, trabajar la madera o crear vegetación.
Ese cambio de enfoque también se refleja en las acciones de Ditto. Puede aprender nuevas habilidades, comprar utensilios, recolectar alimentos, construir casas y guaridas, abrir canales de agua desde los manantiales de la montaña, cortar la maleza o crear un huerto. Todo eso refuerza una experiencia en la que el progreso pasa por el cuidado, la observación y la colaboración.
Exploración y crecimiento
Cada nuevo escenario incluye misiones básicas y criaturas escondidas, lo que amplía gradualmente una experiencia que gana posibilidades a medida que el jugador entiende mejor cómo funciona ese universo.
Esa sensación de crecimiento se apoya también en la libertad para construir, modificar el paisaje y probar distintas mecánicas. Más que imponer un camino único, la propuesta abre espacio para que cada jugador explore su propia manera de habitar ese mundo.
Apartado técnico y cooperativo
En el plano técnico, la experiencia ofrece un desempeño fluido, sin tirones ni tiempos de carga. En lo visual, apuesta por colores intensos, animaciones detalladas y una vista cenital que permite apreciar con claridad la relación entre el personaje, el entorno y todo aquello que el jugador va modificando.
Además del modo en solitario, la entrega permite jugar en cooperativo con hasta cuatro personas simultáneamente. Esa opción abre la puerta a compartir mundos, visitar los espacios creados por otros jugadores y hacer que los Pokémon interactúen entre sí.
Una entrega singular
Por todo eso, se trata de una de las propuestas más singulares de Pokémon. No porque rompa por completo con su identidad, sino porque reorganiza sus prioridades: la acción clásica cede espacio a la construcción, la rivalidad deja de ser el motor principal y la calma se vuelve una parte esencial de la experiencia.
Más que una variación menor, la entrega plantea otra forma de vínculo con esas criaturas que durante años han estado asociadas, sobre todo, a la batalla y la captura. En ese giro está buena parte de su fuerza: demuestra que la franquicia todavía puede abrir caminos nuevos sin desprenderse del todo de lo que la hizo reconocible.
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