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Este lunes 6 de diciembre se reanudarán las audiencias de conciliación que se adelantan en Cartagena por un importante proyecto inmobiliario que, durante los últimos años, despertó la expectativa e incertidumbre de quienes han invertido en él. Se trata del condominio Volare Mare, el cual pretende construir una isla artificial en las afueras de la ciudad —inspirada en las ya fabricadas en Dubái—, que albergaría a 3.000 personas. Desde finales de 2015, el proyecto empezó a causar revuelo en el país por su fastuosa e inusual propuesta arquitectónica. Sin embargo, aunque estaba previsto que en 2018 entregaran los primeros apartamentos, hoy no se ha entregado ni una sola vivienda.
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Esta situación obligó a varios de los compradores a solicitar audiencias de conciliación con la cabeza del proyecto: Román Monroy Vargas, uno de los dueños de la constructora RA Constructores. Este ingeniero civil es un conocido constructor en Boyacá porque estuvo a cargo de la construcción de la torre In Altezza en Tunja, la más grande del departamento, y Villa Toscana, un condominio de 320 apartamentos de estilo mediterráneo en el municipio de Ramiriquí. Desde la semana pasada, diez compradores vienen explorando negociaciones para que sus dineros invertidos sean devueltos o para que pronto se vean reflejados en la vivienda que adquirieron.
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Volare Mare es construido en 177 hectáreas de una zona conocida como Punta Canoa, a 20 minutos del Centro Histórico de Cartagena y el aeropuerto y a hora y media de Barranquilla. La isla contaría con un canal perimetral, cuyo recorrido de 2.370 metros permitirá a los residentes y turistas realizar un paseo en góndola y recorrer el vecindario. El proyecto contempla un club social con 16 pistas de bolos, gimnasio, salones de billar y un campo de golf de 18 hoyos. Asimismo, habrá un centro de convenciones con un auditorio con capacidad para 800 personas, un centro de negocios y dos salones de eventos.
Para ingresar a los apartamentos, solo se podrá hacer por dos sitios: para los propietarios, por el puente que pasará sobre el espejo de agua que forma la isla; los turistas lo harán por un túnel ubicado bajo el agua, el cual llegará a un parqueadero subterráneo, situado debajo de la plaza principal. A su vez, esta plaza tendrá 26 locales comerciales. “La conformación de los apartamentos con las playas artificiales en sus cuatro costados forman una cruz que simboliza la fe en Dios. Esta se podrá ver desde lo alto. Para ello, se viene adelantando el permiso especial para la construcción de una torre de 100 metros de altura”, informa la página del proyecto.
Los diseños de la obra también contemplan que esta torre tenga dos ascensores de alta velocidad, con capacidad para veinte personas cada uno, que a su vez permitirán llegar al penúltimo nivel, donde habrá un restaurante circular de dos niveles. “En el último piso habrá acceso al mirador de 360 grados, donde se podrá disfrutar de la majestuosa forma de la isla artificial, así como los campos de golf en su verde profundo, el fascinante mar azul y la zona antigua de la ciudad de Cartagena”, dice también la página web del proyecto. Además, entre las imágenes del proyecto se observa que una de las estructuras recrea el Taj Mahal en la plazoleta central del condominio.
Según cifras de la constructora, están en obra las dos primeras etapas del proyecto, cada una con 566 apartamentos, que ya cumplen cuatro años de retrasos. Monroy Vargas afirma que ambas estarán listas en 2023. Dos personas que han estado en las conciliaciones y en chats entre compradores y voceros de la constructora indican que las primeras 100 casas serían entregadas entre marzo y septiembre de 2021. Sin embargo, algunos de los compradores aseguran que han perdido la credibilidad por los incumplimientos de la constructora. “No dan garantías de que el proyecto se termine. Nos pidieron que no ventiláramos la situación a la prensa”, dijo uno de los compradores en Volare Mare.

La defensa de la constructora
Otra de las denuncias de los compradores es que, desde septiembre de 2019 hasta marzo pasado, los pronunciamientos sobre los avances de la obra fueron escasos. Ese mes, Monroy Vargas emitió un comunicado a los clientes donde explicaba que el proyecto estaba teniendo problemas con el sistema bancario para que un grupo de inversionistas extranjeros inyectaran una suma de dinero importante que pudiera reactivar la construcción, que fue suspendida aproximadamente un año desde que inició la pandemia, explica Monroy. En diálogo con este diario, el ingeniero no señaló quiénes iban a ser los inversionistas extranjeros y explicó que esa información estaba bajo reserva por asuntos legales.
“Seguimos adelante en la ejecución del proyecto, y se dará reinicio en la parte operativa una vez se liberen los recursos en Colombia y así poder terminar las etapas uno y dos en el menor tiempo posible. Agradecemos a nuestros clientes que siguen brindándonos su apoyo incondicional para ver en feliz término la culminación de este e invitamos a quienes se le ha generado algún grado de incertidumbre y descontento ante la situación para que continúen creyendo en el proyecto, el cual en muy poco tiempo podremos ver terminado. Si su decisión es la de no continuar, la constructora, previo a su solicitud, procederá con la devolución de sus recursos”, dice el comunicado de marzo pasado.
La interrupción de las obras también quedó evidenciada en su canal de YouTube, donde eventualmente subían videos de cómo iba la obra. En septiembre de 2019 subieron un video sobre el estado de la construcción y solo en agosto pasado volvieron a subir los avances en los que el propio Monroy Vargas explica la situación. El último de estos videos fue publicado a principios de noviembre. En este reporte, el ingeniero señala que el pórtico de la entrada, de estilo árabe y que mide treinta metros de altura, se estaba construyendo y ya debía estar listo en las siguientes semanas. Además, señaló que durante el pasado octubre, el invierno no dejó avanzar la obra.
Katy Gómez, una de las compradoras del proyecto y que tampoco ha recibido su apartamento, tiene una versión distinta a la de otros compradores. Ella señala que son más quienes son positivos en que el proyecto sea entregado y apoya las labores que adelanta la constructora para entregar los apartamentos de las dos primeras etapas: “Yo creo en Volare Mare porque. aunque tuvieron problemas en un inicio, hoy están muy avanzados. Hubo gente que no pagó y otros factores que impidieron que la obra avanzara, pero ahora ellos están adelantando todo para que el proyecto sea entregado lo más pronto posible”, agregó Gómez, quien ya casi que tiene pago su apartamento.

Monroy Vargas, en diálogo con este diario, hizo autocrítica y dijo que desde hace seis meses está día a día al frente de la obra para hacerle seguimiento a la construcción. Además, reiteró que entre marzo y septiembre de 2022 se estarán entregando las primeras cien viviendas. “Las crisis las experimentamos todos los que hacemos empresa, más en estos tiempos. Lo importante es superarlas y llegar a nuestros objetivos. Hoy puedo decir que el proyecto está en un punto de inflexión y que pronto veremos los resultados. Yo me puedo declarar en insolvencia, sin embargo aquí estoy dándoles la cara a quienes han confiado en nosotros”.
En los últimos dos meses, quienes invirtieron su dinero en el proyecto también quedaron preocupados luego de que un juzgado civil de Tunja anunciara que se iban a rematar varios bienes de Monroy Vargas y de la constructora. “Cuando nos llegó esa noticia claramente nos alertamos más. Dijimos: ‘Este señor [Monroy Vargas] quebró’”, dijo uno de los compradores a este diario. Sin embargo, la empresa que los demandó desistió del proceso y llegaron a un acuerdo en el que Monroy pagará su deuda entregando un apartamento y un parqueadero de Volare Mare, un inmueble en El Peñón (en Girardot) y dos apartamentos, entre otros inmuebles. “Todo quedó en orden y estamos al día”, asegura Monroy.
Por ahora, queda esperar cómo terminan de desarrollarse las diez conciliaciones que mantienen algunos compradores con la constructora, que serán reanudadas este 6 de diciembre en el Centro de Conciliación de Cartagena. El ambiente está tenso entre quienes ya perdieron la paciencia al ver que, después de tres años, no recibieron sus apartamentos y quienes aún guardan la esperanza, aunque estos últimos temen perder su dinero. Aunque Monroy dice que están cerca de que se vean los primeros avances de la obra y que responderá por ella, fuentes consultadas señalan que será muy difícil que lleguen a un acuerdo en las conciliaciones.
Ellos mismos pronostican nuevas acciones legales, como una acción de grupo, en la que podrían evidenciar, todavía con más pruebas y sustento jurídico, que la promesa de tener un apartamento en una isla artificial solamente ocurre, por ahora, en ciudades como Dubai.
