
Michael McGrath, dueño de Crushing Screening Parts, una empresa de repuestos para maquinaria en Maghera, es una de las pocas personas que dicen abiertamente estar gozando de los resultados del brexit una década después.
Gracias al protocolo pos-brexit, que le da a Irlanda del Norte acceso simultáneo al mercado británico y al europeo, puede entregar un componente hidráulico en Berlín para las 10 de la mañana del día siguiente sin ningún papeleo, mientras que sus rivales en el resto de Reino Unido necesitan agentes aduaneros y dos o tres días.
“La economía norirlandesa está a la ofensiva por primera vez en mi vida”, le dijo a “The Japan Times”.
Pero eso no lo piensan los líderes de su país, ni los líderes de la vecina Escocia o de Gales. El lunes, los representantes de estas tres naciones (Michelle O’Neill, de Irlanda del Norte; John Swinney, de Escocia, y Rhun ap Iorwerth, de Gales) firmaron un memorando conjunto reclamando el derecho de autodeterminación de sus naciones.
Según explican, las decisiones que toma Londres, como la de abandonar la Unión Europea, socavan la soberanía de los pueblos que representan y que no querían esta ruta que ha dejado efectos adversos. Por eso reclaman recuperar el control sobre impuestos, comercio y contratación laboral para construir lo que describen como un motor de crecimiento propio, en vez de depender de las transferencias y decisiones fiscales que hoy vienen de Westminster.
El resentimiento tiene sus argumentos. La pesca escocesa, que dependía del acceso sin fricciones al mercado europeo, por ejemplo, quedó atrapada en nuevas inspecciones sanitarias y papeleo aduanero que encarecieron y ralentizaron las exportaciones de mariscos frescos. Esto le pasó Rob Benson, un cultivador de mariscos en el norte de Inglaterra, cuyo negocio de USD 4 millones al año colapsó cuando la Unión Europea respondió al brexit con trabas burocráticas.
“Nunca nos dijeron la verdad sobre las consecuencias que vendrían”, dice hoy.
Estudios independientes calculan que la economía de Reino Unido es hoy entre 4 y 10 % más pequeña de lo que sería sin el brexit, y en Escocia y Gales, donde el peso de la agricultura y la manufactura exportadora es mayor que en el sur de Inglaterra, el golpe se sintió con más fuerza. El estado de la economía, entonces, sí ha reactivado los discursos independentistas.
Pero acá es donde hay que matizar el anuncio del lunes antes de continuar. En primer lugar, no hay una puerta legal para salir de Reino Unido, y lo que se firmó el lunes no la abre. Ninguna de las tres naciones tiene el mismo camino jurídico hacia la independencia, y ninguna puede activarlo unilateralmente.
Irlanda del Norte es la única con una vía clara: el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 obliga al secretario de Estado británico a convocar un referéndum si en algún momento parece probable que una mayoría votaría por la reunificación con la República de Irlanda. Pero ese umbral de “probabilidad” queda, por diseño del propio acuerdo, a discreción del gobierno británico, no de Belfast.
Escocia no tiene ni eso: depende enteramente del consentimiento de Westminster, algo que el Tribunal Supremo confirmó como obligatorio en un fallo de 2022, después de que el gobierno escocés intentara convocar un segundo referéndum sin autorización de Londres. Gales, que está más atrás todavía, ni siquiera tiene un marco legal para plantear la pregunta.
Vea también: Al ritmo de ABBA, Suecia celebra el retroceso de la extrema derecha
Según analistas, entonces, el acuerdo es políticamente significativo, “pero no autoriza por sí mismo un referéndum ni altera las reglas legales que rigen el cambio constitucional”, según Diplomacy and law.
No estamos viendo “el principio del fin” de Reino Unido, como lo trató de anticipar Swinney. La plataforma independentista es tan prematura, que ni siquiera se ha discutido el alto precio del proceso.
Los defensores de abandonar el Reino Unido señalan que históricamente Londres ha extraído la riqueza de las naciones periféricas para su provecho.
Gales, por ejemplo, fue el motor de carbón de la revolución industrial británica, con el puerto de Barry como el mayor exportador de carbón del mundo en 1913, y esa riqueza salió de los valles galeses hacia otros lugares. Pero esto ya no es el siglo XX. Hoy Gales no exporta riqueza hacia Londres, sino que la recibe. Según estimaciones, dejar el Reino Unido ahondaría los problemas fiscales de las tres naciones.
El mecanismo que hoy transfiere fondos desde Londres hacia las naciones autónomas, conocido como la fórmula Barnett, desaparecería con la independencia, y eso dejaría a Escocia, por ejemplo, con un hueco fiscal de 15.000 millones de libras.
Para intentar tapar ese hueco, Escocia debería subir impuestos un 25 % o recortar gasto público de forma drástica. Gales, por su parte, enfrenta una versión aún más aguda del mismo problema: su déficit fiscal ronda el 19 % de su PIB, financiado hoy con transferencias del resto de Reino Unido, muy por encima del 2 % de déficit que registra el país en conjunto.
Por ahora, ninguna de las tres naciones tiene ni el camino legal ni el consenso interno para intentarlo. Gales apenas empieza a discutirlo en serio, Escocia sigue empatada en las encuestas, e Irlanda del Norte, irónicamente, es la que menos necesita romper nada, porque, como explicaba McGrath, ya tiene lo mejor de los dos mundos.
👀🌎📄 ¿Ya se enteró de las últimas noticias en el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.
El Espectador, comprometido con ofrecer la mejor experiencia a sus lectores, ha forjado una alianza estratégica con The New York Times con el 30 % de descuento.
Este plan ofrece una experiencia informativa completa, combinando el mejor periodismo colombiano con la cobertura internacional de The New York Times. No pierda la oportunidad de acceder a todos estos beneficios y más. ¡Suscríbase aquí a El Espectador hoy y viva el periodismo desde una perspectiva global!
📧 📬 🌍 Si le interesa recibir un resumen semanal de las noticias y análisis de la sección Internacional de El Espectador, puede ingresar a nuestro portafolio de newsletters, buscar “No es el fin del mundo” e inscribirse a nuestro boletín. Si desea contactar al equipo, puede hacerlo escribiendo a mmedina@elespectador.com
-
Felipe(dw15k)•14 de septiembre de 2026 – 21:17Es el desacuerdo con el fracaso del Brexit, otra más de las geniales ideas de la ultraderecha.