24 de diciembre de 2015. Camilo Andres Gomez Amador espera con ansiedad la llegada de las 12. No sabe qué hay debajo del árbol para él, pero ve una caja envuelta en papel regalo con su nombre. La emoción lo inunda tanto que no puede pensar en otra cosa diferente a su obsequio de Navidad y su mamá lo entiende, pues ella alguna Nochebuena también fue una niña que solo quería que fuera medianoche para romper el envoltorio y descubrir eso que la tenía en ascuas desde el 1.° de diciembre. Finalmente, Camilo puede abrir su regalo para reconocer con los ojos brillando, no sabe si por las lágrimas o la euforia del momento, que se trata de una Xbox 360 acompañada del juego FIFA 15. Se trasnochó hasta las seis de la mañana del otro día jugando con sus primos, mientras los adultos recibían el primer rayo de sol del día con un trago en la mano y la pareja de baile en la otra.
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10 años después, ese mismo niño ahora tiene 23 años, es comunicador social y representó a Colombia en la Copa Mundial de la FIFA de eFootball 2025. Un torneo de deportes electrónicos del que se enteró por simple azar del destino. Sin buscarlo y mucho menos sin pensarlo. “Estaba viendo Instagram y me encontré con la publicación de la Federación Colombiana de Fútbol que está buscando a un jugador para representar al país en el Mundial de Arabia Saudita“, dice Camilo.
El gamer afirma que esa Navidad de 2015 fue la que marcó su idilio con los videojuegos de fútbol. Ese momento comenzó como un hobby, pero hoy es una de las actividades más importantes de su vida; esa misma lo llevó a su primer viaje fuera del país. “Cuando yo me bajé del avión en Riad con la sudadera de la selección y el sombrero vueltiao en la cabeza, no podía creer que una afición podía llevarme tan lejos”, manifiesta. Sin duda, su momento más emotivo fue durante las eliminatorias regionales. Un 3-0 frente a Argentina le bastó para cerrar el partido, salir de su habitación y fundirse en un abrazo entrañable con su mamá. Una mujer que nunca le dio la espalda y apareció cuando voces del exterior lo juzgaban por pasar tiempo jugando fútbol virtual.
“Ella fue la primera en apoyarme. Cuando me gané el cupo para representar a Colombia en las regionales, me dijo que podía clasificar al Mundial y, cuando lo logré, fue la primera en saberlo. Fue quien me llevó al primer partido y la primera en verme por internet cuando estuve en Arabia Saudita. Sin duda, la relación con mi mamá es muy especial”. Tan especial como su historia con los juegos de fútbol, pasando por el popular FIFA (hoy EA Sports FC), hasta llegar a eFootball, en el que compitió en nombre del país en la categoría de celulares.
A Camilo aún le cuesta asimilar todo lo que vivió en Riad. Aunque los resultados no fueron los esperados el segundo día de competencia, dice que disfrutó del viaje y su objetivo es volver este año, pues no puede superar el orgullo que sintió cuando vio la bandera de Colombia a casi 13.000 kilómetros de su casa. Esa en la que un día decidió comenzar a jugar competitivamente con un amigo y nunca más volvió a salir del circuito. “En el Mundial hice muchos amigos. Creo que una de las cosas que más me gusta de esta comunidad es la amabilidad. Podemos ser rivales dentro de la arena, pero fuera de ella somos colegas que venimos a divertirnos, a competir y pasar un buen momento con algo que nos gusta tanto a todos”.
El usuario de móviles y consolas dice que también quedó asombrado con la belleza exótica y la modernidad de la nación árabe saudí. Ver la cantidad de edificios y obras, no solo dedicadas a la industria del Gaming, sino también al Mundial de fútbol convencional de 2034, en el que el país oficiará como sede, lo dejó maravillado. Un hecho que no es gratuito, pues Arabia Saudita se ha convertido en un hub (centro) de videojuegos muy importante en el mundo, además de poseer el estudio que desarrolla EA Sports FC y tener una gran relación con la FIFA. Otra organización sumamente interesada en hacer crecer y madurar los videojuegos como un estilo de vida. Así como lo es hoy el fútbol tradicional en sus diferentes ramas dentro del deporte.
Finalmente, Camilo dice que le queda el sinsabor de no haber podido llegar más lejos en la Copa del Mundo de 2025, pero con la satisfacción de haber sido el único colombiano en clasificar a la ronda final, pues en la categoría de consolas Colombia brilló por su ausencia. “Ahora quiero expandir y nutrir mis redes sociales y volver a la convocatoria de 2026 para volver a ganarme el derecho de representar a mi país en el próximo Mundial. Todo lo que pasó me convenció de que este puede ser mi camino”. Un trasegar que todavía no tiene una realidad muy consolidada en Colombia, pero que sueña con un futuro mejor. Uno en el que el estigma por ser gamer abandone la sala y permita que más jóvenes se profesionalicen en esto de ser jugadores de videojuegos.
Aunque Camilo no lo supo sino hasta un año después, el Papá Noel que le trajo esa Xbox 360 cuando apenas era un niño no tenía traje rojo y barba blanca. Era una mujer que, a pesar de no pertenecer a la generación de los streams y las redes sociales, sin saberlo, supo entender qué necesitaba su hijo para llegar una década después a Arabia Saudita con la bandera de su país a la espalda. Un tipo de apoyo que no se puede contar con números, sino con abrazos, besos y palabras de aliento. Ella, como toda buena mamá, fue la primera en confiar en las habilidades de su primogénito. En darle ese “espaldarazo” cuando más lo necesitaba.
“Nunca voy a olvidar un sábado en la tarde que vi un partido de fútbol en televisión y quedé obsesionado con el deporte. Era apenas un niño, pero desde entonces ha sido una pasión que me ha acompañado durante toda mi vida. No solo con los videojuegos, sino también jugando como arquero y, por supuesto, apoyando a mis equipos del alma, Deportes Tolima y Juventus”. Una afición que le debe a su papá y que puede parecer una trama repetida en Colombia, pues el deporte más popular del país casi siempre es una herencia de padre a hijo, pero no deja de sorprender. Mucho más cuando se trata de un fanatismo mediado por la modernidad, la tecnología y una mamá que nunca se cansó de apoyar a su gamer favorito.
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