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⁠El efecto Bad Bunny tras el Super Bowl: comida, fiesta y naturaleza en Puerto Rico

Del dembow en La Placita de Santurce a las aguas bioluminiscentes de Puerto Mosquito, la isla ofrece un viaje que combina sabor, fiesta y desconexión total.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero
13 de febrero de 2026 - 07:59 p. m.
Bad Bunny durante su histórico show de medio tiempo en el Super Bowl LX, donde rindió homenaje a su identidad puertorriqueña a través de referencias culturales y escenarios inspirados en la vida cotidiana de la isla.
Bad Bunny durante su histórico show de medio tiempo en el Super Bowl LX, donde rindió homenaje a su identidad puertorriqueña a través de referencias culturales y escenarios inspirados en la vida cotidiana de la isla.
Foto: EFE - CHRIS TORRES
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Puerto Rico es un destino irresistible. Lo es por su energía, por su mezcla única de tradición y modernidad, por su capacidad de convertir cualquier noche en una celebración y cualquier paisaje en una experiencia sensorial.

De hecho, es un destino soñado para quienes somos fanáticos de la salsa, el reggaetón e incluso la bomba y la plena. Pero también lo es para quienes buscan desconectarse en medio de la selva tropical, nadar bajo estrellas bioluminiscentes o saborear frutos frente al mar Caribe.

Tras el show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl, la isla volvió a proyectarse como lo que siempre ha sido: un epicentro cultural donde la música, la comida y la naturaleza no compiten entre sí, sino que conviven.

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Sabor boricua

La cultura puertorriqueña se siente primero en el paladar. La comida callejera es una puerta de entrada directa al espíritu de la isla, como recomienda Discover Puerto Rico. Los tostones o patacones fritos y los amarillos, más suaves y dulces, aparecen en mesas y kioscos como parte esencial del día a día.

El arroz con habichuelas, sazonado con cebolla, jarrete de cerdo, calabaza y sofrito, es otro clásico que resume identidad y tradición. Y luego están las frituras: alcapurrias en forma de torpedo hechas con vegetales de raíz rallados y rellenas de carne, arepas con toque de coco, bocados de mariscos recién salidos del aceite.

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La isla que se baila

Si hay algo que el show del Super Bowl dejó claro es que Puerto Rico no solo se escucha, se baila.

El reggaetón es una fusión de reggae, dancehall, hip-hop, salsa, bachata y merengue. Nació en la escena underground con las fiestas “reggae maratón” de finales de los años 80 y, pese a los desafíos iniciales, se convirtió en fenómeno global. Su nombre fue mencionado por primera vez por Daddy Yankee en el mixtape Playero 34.

Hoy es imposible hablar de la música latina sin mencionar nombres como Don Omar, Wisin y Yandel, Hector ‘El Father’, Tego Calderón o nuevas voces como Rauw Alejandro y Young Miko.

El perreo o sandungueo domina la pista de baile. Es energía, es movimiento de caderas, es contacto rítmico, como en Colombia. Y esa energía se vive en lugares como La Placita de Santurce, mercado de día, fiesta de noche, en clubes de San Juan y en bares donde la salsa, el merengue, el hip hop y el reggaetón conviven sin jerarquías.

Pero Puerto Rico también es bomba y plena, es herencia africana, es ritmo de tambor y canto colectivo. Es un destino donde cada género tiene su espacio y cada noche puede convertirse en una celebración.

Naturaleza que equilibra la fiesta

La otra cara del efecto Bad Bunny es la conexión profunda con el territorio.

El Bosque Nacional El Yunque, único bosque tropical lluvioso dentro del sistema nacional de EE. UU., ofrece senderos, piscinas naturales y el sonido constante del coquí. Es un espacio considerado sagrado por los ancestros taínos y sigue teniendo un significado cultural profundo.

Las bahías bioluminiscentes permiten remar bajo un cielo oscuro mientras el agua brilla con destellos azul verdosos. En Vieques, en La Parguera, la experiencia parece sacada de otra galaxia.

Las montañas kársticas invitan a escalar formaciones de piedra caliza; las Termas de Coamo ofrecen aguas minerales históricamente asociadas con propiedades rejuvenecedoras; Toro Verde Nature Adventure Park permite deslizarse en tirolesa sobre montañas; el Bosque Seco de Guánica revela un ecosistema completamente distinto al de la selva tropical.

En el Lago Dos Bocas, entre Arecibo y Utuado, la tranquilidad domina el paisaje. En Cañón Blanco, petroglifos indígenas emergen del río como recordatorio de un pasado ancestral. Y en las aguas de Vieques, Icacos o Culebrita, el snorkel conecta con arrecifes y tortugas marinas.

Incluso el glamping ofrece una manera de fundirse con la naturaleza sin renunciar a la comodidad, en espacios rodeados de reservas naturales y cielos sin contaminación lumínica.

Un destino que lo tiene todo

El efecto Bad Bunny tras el Super Bowl no inventó nada nuevo: simplemente amplificó lo que Puerto Rico ya era. Una isla donde se puede empezar el día en una caminata por la selva tropical, almorzar arroz con habichuelas, nadar en una bahía bioluminiscente y terminar la noche bailando reggaetón en una pista llena. En definitiva, Puerto Rico no es solo un lugar para visitar. Es un lugar para sentir y vivir.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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