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David Silva Rojas: el abogado peruano que convirtió una investigación en novela

En el marco de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, el escritor y abogado peruano David Silva Rojas hizo parte de la comitiva de la editorial invitada Almadía. El autor, quien recientemente recibió un reconocimiento por su libro “Donde el agua trabaja”, habló sobre la escritura y cómo la equilibra con su trabajo, los orígenes de esta novela y la solidaridad.

David Silva Rojas, ganador de la primera edición del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat
David Silva Rojas, ganador de la primera edición del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat.
Foto: Cortesía

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Es abogado e investigador. ¿Por qué le apostó a la literatura?

Soy abogado, investigador y, más que escribir ahora, siempre he escrito. Solo que hay temas que me impactan más o que quisiera narrar. Es por eso que ahora escribí esta novela.

¿Cómo ha integrado la escritura a su vida? ¿En qué momento se interesó por esta disciplina?

Mi inquietud por la escritura y la lectura empezó cuando era niño. Cuando estuve en Japón, era la manera en la que podía decir y entender las cosas. Llegué muy niño a Japón y prácticamente no hablaba ni entendía el idioma, así que me sentía ansioso y tenía dudas. No es bueno quedarse con ellas y a veces tampoco las expresamos. Una manera de soltar ese peso que uno lleva dentro es volcar esos sentimientos a la escritura. Un profesor me decía que cuando uno ponía en blanco y negro esas inquietudes y miedos, esa sensación perdía su poder. Después, con el paso del tiempo, fui tomando talleres y cursos en los que aprendí técnicas literarias.

¿Hace cuánto escribió este libro?

Hace aproximadamente un año y medio escribí esta novela y surgió a partir de una investigación que hice sobre este tema. Pero la chispa, la puerta que me abrió a este mundo, fue a través de una trabajadora agrícola que vino a mí para recibir asesoría legal por otro tema. Me dijo que había muchas cosas del trabajo en el campo que nadie ve o cuenta. Yo ya había visto, cuando estaba en Ica, cómo cientos de personas se iban en los paraderos, en diferentes buses, y siempre me pregunté qué había detrás de todas esas personas, qué historias se podían narrar. Después hice la investigación y había podido explicar cifras, procesos, pero el artículo científico me quedó un poquito corto para poder mostrar esa dimensión humana que había detrás: sentimientos, vivencias. Por eso escribí esta novela.

Ha dicho que comenzó escribiendo la novela para contar lo que había visto detrás de su investigación, pero que terminó escribiendo sobre solidaridad. ¿Cómo aplica ese concepto?

Cuando comencé a escribir esta novela, pensé que estaba escribiendo sobre lo agrícola y las condiciones de trabajo bajo el sol y recibir órdenes de manera poco apropiada. Pero conforme fui avanzando, me di cuenta de que también se trataba de los vínculos que había entre las personas. Me refiero a que yo pensaba antes que la solidaridad se expresaba a través de gestos concretos o grandes. Pero, a veces, solo basta con estar ahí y escuchar a la otra persona. En el caso de la novela, que es en un contexto muy vulnerable, me di cuenta de que ahí es muy valioso que haya una persona que te entienda, escuche y siga tu proceso. Creo que un buen comienzo para empezar a entendernos sería a través de la aplicación de la empatía, mirar a las personas y tratarlas como queremos que nos traten.

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En su libro se refiere al tema agrícola. ¿Por qué le interesa tanto esta área?

Es muy característico de la región de Ica. Se podría decir que es una de las principales actividades que se realizan aquí. No solamente hay agricultura de uva, sino de diferentes productos, como los espárragos, el aguacate y los arándanos. Las personas llegan del interior del país por cientos y es una actividad que se realiza con mucha frecuencia aquí. Por eso, a cualquiera que esté por acá le llama la atención.

Como el título de la novela lo indica, el agua es un elemento muy importante del libro…

Sí, el agua atraviesa toda la novela, desde el inicio hasta el final. Además, la novela ocurre en un lugar desértico, por lo que se necesitan grandes cantidades de agua que se extraen del subsuelo, ya que ahí no llueve. Cuando hice la investigación, las personas que vienen a trabajar aquí vienen del interior del país y allá el agua corre a través de los ríos o llueve, mientras que aquí, en los fundos, descubrí que el agua parece que es un trabajador más, porque es condicionada, es canalizada, cumple una tarea, tiene un horario. Por eso de ahí nace el título, “Donde el agua trabaja”. Pasó a ser como un trabajador. Siendo un elemento natural, es algo irónico.

¿Cómo fue el proceso de integrar todo lo que había investigado para el artículo y plasmarlo desde la literatura?

Fue un proceso arduo, ya que lo que quería rescatar más que todo era esa dimensión humana, los gestos y las acciones que tienen las personas. Cuando uno escribe, trata de buscar la mejor manera de narrar esto. En este caso, como es un trabajo en el campo, no quería solamente decir o explicar cómo es este trabajo, sino que el que leyera esta novela pudiera sentirlo. Eso lo hice a través del ritmo. De ahí salen los silencios y las palabras cortas.

El silencio es mencionado en varias partes de la novela. Yo destaqué una frase: “Guardar el silencio también es una forma de quedarse”.

Busco que el lector encuentre su propia respuesta. No quería una protagonista que estuviese preguntando, explicando, o un narrador que estuviese diciendo qué es lo que pasa en esa escena, sino mostrar la escena y que el mismo lector llegue a su propia respuesta, a su propia reflexión. Creo que es hacer partícipe al lector, como si fuese un testigo que va acompañando a la protagonista. Decidí que varias de las escenas, o casi toda la novela, se podría decir, no fueran explicadas ni interpretadas, sino que se tratara más que todo de compartir situaciones en las que el lector llegara a su propia respuesta o reflexión.

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Hablemos de la protagonista. ¿Por qué quiso construir un personaje femenino? ¿Por qué abandona su ciudad, su familia, su casa?

Porque descubrí que la mayoría son mujeres. Y creo que la causa de que uno emigre, en este caso del interior a la región Ica, es que muchas veces no lo hacen por la aventura o por querer conocer algo, sino por solidaridad, es decir, por buscar un mejor ingreso o una mejor situación para poder ayudar a los que están detrás: sus padres, sus hermanos, sus hijos. Es decir, buscan un mejor futuro para las personas que aman o quieren. A veces uno resiste la inclemencia del clima, el calor, el frío o la ardua tarea, no porque quiera demostrar algo, sino, más que todo, por solidaridad.

¿Cómo desarrolla su faceta de escritor a la par con su trabajo como abogado? ¿Cómo fueron sus rutinas para escribir esta historia?

Fueron muy difíciles, ya que la labor de abogado también demanda mucho trabajo: hay que leer escritos, contestar peticiones… Yo no veo la escritura como un trabajo, sino como algo que me relaja. Durante todo el proceso creativo de este libro tuve sentimientos encontrados. Es ahí justamente donde nace la idea de escribir una novela, porque tenía tantas emociones, tantos sentimientos encontrados que tenía que sacarlos y una manera de hacerlo fue a través de la escritura. Por lo general le dedicaba tiempo a esto en las noches, madrugadas y fines de semana. Al no verlo como trabajo, el tiempo se me iba muy rápido. Hubo ocasiones en las que escribía hasta altas horas de la madrugada sabiendo que debía ir a trabajar unas horas más tarde.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura. Andreajc1406 ajaramillo@elespectador.com
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