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En medio del Caribe colombiano, donde el mar se mezcla con la cultura y la tradición, La Playita se ha consolidado como un proyecto turístico que apuesta por algo más que el descanso: busca fortalecer el desarrollo local, preservar el medio ambiente y promover la identidad cultural de la isla.
Ubicada en Isla Fuerte, un destino que cada vez despierta mayor interés entre los viajeros, La Playita propone una experiencia distinta a la del turismo convencional. Aunque la isla pertenece administrativamente al departamento de Bolívar y forma parte del sistema insular de Cartagena de Indias, geográficamente se encuentra frente a las costas de Córdoba, muy cerca de Paso Nuevo, desde donde parten las principales embarcaciones para llegar.
En este pequeño territorio caribeño, el turismo no se vive desde la distancia, sino desde la cercanía con la comunidad.
Un turismo que integra a la comunidad
Para Hans Heins, gerente del hotel La Playita, el mayor diferencial de Isla Fuerte frente a otros destinos insulares del país es la presencia viva de su cultura y de su gente dentro de la experiencia turística.
Según explica, en muchas islas de Colombia el visitante llega a un hotel, disfruta de sus instalaciones y rara vez entra en contacto con la comunidad local. En cambio, en La Playita la apuesta ha sido completamente diferente: que la población isleña sea protagonista del turismo.
“Nosotros definimos la experiencia como vive una isla, no solo un hotel. Queremos que el visitante conozca la vida cotidiana, la cultura y la forma en que los isleños habitan este territorio”, señala Heins.
Ese enfoque también se refleja en el equipo de trabajo. Aproximadamente el 85 % del personal es local, una decisión que ha estado acompañada de procesos de capacitación para fortalecer el servicio al cliente sin perder la autenticidad cultural.
Experiencias con identidad isleña
Las actividades que ofrece La Playita buscan conectar al viajero con la naturaleza y con la comunidad. Los guías de las excursiones son habitantes de la isla, quienes comparten sus conocimientos sobre el entorno y las tradiciones del lugar.
Entre las experiencias más destacadas se encuentran actividades eco-comunitarias como siembra de corales y manglares, iniciativas que promueven la conservación del ecosistema marino.
A esto se suman propuestas culturales que involucran directamente a los jóvenes de la isla. Una de ellas es la clase de champeta, liderada por estudiantes de Strong Island, una escuela de arte que trabaja con niños y jóvenes. Cada sábado, además, los visitantes pueden disfrutar de presentaciones de baile protagonizadas por los mismos niños de la comunidad.
El programa también incluye talleres de artesanías, clases de coctelería y actividades de buceo, pensadas no solo como entretenimiento, sino como oportunidades para que el turista participe activamente en proyectos que buscan impulsar el desarrollo sostenible de la isla.
El turismo como motor de desarrollo
Para Heins, el turismo representa una de las oportunidades más reales de crecimiento para comunidades alejadas de los grandes centros urbanos.
“No se puede llevar una empresa tecnológica o una gran industria a un pueblo pequeño, pero sí se puede llevar turismo”, afirma. Desde su perspectiva, este sector permite aprovechar la riqueza cultural y gastronómica de los territorios, al tiempo que genera empleo y fortalece el sentido de identidad de sus habitantes.
La estrategia, asegura, no es esperar a que llegue el turismo masivo para proteger la cultura local, sino construir desde ahora bases sólidas ambientales, sociales y culturales que permitan a la comunidad preservar su identidad.
El valor de la hospitalidad isleña
Más allá de los paisajes y las playas, uno de los aspectos que más destacan los visitantes es la calidez humana de los habitantes de Isla Fuerte.
De acuerdo con Heins, la hospitalidad del isleño es uno de los mayores tesoros del destino. Los turistas suelen encontrarse con personas dispuestas a compartir su historia, mostrar sus barrios o invitar a conocer su forma de vida.
“Lo más importante es la calidad humana que uno encuentra en estos lugares pequeños”, explica.
En un Caribe lleno de destinos conocidos, Isla Fuerte se presenta así como una alternativa diferente: un lugar donde el turismo no solo busca atraer visitantes, sino también proteger la cultura, fortalecer la comunidad y cuidar el entorno natural.
Y en ese propósito, La Playita se consolida como un ejemplo de cómo el turismo responsable puede convertirse en un puente entre viajeros y territorios.
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