
Los aranceles que impuso Donald Trump en abril de 2025 afectaron la economía mundial y el trabajo en los países en vía de desarrollo, pero el golpe fue especialmente fuerte para las mujeres: así lo muestra un estudio de la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES), que se presentó la semana pasada en el marco del Foro Público de la Organización Mundial del Comercio, en Ginebra (Suiza).
El informe “Impactos diferenciados por género: respuestas ciegas. La crisis arancelaria de 2025 y el caso de reformas transformadoras en materia de género” analizó los impactos del aumento de los impuestos a las importaciones en Estados Unidos para seis países en vía de desarrollo: Bangladesh, India, Madagascar, Sudáfrica, Vietnam y Zimbabue.
El estudio de caso se concentró en sectores en los que la mayoría de los trabajadores son mujeres, como prendas de vestir y textiles en Bangladesh, India y Madagascar, exportaciones de cítricos en Sudáfrica, comercio transfronterizo informal y venta ambulante en Zimbabue y varios sectores exportadores en Vietnam.
Una de las principales conclusiones del análisis, como explicó a este diario Caroline Dommen, autora del informe y experta en políticas internacionales con más de dos décadas de experiencia en diplomacia multilateral, justicia económica y sostenibilidad, es que las mujeres son más vulnerables a los choques comerciales. Claramente, al analizar sectores en los que hay mayor presencia de mujeres, el número de afectadas será mayor, pero es necesario ver más allá de las cifras absolutas porque, en palabras de la experta, “el impacto es desproporcionado”.
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Los trabajadores que dependen de exportaciones intensivas en mano de obra (como textiles, flores y café, por ejemplo) suelen ser los más vulnerables a los choques económicos globales. Y, en el caso de los países estudiados, los aranceles agravaron las desigualdades estructurales. Las mujeres tienen menos protección social, suelen ocupar puestos que requieren menores niveles de capacitación y tener condiciones laborales más precarias. De ahí que el impacto de los aranceles en las trabajadoras no es “simplemente un efecto secundario desafortunado, sino que está incorporado en las estructuras de las cadenas globales de valor”, explica Dommen.
En Bangladesh e India, las trabajadoras de la industria de la confección enfrentaron pérdidas de empleos y reducción de horas extra, mientras las fábricas aprovecharon la incertidumbre para debilitar el poder de negociación de los trabajadores. En Madagascar muchas mujeres, que están sobrerrepresentadas en contratos de corto plazo, fueron despedidas. En Sudáfrica las trabajadoras temporales fueron las primeras en perder sus trabajos cuando cayó el volumen de exportaciones.
Estados Unidos impuso a Sudáfrica un arancel del 30 % en abril de 2025, en noviembre se hicieron exenciones que dejaron por fuera del impuesto a algunas naranjas y este año se redujo el arancel sobre casi todos los productos al 10 %, aunque se mantiene la mayor tarifa para algunos cítricos. Sylvester Gulu Bagoro, coautor del estudio y oficial sénior de programas de Third World Network Africa, explicó que en ese sector los hombres tienen más probabilidades de permanecer empleados todo el año en contratos relacionados con tareas como el mantenimiento, mientras las mujeres son desvinculadas de manera cíclica; por eso, ante algún problema comercial, son ellas las primeras despedidas. El reporte también encontró que las trabajadoras temporales con frecuencia no reciben contribuciones al fondo de seguro de desempleo.
Pese a las mínimas exportaciones de Zimbabue hacia Estados Unidos, se registraron efectos indirectos para las mujeres que trabajan en el sector informal, incluyendo aumentos de precios, pérdida de ingresos y mayor exposición a violencia de género. En el caso de Vietnam, aunque los cambios en la inversión y la producción derivados de las tensiones geoeconómicas pueden generar opciones de empleo para las mujeres, el análisis destaca que se necesitan medidas de política deliberadas para que se traduzcan en resultados justos en materia de género.
Este no es el primer informe sobre el tema. Un estudio de la London School of Economics and Political Science, encargado por Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit y publicado en febrero, analizó el impacto de los aranceles estadounidenses en Camboya y Lesoto. Una de las principales conclusiones, en línea con el informe de FES, fue que en industrias altamente dependientes de las exportaciones y con una fuerte presencia de mujeres, los impactos recaen “de manera desproporcionada” sobre ellas.
En Lesoto se vio afectado cerca de un tercio del sector de las confecciones y en Camboya se proyecta una pérdida de cerca del 20 % de la fuerza laboral de ese mismo sector. Como las mujeres representan la mayoría de los trabajadores en esa área (80 % en ambos países), las pérdidas de empleo se concentraron estructuralmente en ellas. Además de los despidos, hubo disminuciones de las horas de trabajo. La pérdida de ingresos se tradujo, entre otras cosas, en una reducción del consumo de alimentos ricos en proteínas y en gastos escolares. En este escenario, el trabajo de cuidado no remunerado aumentó.
Los aranceles tienen consecuencias tangibles en la vida de las mujeres. En Camboya, como mostró el análisis del London School of Economics and Political Science, algunas de las mujeres desempleadas tuvieron que devolver motocicletas que habían comprado con créditos. Estos vehículos les permitían movilizarse al trabajo y gestionar tareas familiares; al perderlos se restringió aún más su autonomía económica.
En las entrevistas, se reportó un aumento de “síntomas de malestar psicológico” entre las mujeres por la mayor presión financiera y familiar. En algunos casos, tuvieron que regresar a zonas rurales porque ya no podían pagar el arriendo ni las matrículas de sus hijos e hijas o incluso tuvieron que buscar opciones en el extranjero.
En este escenario, preocupa la falta de acción. El informe de FES revela que la respuesta de los países se concentró en la diplomacia comercial, diversificación de las exportaciones y apoyo a las empresas. “¿Hubo alguna evidencia de respuestas de los gobiernos que tuvieran en cuenta la perspectiva de género? No. Fueron abrumadoramente ciegas al género. No he encontrado evidencia de que la respuesta de ningún país a los aranceles haya tenido en cuenta el impacto de género”, aseguró Dommen.
Los resultados de ambos informes exponen las entrañas de las dinámicas estructurales de poder en la que los mayores costos de producción por los aranceles terminan trasladándose a los trabajadores más vulnerables. Como señala Dommen, cuando aparece el impuesto, las grandes empresas cancelan pedidos o transfieren los costos a sus proveedores: las fábricas locales que terminan despidiendo a sus trabajadores, que en su mayoría son mujeres.
El estudio recomienda, entre otras cosas, medidas que los gobiernos, pero también empresas o sindicatos, pueden implementar para alcanzar la justicia de género en el comercio. En la lista hay acciones de corto plazo, incluyendo condicionar el apoyo de emergencia a las empresas a la implementación de medidas a favor de las trabajadoras, hasta iniciativas de más largo plazo para abordar las causas estructurales, como integrar los cuidados en las políticas comerciales.
Un primer paso clave, dijo Dommen a El Espectador, es tener datos que permitan entender los efectos que este tipo de políticas tienen sobre las mujeres. Si bien la investigación no es sobre Colombia, sí es una alerta para revisar, con enfoque de género, las implicaciones de las políticas proteccionistas. El riesgo de no tener datos oficiales, advierte Alejandra Trujillo, abogada y coordinadora de proyectos de FES en Colombia, es que no se pueden emprender políticas o acciones que ayuden a mitigar los impactos y, en este caso, proteger a las trabajadoras.
Un año y cinco meses después de que Trump, en su segundo mandato, impuso aranceles a diestra y siniestra, falta información sobre cómo las medidas de Estados Unidos han golpeado a las mujeres de los países en vía de desarrollo; aunque los datos no están, los impactos existen. El debate, incluso, va más allá. “Debemos preguntarnos no sólo cuánto comerciamos, sino quién se beneficia, quién asume los riesgos y cómo puede el comercio contribuir a economías más inclusivas y resilientes”, concluye Leontine von Levetzow, jefa de la División de Política Comercial del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania.
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Luis(92442)•Hace 7 horasOjalá ganen los demócratas en noviembre. Es mucho el daño que Trump y los republicanos le han hecho al mundo y a EEUU.
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usucapion1000(15667)•Hace 7 horasquè bueno que ya para la prensa hegemònica no sea PETRO el culpable de la subida de aranceles por parte del loco de trump. Què malo que se diga la verdad despuès de haber contaminado las elecciones con mentiras o con un silencio còmplice.