
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hoy estoy con una emprendedora que es médica, creó un negocio, levantó capital, está solucionando un problema y la está sacando del estadio. María Antunduaga, creadora de Samay, bienvenida.
Hola, ¿cómo estás? Muchas gracias por la invitación.
María fue una de las invitadas y con quien se abrió el GoFest, el festival de emprendimiento más grande de Colombia, y tiene una historia que no voy a ser yo el que la va a contar, por supuesto, yo la voy a guiar. María, todo el mundo le dice doctora. ¿Cómo una doctora entra de lleno en el mundo del emprendimiento?
La historia es larga. Yo soy médica original del Huila. Estudié en la Javeriana, medicina. Salgo al país con una idea, un sueño que era convertirme en cirujana plástica, pero reconstructiva de niños, inspirada por la historia de mi hermana menor, ella tiene parálisis cerebral, tuvo que hacerse muchas cirugías en Colombia y siempre nuestra familia tenía muchos retos alrededor de dónde encontraba un cirujano que supiera hacer las cosas. Yo hago mucha investigación… Harvard.
Ah, ¿sí?
Si, sí, las cosas no funcionan. ¿Por qué? He experimentado de primera mano la discriminación. Desafortunadamente me quejo. Me sacan. Llega un momento en mi vida que no sé qué hacer. Tengo 32 años más o menos y justo ahí es cuando trato de entender o, bueno, de encontrar un nuevo nicho. Entonces yo pivoteo mucho, itero, itero, itero, hago salud pública global, luego me meto en el rollo de tecnología porque mi marido lo contratan en Google, él es un paisa también entrenado acá en Colombia y nos conocemos en Boston. Y justo ahí es que yo tomo una clase de negocios. No entendía qué era eso del emprendimiento. Yo vengo de una familia tradicional de médicos. Y lo que yo sabía hacer en mi vida era estudiar.
Recomendado por el editor: El emprendedor que protege su información digital en medio de la IA y las supercomputadoras

O sea, era la herencia familiar.
Exacto. Y mi hermana es médica también. Lo que iba a hacer yo en un camino original era eso y eventualmente regresar. Y ahí es cuando tomé una clase de negocios en una universidad que se llama Berkeley. Es muy famosa con un señor también muy famoso que le enseña a crear empresa a la gente con el método Silicon Valley: Son 100 entrevistas que uno le hace a la gente para tratar de entender si hay una oportunidad de negocio alrededor de la creación de una tecnología. Y así es como todo empieza.
O sea, esa fue la tarea que pusieron en esa clase: Básicamente los mandaron a testear el mercado.
Sí, eso fue lo que hice. Entonces testeé. Como típica mujer, no hice 100, hice 250. Estaba obsesionada con el problema: viene alrededor de cómo entender cómo ayudar a los pacientes con enfermedades respiratorias desde las casas. Y eso es una inspiración en el fallecimiento de mi abuela acá en Bogotá.
Yo quiero que vayamos ahí porque regularmente en el mundo del emprendimiento la gente emprende por necesidad o emprende por oportunidad. Aquí siento que en el caso de María, las dos cosas aparecieron: que identificó una necesidad, pero claramente vio una oportunidad, y por eso este caso me parece tan interesante y la invité a este espacio de Emprendimiento y Liderazgo de El Espectador. ¿Qué fue lo que pasó con su abuela?
Yo siempre cuento la historia de que la mayoría de las decisiones personales que he tenido en mi vida han sido alrededor de mi familia. Soy muy latina en eso. Originalmente mi hermana. Y ahora mi abuela fallece. Y una de las grandes frustraciones que tuvimos como una familia de médicos, es que no sabíamos cómo ayudar a mi abuela. Ella estaba en Bogotá viviendo sola porque no quería vivir con nadie, ni que la cuidaran, ni nada.
Ella tenía una enfermedad que se llama EPOC, enfermedad pulmonar crónica, enfisema, bronquitis crónica, y era muy difícil entender si su función pulmonar, o sea, la forma en como sus pulmones estaban funcionando, empeoraba o mejoraba.
Uno qué hace cuando es médico: espera que el paciente le diga -o la abuela o el tío o el que sea- si se siente peor o mejor. Es decir, síntomas: estoy tosiendo más, como que se me dificulta más la respiración. Subir las escaleras. Hoy no es mi día. Me siento peor. Como muy subjetivo.
Sí…
Y la idea alrededor, digamos, de Samay, es originada e inspirada por otras industrias, otras soluciones. Por ejemplo, yo ahora hablo mucho del anillo en donde llevamos la medicina personalizada, que son sensores, en donde uno entiende los parámetros fisiológicos, o sea, cómo se comporta el cuerpo, los numeritos…
Pero no se me vaya de la historia… nos está contando lo de su abuela.
Entonces mi abuela fallece por una crisis. La familia, todos médicos, completamente frustrados. Eso pasa mucho antes. Y yo llevo ese problema a la clase. Entonces yo armo un equipo con ingenieros y estudiantes de MBA.
¿Eso fue en Berkeley?
Eso fue en Berkeley. Y yo era la única rara. Yo era la única médica ahí.
Sí, eso a mí me pasó cuando hice mi MBA, solo había un médico. Y no terminó en ese instante.
No. Qué embarrada.
Pero el tipo es un crack. Se llama Efrén Martínez y es muy famoso y reconocido.
De pronto lo conozco.
Seguramente.
Entonces la razón de ser, digamos, de esa tarea de la clase de negocios, fue mi abuela. Y lo que para mí se vuelve bastante sorprendente es que yo pensaba que era porque estuvimos de malas: es que fue en Bogotá. Es que no llamaba. Es que es culpa mía. Es culpa de ellos, que es culpa del doctor.
Y resulta que ese problema, más del 80% de las personas que entrevistamos, dijeron: ese es un problema que tenemos que solucionar ya. Y las soluciones que hay no funcionan. Estamos manejando estos pacientes por más de 50 años de la misma manera y se nos siguen muriendo.
Este emprendedor reacondiciona teléfonos celulares y no para de vender en Colombia y México

No fue un problema de la familia de María, sino era una cosa generalizada.
Sí, sí. Entrevisté como 100 pacientes y todos, cada vez que yo hacía una entrevista de 45 minutos a una hora, todos me repetían exactamente lo mismo. Hablaba con un médico, un médico general, un neumólogo y me decían: Este problema es enorme, enorme, y nadie lo está trabajando.
Y ahí entonces nace la idea. Después de todas estas encuestas, entrevistas, tanteó el mercado, Identificó que no era un problema solo de la familia, sino que era un problema de la sociedad. ¿Y entonces nace Samay?
Sí, pero esta es la parte interesante. Pues yo no soy desarrolladora ni ingeniera. Yo no sé hacer tecnología. O sea, yo soy el corazón de la empresa y soy una persona muy terca, muy persistente. Entonces en esas, cuando yo estaba haciendo una entrevista, resulta que yo estoy casada con el ingeniero que te estaba comentando de Medellín, el paisa, Ricardo se llama, y él es un genio en audio y en acústica.
"Nosotros corrimos un piloto en Medellín. Ya lo terminamos. Ocho personas que les da muchas crisis. Los cuatro que se exacerbaron fuimos capaces de ver una señal acústica de 10 a 15 días antes que la crisis la diagnosticara un médico. Entonces imagínate. O sea, esto nadie lo ha podido mostrar en medicina, nadie".
En su momento estaba trabajando en Google y resulta que lo que hacía es que él coge los celulares, en ese momento el Pixel, el teléfono de Google, y con puro software y código hace maravillas, magia, y hace que los parlantes y los micrófonos en tiempo real se adapten y parecieran ayudas auditivas.
Entiendo…
Todo con matemática. Entonces él es capaz con su código de convertir un celular muy barato en India, que tenga más o menos el mismo rendimiento que un iPhone de USD 1.500, con solo código para la parte de audio. Yo llevo con él 20 años casada.
Viendo eso a diario.
Exacto. Entonces, viendo todo el tiempo cómo él hace experimentos de pitos y sonidos y ruidos en la casa, entonces para mí, el sonido, la música, porque él también es músico, pues era una cuestión fundamental en mi día a día. Entonces en esas, estoy entrevistando a un doctor, a un neumólogo que me habla de los pacientes cómo ellos atrapan más aire adentro de los pulmones. El paciente, se empieza, digamos, el pulmón a afectar más, y en vez de que el aire que inhaló salga, se queda adentro. Él me mostraba fotos. Tomografías.
Y ahí hay un sonido especial…
Exacto.
Especial en esos pacientes. O sea, lo digo porque mi mamá, ella ya murió, pero ella sufría de asma. Ahora que lo dice María, le estoy recordando. No murió por eso. Murió en un accidente de tránsito. Pero sí, mi mamá tenía una particularidad y era que cuando respiraba profundo, en el siguiente paso se escuchaba un sonido.
Así como un pitico.
Y ahora estoy entendiéndolo mejor.
Entonces, ¿qué pasa? El sonido, así como la fotónica, por ejemplo, cuando uno dice: los láseres… resulta que el sonido es todavía más poderoso, pero lo utilizamos poco en las industrias y sobre todo en salud. Entonces, ¿qué pasa? La idea original y bueno, por la cual tenemos ya 23 patentes otorgadas por cierto…
¿En Estados Unidos?
18 países, cinco en Estados Unidos, tenemos un montón en Asia, Europa, Canadá, nos acaba de salir hace una semana Chile y estamos operando la colombiana.
Todo eso desde la iniciativa de una colombiana.
Yo, vea, este cerebro, la idea es mía, a mí no me creen.
Pero, entonces volvamos, volvamos. Esto está muy bueno esto.
Sí, por favor.
Escucha a la gente. Habla con su esposo...
Sí. El médico me dice: Vea, esta gente, atrapada. Mire, mire, mire todas estas fotos. Todo negro, parches negros. ¿Entonces a mí qué me pasa? Yo hago un deja vú, me devuelvo a 1995, imagínese, 46 años ya, a Neiva, 2:00 de la tarde. Taller de física. Tercer piso del colegio La Presentación de Neiva. Mi profesor de física hablándonos de música y del fenómeno de resonancia acústica.
Sí…
Entonces la música, los instrumentos musicales, la resonancia, las ondas, todo eso. Yo regreso, digamos, en el tiempo. Me acuerdo de ese principio fundamental de la física. Y en eso, apenas terminó la entrevista, llamo a Ricardo y le dije: ¿Qué pasaría si agarramos los celulares y les mandamos sonido, normal que uno oye, al pulmón? Y si alguien se está exacerbando, si alguien se está teniendo una crisis, atrapa al aire, pues ese sonido que se fue a pulmón, canta distinto. Así de sencillo. Elemental.
Recomendada: La historia del caleño que enfrentó a la banca para ayudar a quienes no tenían acceso

Y me imagino que dispara una alarma en algún dispositivo electrónico…
No, todavía estamos en eso, porque eso es otro enredo regulatorio que hay que hablar con FDA y pedirle permiso por todo y demostrar un montón de cosas. Pero a un futuro, lo que queremos es que seamos capaces de tener un parche. Esto es un protocolo.
Yo interrumpí. O sea, habla con su esposo. Le dice. ¿Qué pasaría si hacemos esto con los celulares? ¿Y qué sucede?
Pues ahí es lo gracioso. Dice: pues sí, obvio. Eso debe funcionar. Y yo le dije: Es que es lógico y elemental. ¿Entonces qué hago yo? Pues como científica que soy, empiezo a buscar por internet. ¿A quién se le ha ocurrido esta idea? ¿Quién ha publicado acerca de esta idea? ¿Quién tiene patentes? Y resulta que no había nada.
O sea, ahí sí modelo científico: todo comienza con una hipótesis.
Exacto.
Y entonces había que empezar a despejar esa hipótesis.
Sí, la hipótesis empieza así. Obviamente, él es el ingeniero electrónico. A jugar en la casa los fines de semana. O sea, nosotros somos una casa bastante nerd. Dios mío. Y él empieza a hacer los prototipos. Y yo lo que empiezo a buscar los pacientes. Empezamos a testear todo en los pacientes en California, por Facebook.
Yo empiezo a buscar un montón de gente por Facebook en comunidades. El hecho de ser médico obviamente me valida mucho y la gente dice: bueno, si esta señora no está tratando de tumbarnos, sí. Y empezamos así. Y con los datos de cuatro o cinco personas más o menos aplicamos a nuestro primer premio o subvención.
¿Pero ahí ya habían creado la empresa?
Estábamos mirando a ver quién nos fondeaba, porque yo no tenía trabajo, estaba tratando de encontrarme otra vez. En ese momento tenía 37 años.
Y en el escenario que nos contaba en el inicio, como sentirse uno aislado, rechazado. Qué curioso: estudió en Boston, estudió en Berkeley. Y que una persona así diga que se siente rechazada… No fue un migrante que pasó por el hueco, ¿no?
Exacto, exacto. Pero mira lo interesante, por más validada que estuviera y más estudiada que un yogur que estuviera, había siempre un cuestionamiento permanente sobre yo cómo había hecho para pasar, que a quién le había hecho el favor. Porque eso fueron las cosas.
Por lo que acabo de entender, el tema femenino. Oh Dios, hay que borrar eso en algún momento de la vida.
Si, terrible.
Y entonces: hay una idea, funciona, la prueba el ingeniero y, ¿qué pasa?
Con esos datos, mandamos nuestro primer ‘grant’ o subvención a la Fundación Nacional de las Ciencias, el NSF en Estados Unidos. Vuelvo y hago un montón de entrevistas porque nos las requieren y en julio, creo que fue el cuatro o cinco, el día de la Independencia Americana, estábamos en vacaciones en México y… enter en el computador. Armamos la empresa por Internet.
Ah, ¿sí?
Y era yo. Yo sola. Así empezó.
¿Cuál era la solución que encontraron? O sea, si esto lo estuviera viendo, no sé, una comunidad de personas de diez años que no son cercanas al mundo médico, tampoco al mundo de los negocios, y les dicen que esa mujer que está ahí sentada, María Artunduaga, creó esto para solucionar esto otro, ¿qué diría en ese instante?
El problema es el siguiente: llevamos 180 años manejando pacientes y diagnosticando con enfermedades respiratorias con un aparato que vale USD 80.000 y está en un hospital, que requiere que el paciente se siente ahí 40 minutos y sople 20 veces por un tubo. Es muy dispendioso, es muy difícil de hacer. Y el problema de esa tecnología es que cuando tú ya has perdido el 40% de la función pulmonar, identifica la anormalidad. O sea, ya es muy tarde.
Que es lo que casi siempre pasa: los pacientes llegan ya muy tarde.
Exacto. Entonces, como en el caso de tu mamá, seguramente en el momento ella hizo una crisis y ahí fue cuando le diagnosticaron el asma. ¿Entonces qué pasa? Esa, esa brecha, digamos, en el tiempo, hace que existan muchos problemas para la calidad de vida de esa persona. Muchos más síntomas, muchos más medicamentos que tiene que tomar y también muy costoso para el sistema.
¿Qué queremos hacer nosotros? Creamos un dispositivo que tiene el mismo rendimiento que una máquina de USD 80.000, que es esta que te menciono. Se llama pletismografía, incluso somos una empresa de inteligencia artificial porque hacemos modelos, algoritmos; y hace poco empezamos a montar modelos, a crear modelos que nos dicen lo mismo que una tomografía axial, que un escáner de 1 millón.
Entonces este aparatito, ahí donde lo ven, son audífonos, pero para el pecho y manda el sonido desde la parte de adelante, viaja por toda la caja torácica y al mismo tiempo está oyendo esa resonancia. Como canta el pulmón. Entonces agarramos todas esas frecuencias y armamos los algoritmos. Nos costó como tres años tratar de entender qué diablos estamos viendo. Entonces es una empresa tecnológica profunda, porque esto no existe.
¿Y que información les entrega al final?
En este momento te podemos decir si tienes una enfermedad obstructiva, con el mismo rendimiento de estas máquinas enormes. Y también fuimos capaces ahora de desarrollar un algoritmo que te dice si tienes daño de la vía respiratoria más pequeñita, la de los dos milímetros que solo la puede capturar el tomógrafo, el de 1 millón.
¿Qué quiere decir eso? Si yo soy capaz de detectar daños cinco años antes que la otra máquina grandota, la que usualmente utilizamos, eso quiere decir más años de vida, vividos mejor; y por otro lado, pues hay menos crisis, menos muertes. Solucionamos casi todos los problemas.
¿Cuánto cuesta desarrollar este aparatico?
En estadío ahorita que se llama prototipo, esto vale USD 70. Utilizamos sensores que uno compra por Internet. Entonces, nuevamente. Audífonos para el pecho. Esto no es supremamente difícil de hacer, piensan en los Fitbit y todo ese tipo, digamos, de sensores. Esto los tengo acá, parlantes de un lado, micrófonos del otro y, bueno, no me voy a poner a explicar que más hay adentro, pero es sencillo, es sencillito de hacer. Esto a larga escala, cuando empecemos la parte de la manufactura, ya sea en Asia o Estados Unidos, de pronto acá, que empezamos a ensamblar, va a costar USD 30.

Y esto puede prevenir o por lo menos alerta…
Pero es que no le he contado, se me olvidó. Nosotros corrimos un piloto en Medellín. Ya lo terminamos. Ocho personas que les da muchas crisis. Los cuatro que se exacerbaron fuimos capaces de ver una señal acústica de 10 a 15 días antes que la crisis la diagnosticara un médico. Entonces imagínate. O sea, esto nadie lo ha podido mostrar en medicina, nadie.
Podemos decir que este dispositivo, gracias a esas dudas que generaron las entrevistas, más de 200 entrevistas, a esa invitación de un profesor de negocios en una universidad en Estados Unidos, pero con aplicabilidad en el mundo entero, hizo que ustedes estén hoy salvando vidas.
Sí, estamos en el proceso. Todavía nos falta la aprobación regulatoria, pero queremos lanzar en Colombia en el 2028, a principios, y FDA, más o menos Estados Unidos en el 2029 – 2030. Esto toma tiempo.
Aquí ya me salgo del tema médico y vayamos al mundo de los negocios, que también ya lo estudió: tienen patentes y han levantado capital. Y eso probablemente en el mundo de los negocios y sobre todo en el sector médico, es lo más importante.
Sí.
Tener las patentes y tener el dinero para seguir investigando, operando y luego desarrollando. ¿Cuéntenos esa parte de su vida?
Uy, ha sido un camino arduo y largo. Nosotros hemos fondeado la mayoría del desarrollo con premios no diluidos, es decir, plata gratis que me ha dado el gobierno americano.
¿Eso es como los famosos grants?
Sí, no quería decirlo en inglés, que suena como subvenciones, como raro. A la fecha USD 3 millones y parece que nos va a salir otro de medio millón en un mes. Y el resto, hemos levantado fondos de inversionistas. Pero mira, la mayoría de la gente que me ha puesto plata son amigos y familiares. Cheques de USD 1.000 en adelante. Entonces han sido médicos. Hay gente que me conoce desde que yo estaba en el colegio y me dice: yo sé que usted esto lo saca adelante, yo me la conozco.
Yo apoyo en esa vaca…
Sí, yo apoyo. Entonces hemos levantado en Estados Unidos también muchos inversionistas ángeles. Acabamos de levantar de un fondo que es enfocado mucho a mujeres. Entonces, a la fecha, cerrados, hay USD 7 millones.
¿USD 7 millones?
Nosotros hemos sido capaces de hacer con USD 5 millones lo que un equipo americano haría con USD 15. Y ahí es donde me echo porras: Soy mujer. Las mujeres somos muy buenas analizando todo y no gastando, quemando plata a la loca. No. Entonces he sido muy cuidadosa en la forma en como llevo la empresa de una manera muy estratégica, de dónde levanto fondos sin perder control y sin vender demasiado la empresa, porque a fin de cuentas tú sabes que cuando hay problemas a uno lo sacan. Entonces esa es la idea.
Hoy fue una de las mujeres en la apertura de este festival de emprendimiento y la sentaron al lado de Nicolás Rojas de Dapta, que también pasó por este espacio. Es una de las historias más vistas y es un muchacho que arrancó siendo menor de edad a echar código, como dicen ellos. Creó su primera compañía siendo menor de edad, pasando por la Cámara de Comercio de Bogotá y al lado estaba Felipe Santamaría, de Rockstar Latam, lo que hacen ellos, para que ustedes me entiendan, es impulsar los negocios, a los emprendimientos, para que sea sean más grandes y tengan escala global. Y ahí al lado estaba sentada la doctora María.
No me diga doctora. Doctor se le dice solamente cuando uno están en el hospital.
Yo siempre decía que el doctor es el que tiene el doctorado…
De hecho es al revés. Aunque los PhD se ponen bravos. Es M.D.: Medical Doctor. O sea, se supone que uno es doctor.
Ya aprendimos algo nuevo. María está en medio de un mundo de negocios y usted es doctora y sufrió ese, digamos, rechazo de no poder ejercer su profesión. ¿Cómo se siente hoy, después de haber tomado todo ese conocimiento, esa formación y gracias también a la educación en el mundo de los negocios y a que su esposo también vio una oportunidad, pues que seguramente le cambió la vida?
Sí, estuve de buenas. A ver, yo la verdad agradezco haber pasado por ese período tan oscuro y tan difícil de mi vida, porque hacer empresa es probablemente la cosa más difícil que yo haya hecho y he hecho cosas muy difíciles. Empezando por medicina, cirugía plástica. La primera mujer en pasar en una escuela latinoamericana en un programa acelerado en Estados Unidos. Están pasando ahora muchas más mujeres. Me encanta.
Pero, nuevamente, ese periodo de mi vida a mí me enseñó mucho acerca de la resiliencia y el creer en que hay que seguir trabajándole a eso. Entonces la verdad es que yo vivo el día a día. Hay mucha incertidumbre, pero cada día yo lo veo como una oportunidad de hacer cosas chéveres, interesantes. Cuando a mí me llegan con un problema en la empresa, yo lo veo como una oportunidad de aprender algo nuevo, al resolver este problema. Y no tengo miedo. Yo soy sin vergüenza. Yo le pregunto a todo el mundo que tenga alrededor, desde LinkedIn o WhatsApp o el que se me aparezca: venga, tengo este problema. Esto es lo que estoy pensando que voy a hacer. ¿Y usted cómo lo haría entonces?
Tengo una red también muy grande, porque pues si vivo en Silicon Valley, en el área de la bahía, he hecho un montón de programas y he sido muy buena creando esa red alrededor, porque yo soy consciente de que hay gente mucho más inteligente que yo. Y esa gente inteligente es la que me va a enseñar a mí.
Por ahí dicen que uno es el promedio de las cinco personas con las que se rodea, que ojalá que sean más inteligentes que uno.
Exacto. Entonces a mí me encanta. Yo no me arrepiento. No estoy practicando medicina precisamente porque yo creo que yo debí haber sido científica y mi mamá me dice eso: es que usted la verdad, como médica, mmmm. Yo soy muy rebelde. Yo cuestiono un montón. Y cuando uno es mujer y cuestiona, no le va bien. Entonces era más una cuestión de encaje de medicina y cirugía, sobre todo para una mujer como yo. Si hubiera seguido no me hubiera ido bien. Me hubiera agarrado con todo el mundo.
Los caminos de la vida la llevaron por el del emprendimiento.
Ser médica… Cuando hablo con los pacientes, cuando hago estudios de viabilidad, cuando. O sea, eso a mí me da… ser médica, a mi me da una visión tan diferente alrededor del consumidor, del paciente y eso gusta mucho. Yo cuando hablo con estratégicos, con farmacéuticas y todo, estamos sintonizados. Es la misma línea. La onda, versus un emprendedor tradicional.
Yo, por ejemplo, que tenía mi mamá, pues con ese tema, tengo la visión del periodismo y de los negocios, pero no tengo la visión médica. Cuando me hagan una pregunta técnica voy a necesitar girar y buscar un técnico para que la responda. María, solo dígame cómo se llama ese aparato.
Se llama Silvi. Como mi abuela. Mi abuela se llamaba Silvia. Le decíamos Mamá Silvita. Y la empresa se llama Samay.
Hábleme de eso. Hábleme de la empresa.
Entonces la empresa se llama Samay, porque Samay es una palabra quechua que quiere decir "respirar profundamente". Que esa es la idea. Nosotros vamos a ser capaces de ayudar a que los pacientes con enfermedades respiratorias sientan que pueden hacer esto (respirar) con tranquilidad. Entonces esa es la visión de Samay. Somos una empresa binacional. Los fundadores, Ricardo y yo vivimos cerca de San Francisco. Tenemos 22 personas, de hecho tenemos dos argentinas. Se me ha olvidado eso. Y en Colombia estamos alrededor de 19. La idea es crecer por lo menos a 25 – 30 en el siguiente año. Oficina en Medellín, en donde estamos realizando la mayoría de ensayos clínicos. Acabamos de abrir oficina en Bogotá. Y ahí va. Voy a decir algo y es que voy a contratar a partir de más o menos enero. El próximo año estamos cerrando una ronda de USD 5 millones de dólares.
Ah, ¿sí?
Sí, sí, nos falta 1.8 y la idea es contratar por lo menos a unas 15 o 20 personas más. Quiero crecer Bogotá primariamente, por la cuestión, digamos, de acceso a mercado. Quiero extender los ensayos clínicos, muchos científicos de datos. Necesito muchísimos ingenieros, cualquier PhD, maestría, alguien que haya hecho aquí o afuera, por favor, contáctenme. A mí me encanta trabajar con científicos y educarlos y entrenarlos para volverlos fundadores. Entonces, ¿cuál es mi meta? Yo quiero que Samay sea el Nubank de Deeptech (emprendimientos de base científica) en Colombia.
Ahí estuvo el resumen. Es momento de un espacio que se llama El pitch, que son preguntas rápidas buscando respuestas fuera de la caja. Entonces, aquí vamos con El Pitch.
María, si pudiera cambiar una regla de los negocios después de haber contado todo este proceso, que estuviera en potestad suya cambiar esa regla, ¿cuál sería y por qué?
Dejar de tomar decisiones basados en características, tendencias… El inversionista generalmente la apuesta mucho a lo que históricamente ha sido exitoso. ¿Qué pasa en Silicon Valley? Ellos le apuestan mucho a jóvenes que salieron de Stanford o de Berkeley, lo que sea, que son más o menos entre los 20 y 25 años, y que usualmente son blancos o asiáticos, ya sea indios del sur o sean del lado oeste. Ellos no le apuestan a una persona como yo. Tengo 46 años, soy morenita, bajita, tengo acento todavía. Entonces a ellos les da mucho miedo los riesgos.
Riesgo cultural.
Sí, y es como que ninguna latina ha sido capaz de hacer algo extraordinario. Pues es que yo no quiero ser la primera. Eso me pasa mucho.
Es la primera vez que me cuentan esto en este espacio que lleva más de tres o cuatro años.
Es que yo soy muy honesta.
Me parece interesante escucharlo y sobre todo publicarlo. ¿Qué negocio se sueña hacer pero que por los avatares de la vida no ha podido o no ha tenido el tiempo o no ha tenido ese partner, esa persona al lado que le ayude a hacerlo, pero que algún día usted dice voy a trabajar en ello?
Yo solo me veo haciendo Samay hasta el día que me muera. Lo que si me veo haciendo es creando otras verticales, o sea, quiero más enfermedades respiratorias, quiero ponérselo no al pulmón, sino al abdómen. Quiero coger esta tecnología y mejor dicho, testearla en cantidad de cosas para ver si somos capaces de llevar sensores que democraticen el acceso al diagnóstico y el cuidado en el sur global. Porque la mayoría de sensores que uno utiliza o que uno hace en Estados Unidos son costosos. Ellos no están pensando en mercados emergentes. Les vale cinco. Ese es mi sueño.
¿Cómo se imaginan cinco o diez años? ¿Cómo cree que va a pasar ahora que dijo "sueño"? Y yo sé que en tecnología a veces es demasiado ambicioso hablar de cinco o diez años. Pero yo creo que el asunto suyo, como no es solo técnico, tecnológico, sino que tiene que ver con la salud y con los humanos, ¿pues cómo se ven cinco en diez años?
Mi métrica es 2030: un millón de personas respirando mejor y viviendo mejor gracias a esta solución, donde sea que estén. La idea es lanzar en Latinoamérica, empezando por Colombia, y tener una aprobación de la FDA, por lo menos en el 2030. Y de ahí en adelante, eso es exponencial porque la FDA me abre a mí todos los mercados existentes en el mundo.
Quiero llegar a Asia, obviamente a Europa, cubrir toda Latinoamérica, África, o sea, las enfermedades respiratorias, es súper interesante el dato: El 10% de la población global va a tener una enfermedad respiratoria crónica en los siguientes 30 o 50 años por la polución y el cambio climático. Entonces hay una oportunidad enorme.
Una oportunidad de oro…
Pues no voy a echarle cuento de quiero hacer un IPO, ser un unicornio. La verdad, no sé, me encantaría ser la primera en llegar a la bolsa pública y hacerle a la campanita, que salgan los videos y que las niñas y las mujeres digan: si esta loca pudo por qué no yo. Pero la verdad no sé, yo no soy bruja todavía.
¿Cuál es el peor error que cometió en su vida pero del que más aprendió?
Yo cometí muchos errores. Yo creo que todavía me toca controlar un poquito la impulsividad. A veces me pongo muy emocional, no sé si es la hormona o qué.
Jajajajajaja. A mí me parece que eso también hace que sea atractivo el discurso y la información que hay detrás, siento yo.
Es raro, porque sabes que uno de mis grandes retos ahorita es operaciones, es la gente. Sí, yo a veces quisiera ser mejor, como manejando gente, o sea, como la manager, la administradora. Esa es una de las cosas que me toca trabajar y la verdad es que desafortunadamente cuando uno es médico, a uno le enseñan mucha mañana, y esa parte de la maña es que uno da las órdenes. Entonces esa parte, esa sensibilidad, esa inteligencia emocional, creo que todavía me falta trabajarla un montón.
Todo el mundo habla de resultado. Rondas de inversión, adquisición, productos, patentes, pero la gente no habla del proceso y el proceso es una cosa bien complicada y bien difícil. ¿Cómo está su salud mental hoy?
A ver, a calzón quitado: Yo tengo diagnóstico de depresión mayor y trastorno de ansiedad generalizado por lo que me pasó después de la residencia. No estoy medicada. Yo me curé con animales. Yo tengo mis animales de soporte emocional. Y me volví mamá hace cuatro años. Entonces, en cuanto a salud mental, es difícil porque si uno vive ansioso, uno no sabe qué va a pasar hoy.
Trato de hacer un poquito de meditación, trato de hacer muchas conversaciones con otros fundadores. Todos sentimos lo mismo, todos, todos pasamos por lo mismo. Tengo ahora muchísima insomnia. Estoy tratando de resolver ese problemita, pero es difícil. Es difícil porque, claro, o sea, yo tengo la responsabilidad de alimentar 22 bocas.
Creo que es inevitable tener una afectación de la salud mental como fundador. O sea que el que quiera ser fundador tiene que saber que probablemente la vida se le acorte, porque en lo físico se impacta. Uno casi no tiene tiempo ni siquiera para hacer ejercicio, se envejece un montón por el estrés. Tengo más canas. Hay miles de estudios, en serio. Y por otro lado también la salud mental se afecta mucho.
No sé qué hacer. Tengo un coach. Mentiras. Estoy tratando es como de implementar lo que otros humanos me han dicho de contratar a un coach que es psicólogo. Y me reúno con él cada dos semanas para trabajar toda esta parte, digamos de corazoncito, de cabeza, cómo tratar de resolver los problemas, pero pues nadie tiene la respuesta para esto. O sea, la verdad yo creo que esto no se va a desaparecer, va a seguir ahí hasta el final de mis días, o por lo menos hasta que siga siendo así.
Y qué paradoja, ¿no? Porque lo está diciendo una médica.
Es terrible. Así es la vida. Nada es perfecto. Mucho ejercicio y la red social alrededor de uno. Yo no es que tenga muchos amigos, pero hablo mucho con los fundadores. Mi mamá es mi cómplice y hablamos todos los días. Y con ella también como que le suelto todo.
Bueno, aquí estuvo María Artunduaga. La CEO y cofundadora de Samay, junto con su esposo. María, deme la mano. Un placer. Un gusto. Gracias por lo que están haciendo. Gracias por tomar la decisión de hacerlo. Y sobre todo, lo digo por mi caso personal, porque mi mamá también la vi sufriendo eso. Entonces. Muchas gracias. Esto queda guardado en triple www.elespectador.com, hay una distribución gratuita en YouTube. Además hay una versión en texto para nuestros suscriptores y por supuesto que tiene distribución en redes sociales. María, de nuevo muchas gracias y nos vemos en Emprendimiento y Liderazgo de El Espectador.
Muchas gracias.
Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻💻 🤓📚
-
Rodrigo E(2908)•12 de septiembre de 2026 – 08:40Pésima entrevista. Nunca van al grano. No la terminé.
-
Alirio(74836)•11 de septiembre de 2026 – 19:29Entrevista interesante. Hay que sacar tiempo para leerla, pero se justifica.
-
Norma(12580)•11 de septiembre de 2026 – 16:31que entrevista tan mala y larga. No creo que alguien la terminara.
-
Norma(12580)•11 de septiembre de 2026 – 16:30Que entrevista tan mala y laaaaaaaarga!