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¡Primeros instantes del Mundial! No habían pasado ni 30 segundos del partido y los mexicanos ya se sentían en una nube. Iban sobrados. Sudáfrica, desde la previa, no les parecía rival. Y por eso, desde el arranque, los más de 80.000 aficionados que llegaron al Azteca bajaron desde la tribuna el “ole”. Para su fortuna, fue un buen presagio. La confianza de la hinchada, que asistió a su templo en marejada, la respondió enseguida Julián Quiñones. Naturalizado entre los locales, el colombiano recibió en el área, regateó a un rival, lo dejó en el piso y puso el balón bien ajustado al palo. Terminó siendo la figura del partido y el más ovacionado de la cancha.
La euforia, que fue total, desató la rabia de los periodistas, pues entre los gritos por el gol del nariñense y la ensordecedora algarabía también empezaron a volar vasos y cerveza por el aire. ¡La locura era total! Sin embargo, la celebración del tanto provocó el reclamo de los cronistas, que empezaron a discutir por los equipos, cámaras y computadores mojados mientras la gente, absorta por la apertura del marcador, ni siquiera atendía a los gritos de los comunicadores más indignados.
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Co-hosts off to a winning start! 🇲🇽#FIFAWorldCup
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En el Azteca la gente estaba de fiesta. Y por cada gol que hizo México, que en total fueron dos contando el de Raúl Jiménez en el segundo tiempo, los parlantes estallaron con rancheras. No obstante, cuando la música se apagaba, era la misma afición la que, al unísono, ponía el son. Y cantaban una que en Colombia también conocen muchos: “Ayayayay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones”.
Por tercera vez en la historia, algo que solo ha sucedido en Ciudad de México, el Mundial llegó a estas tierras. Y por eso, desde temprano, como a las cinco de la mañana, las puertas del estadio empezaron a colmarse de gente. Era la ansiedad mundialista y también los rumores, que terminaron confirmándose, de las manifestaciones que colapsaron la capital. Había que llegar temprano para evitar quedarse atascado en el tráfico. Madres buscadoras, transportadores, maestros, trabajadores del sector judicial y otros grupos protestaron contra el estreno del evento de la FIFA y contra el gobierno de Claudia Sheinbaum, que no se hizo presente en el estadio. Mientras en el Azteca la euforia por el fútbol era total, en el perímetro del recinto la tensión con la fuerza pública terminó con varios detenidos y heridos en las calles.
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Raúl Jiménez delivers. 💥🇲🇽#FIFAWorldCup pic.twitter.com/FDqY5QCeLA
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México empezó con pie derecho
En la cancha, los mexicanos hicieron lo que tenían que hacer. El triunfo era crucial. Sobre todo teniendo en cuenta que los grupos, en este Mundial estrambótico de 48 equipos, también se definirán por los mejores terceros. El local, aupado por el aliento de la gente, superó bien a los sudafricanos. No le sobró nada, pero tampoco sintió la presión de la localía. Dominó el partido en todos los tramos y, con el gol tempranero de Quiñones, tomó el control del juego desde el arranque, tal como habían anticipado los hinchas que cantaron el “ole”.
El nivel de Sudáfrica lleva a pensar seriamente en el rendimiento de muchos países que veremos en los próximos días. Los africanos fueron una de esas selecciones que entró a la Copa del Mundo beneficiada por el aumento de cupos. En el partido mostraron una versión muy deficiente. Fueron un equipo incapaz de generar peligro y los mexicanos tuvieron poca angustia ante un rival que no sirve de termómetro. Ni sombra de aquel conjunto que, con Siphiwe Tshabalala, le amargó el debut a México en el Mundial de 2010.
Julián Quiñones has written his name into history. ✍️#FIFAWorldCup pic.twitter.com/mL58wS6WJC
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Aquí, nada de eso. Todo lo contrario. La fiesta fue tal que, cuando terminó el partido, siguieron sonando las rancheras a todo volumen. Y entonces el turno fue para Vicente Fernández: “No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey”. La tarde fue redonda para los locales. Hasta la lluvia, que había inundado la ciudad durante toda la semana, solo apareció cuando terminó el encuentro. El cielito lindo aguantó las compuertas y solo soltó el diluvio cuando las tribunas ya estaban prácticamente vacías, sin rastro de los aficionados eufóricos que minutos antes habían colmado las gradas ni de los periodistas que tenían que resguardarse entre las mesas cada vez que llegaba un gol para evitar terminar bañados en cerveza.
El arranque del Mundial fue todo un ritual para los mexicanos, que tendrán que esperar hasta la tercera fecha, cuando reciban a República Checa, para volver a ver a su selección en su templo. Antes será Colombia la que también debute en el Coloso de Santa Úrsula cuando se mida con Uzbekistán el próximo 17 de junio. Será entonces cuando el Azteca, decorado con las banderas en su techo como en 1986, cuando lo conquistó Diego Armando Maradona, vuelva a colmarse de aficionados. Y entonces volverán a sonar las rancheras y el cielito lindo tendrá que contenerse de nuevo mientras escucha su cántico: “Ayayayay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones”.

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