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Este es el precio del turismo masivo en el Amazonas

Más allá de hacer bailes y pensar que los turistas viven una experiencia cultural de la región, este viaje debería enfocarse en la tradición de su comunidad y su relación con la naturaleza, dicen los expertos.

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Laura Restrepo Ortega
15 de marzo de 2026 - 07:00 p. m.
Descubra las problemáticas que hay detrás del turismo masivo en el Amazonas y cómo se pueden solucionar.
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Por décadas, viajar al Amazonas era un sueño inalcanzable para muchos colombianos. Los altos costos para llegar a Leticia, definidos por su ubicación geográfica, la falta de acceso terrestre y una oferta de vuelos limitada, se sumaban a los precios de transporte, actividades y alimentación en la capital departamental. Pero todo cambió en 2013 con la llegada de On Vacation, la cadena de turismo masivo que sacudió la región con vacaciones a cuotas con todo incluido.

Según Óscar Ñustes, profesional de apoyo de la Secretaría de Turismo, más o menos la mitad de los turistas colombianos que visitan Leticia cada año vienen “empaquetados,” es decir, en planes todo incluido. Y las cifras lo confirman.

De los 82.650 turistas nacionales y extranjeros registrados en el departamento en 2025, el 42.25% llegaron directamente con On Vacation. Queda claro que, para muchos visitantes, estos paquetes ofrecen una oportunidad única para visitar la región ya que incluyen tiquetes aéreos a precios más asequibles, y como admite Ñustes, últimamente “está más barato viajar a Miami que a Leticia.”

Sería fácil, entonces, concluir que tener un operador en Leticia es algo positivo ya que atrae muchos visitantes que tal vez no podrían ir sin dichas promociones. Pero Germán Ochoa, profesor investigador de la Universidad Nacional sede Amazonia, advierte que este modelo económico deja muchos actores locales por fuera y además “hace una concentración de los beneficios muy fuerte, con una calidad muy cuestionable.”

Su colega Santiago Duque, también profesor investigador de la UNAL de la misma sede, explica que este promotor turístico tiene “todo un sistema propio” que beneficia casi exclusivamente a la empresa. Operan una cadena cerrada con sus propios transportadores, proveedores de comida, tiendas y hasta tasas de cambio, lo que significa que los servicios turísticos “no generan un impacto positivo” ya que la plata que entra no se queda en las comunidades.

Pero no es sólo el vuelo y el hotel que vienen empaquetados. Desde su llegada al aeropuerto Alfredo Vásquez Cobo, a los turistas se les ofrecen una serie de actividades curadas para saciar su curiosidad por lo exótico del Amazonas sin invertirle mucho tiempo a aprender sobre el lugar que están visitando. “El turismo de masas trabaja con velocidad, tiempos y movimientos muy definidos,” dice Ochoa, y el tipo de interacciones profundas que quisieran tener las comunidades indígenas con los visitantes no se logran en veinte o treinta minutos.

Hacer turismo desde la conciencia

Ochoa agrega que otro de los problemas del turismo masivo es que “el turista se lleva una idea equivocada de la Amazonia” y enfatiza que “hacer bailes y pensar que eso es turismo cultural es una equivocación.” En vez de pasar más tiempo con las comunidades indígenas para aprender de su relación con la naturaleza, los turistas empaquetados son llevados a ver bailes que no responden a los “momentos emocionales y espirituales” tradicionales, a conocer malocas construidas para las ventas y no las historias, a probar comidas suavizadas para los paladares sensibles, y a hacer excursiones que ignoran el calendario ecológico de la selva porque no encajan con las temporadas de vacaciones. Y todo esto vendido como auténtico.

Célimo Negedeka, médico tradicional Muiname quien ha trabajado con turismo en el Amazonas por más de dos décadas, ha visto cómo “Los espacios como las malocas, los espacios de aprendizaje y de transmisión de la cultura, los han cogido como un espacio de comercio, de negocio, donde primero es la plata, segundo es la plata y tercero es la plata.” Parte de su trabajo como asesor para las comunidades que trabajan con turismo es asegurarse que “el conocimiento tradicional, ya sea del pueblo que sea, se respete, se valore” y no se degrade por acomodar al visitante.

Negedeka deja claro que el turismo como tal no es malo siempre y cuando se maneje con respeto y conciencia. Sino, advierte que se puede desatar un “tsunami de un turismo que va a acabar toda la cultura,” reconociendo que el turismo masivo puede perjudicar las comunidades, el medio ambiente y las prácticas tradicionales si las comunidades no tienen autonomía sobre qué se comparte y qué no.

Los paquetes turísticos de los operadores masivos ofrecen experiencias superficiales, sintéticas y corporativas que están desconectada del ethos del Amazonas y su gente. Y al final de sus vacaciones, los visitantes que no se aventuran más allá de las actividades programadas por el hotel regresan a casa sin haber aprendido gran cosa de los ecosistemas, la cultura y la identidad de la Amazonia, que Ochoa dice son confundidos con “los artificios artísticos y los adornos de la gente.”

Como la vez que llegaron unos turistas coreanos a la maloca de los Negedeka, en el kilómetro 17 de la vía de Leticia, ofreciendo dólares para que se pusieran vestidos tradicionales y se pintaran y bailaran para hacerles fotos y videos. Célimo y su familia rechazaron la oferta de los extranjeros y les dieron cinco minutos para irse. “Nosotros no vamos a bailar por la plata, nosotros necesitamos es respeto.”

Y así hay muchos turistas, tanto nacionales como extranjeros, que llegan “con una expectativa muy grande de nosotros como indígena,” según Juan Montero, guía turístico Cocama de los Lagos de Yahuarcaca, quien asegura que todavía hay personas que “creen que nosotros…hoy usamos el taparrabos.”

Una cultura que despierte el interés de locales y extranjeros

Ñustes aclara que, a pesar de que “sí hay como una división entre los colombianos” que llegan empaquetados y los que no, también hay “mucho turista [colombiano] que de verdad le interesa la cultura, le interesan los saberes, le interesa todo ese tema de transmisión, de conocer, de observar, de vivir una experiencia.”

Montero reitera cuánto le gusta enseñar y compartir sus conocimientos ancestrales con los “turistas que les gusta aprender” y aman a la naturaleza. “Son cosas maravillosas que uno aprende del día a día,” dice, “son enseñanzas de mis padres, de mis abuelos, que uno adquiere, nuestra sabiduría ancestral.” Pero señala que es imprescindible poner reglas para regular el turismo en masa y así asegurar que los recursos y los tours se puedan enfocar en proteger el medioambiente.

Duque resalta un proyecto para la liberación de tortugas en Santa Sofía como una opción de turismo “mucho más aterrizado, más agradable, e inolvidable” que se enfoca en “salvaguardar una especie de la naturaleza” en conjunto con la comunidad. Actividades enfocadas en la conservación tienen un impacto más positivo que participar en los programas de los operadores masivos que, según el profesor, “van degradando la cultura.”

El turismo masivo además obliga a los colaboradores locales a acomodarse para recibir al visitante, lo que implica alterar sus labores de subsistencia—sea trabajar la chagra, pescar o cazar—según los horarios de los tours. Mientras que los operadores indígenas o que trabajan directamente con ellos generalmente ofrecen opciones más sostenibles, únicas y sí, más auténticas. No sólo conocen mejor el territorio y sus temporadas sino que manejan grupos más pequeños, lo que resulta en paseos más personalizados y más tiempo para disfrutarlos, sin cronogramas impuestos por externos que no entienden la esencia de la vida en la selva.

“Hemos permitido que las potencias en turismo, estas grandes operadoras, con el tema del turismo masivo, sean unas destructoras,” opina Ñustes. Para Negedeka, el turismo bien hecho puede servir como herramienta para preservar la cultura—el idioma, la gastronomía y los saberes ancestrales—por lo que enfoca su negocio familiar en ofrecer un turismo diferencial que enseñe, tanto a los visitantes como a los niños y jóvenes de su propia comunidad, sobre las prácticas tradicionales de su pueblo, que fue casi exterminado por la cauchería.

Viajar para rescatar los saberes, la cultura y la tradición

Daniel Parente, guía Ticuna de la comunidad San Pedro de Los Lagos, dice que en su comunidad la cultura se mantiene viva “a favor de nuestra tradición y a favor de la naturaleza” pero reconoce que preservarla también incentiva el turismo, lo cual ha mejorado la calidad de vida de su familia.

Pero como explica Negedeka, “Todas las actividades que se realicen deben estar sujetas al mandato tradicional” que “es la gobernabilidad real de un pueblo. Y cuando eso no se valora, no se respeta … todo va a irse a un lado y perjudicar al planeta y a uno mismo.”

Duque insiste en que, para realmente entender el Amazonas, “hay que vivirlo…hay que impregnarse.” Eso es difícil de lograr en en un viaje de cuatro días pero no quiere decir que una visita corta no valga la pena, sólo que es importante considerar qué tipo de impacto se quiere tener, teniendo en cuenta que el turismo aumenta el consumo de recursos esenciales como el agua y la electricidad, genera más residuos y contaminación, e influye en la degradación de ecosistemas vitales.

Claramente, la mayoría de los viajeros no llegan a los territorios ancestrales pensando que al tomarse unas vacaciones están siendo parte del problema. Sólo quieren relajarse, conocer lugares diferentes, vivir cosas nuevas y tomar fotos que ganen likes en redes. Pero, ¿dónde acaba la responsabilidad del operador y comienza la del consumidor?

Ñustes le hace un llamado al visitante “a reflexionar un poco qué quiere hacer en su tiempo libre” durante su estadía y recordar que la Amazonia es una región donde hay un respeto profundo por la cultura y las tradiciones. Pone como ejemplo el mojojoy—la larva de un cucarrón—que muchos turistas ven como un reto asqueroso por superar en vez de un alimento ancestral con propiedades medicinales.

Para Ochoa, lo más importante es que los visitantes estén mejor informados sobre el Amazonas antes de llegar. “Hay que saber cómo se comporta la gente [en la Amazonia], cuál es la capacidad de los sistemas,” y no confundir el turismo cultural con un “turismo de exhibición” para que así “haya un mejor encuentro turístico” entre los productores—en este caso los operadores locales—y los consumidores—o sea, los turistas.

Entonces, ¿qué tipo de planes ofrecen los operadores indígenas? Hay una variedad de programas lúdicos y recreativos como avistamiento de aves, nadar en los lagos, hacer caminatas y pernoctar en la selva, paseos en bote por el bosque inundado, pesca tradicional, visitas a la chagra, reconocimiento de plantas medicinales, talleres de tejidos, cestería y cerámica, transmisión de historias sobre la cosmovisión y simbología, degustar la comida regional y más.

Es cierto que un viaje a la selva—con el calor, la lluvia, la humedad, los mosquitos, las arañas y los sonidos a veces aturdidores de los insectos y anfibios en las noches—no es para todos. Pero para quienes disfrutan de la naturaleza y el intercambio cultural, es un destino lleno de posibilidades.

Duque cree que “el turismo puede ser un motor de cambio” pero es importante pensar más a fondo sobre los impactos que cada visitante tiene en la región, particularmente cuando viaja con un operador masivo. Desde el año 2008, la cantidad de turistas anuales que visitan a Leticia supera la población urbana local, que según el DANE, llegó a los 38.378 habitantes en 2025. Es decir, menos de la mitad del número de turistas que llegaron en el mismo año.

Ochoa explica que, la presión que le pone el turismo masivo a los sistemas locales es preocupante en un destino frágil como el Amazonas porque “la cantidad de recursos no es tan abundante para abastecer a la población local” y en Leticia se “[priorizan] los deseos de los turistas por encima de las necesidades de la población local,” lo que resulta en la inflación de productos básicos, encareciendo la vida de los Leticianos.

A la hora de viajar al Amazonas, la mejor opción para quienes quieren asegurar que su visita deje un impacto positivo en las poblaciones, la economía local y el medioambiente, es organizar los tours directamente con los pequeños operadores y las comunidades indígenas. Así también tendrán un mejor entendimiento de la cultura y los ecosistemas de la Amazonia, y experiencias únicas que nunca van a poder vivir en las instalaciones de un hotel, por más estrellas que tenga.

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Por Laura Restrepo Ortega

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