Cientos de miles de familias en Colombia siguen viviendo las consecuencias del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el pasado 10 de agosto. Poco más de dos meses después, el reporte más reciente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) contabiliza a casi medio millón de personas afectadas en 498 municipios de 16 departamentos, entre ellos Valle del Cauca, Risaralda, Chocó, Caldas, Quindío y Antioquia.
El Registro Único de Damnificados (RUD) da cuenta de 305.791 familias damnificadas. Para todos estos hogares, la ayuda no daba espera. Lo que vino después fue la suma de esfuerzos, la unión de voluntades, la abnegación de unos por las necesidades de otros más afectados.
La solidaridad inspiró así filas para remover escombros a varias manos. Se organizaron colectas masivas, que derivaron en camiones cargados de mercados, ropa, utensilios y medicamentos. Así mismo, se gestionó ayuda humanitaria para los municipios del Chocó, donde el sismo tuvo su epicentro, pero también para las comunidades golpeadas en el Valle del Cauca, el Eje Cafetero y más allá, entre otras muchas acciones.
El Espectador conversó con algunas de las muchas fundaciones que han respondido al sismo, tanto las ligadas a grupos empresariales que operan a escala nacional, como las organizaciones sociales locales que trabajan directamente en los territorios afectados. También consultó a algunas de las empresas que han aportado desde el sector privado. Este es el balance de lo que se ha hecho y los retos que quedan.
A gran escala
La familia Santo Domingo anunció una donación de COP 100.000 millones, que canaliza a través de la Fundación Santo Domingo, Valorem y sus empresas vinculadas, para la respuesta humanitaria, la estabilización y la reconstrucción. El dinero cubre desde necesidades urgentes y seguridad alimentaria hasta bienestar emocional, el regreso de los servicios de educación y salud, y proyectos de vivienda e infraestructura social. A eso se suman otros COP 20.000 millones de la cadena D1, que destinará a entregar más de 3.000 toneladas de productos de la canasta básica y kits de cuidado para bebés a 25.000 familias durante seis meses, en articulación con Ábaco y la Fundación Santo Domingo.
Con corte al 30 de septiembre, el balance de la fundación registra la donación de 1.854 toneladas de alimentos y elementos de aseo enviados a seis departamentos, y más de 1.000 toneladas de ayudas movilizadas. Sobre lo que podría mejorarse, José Francisco Aguirre, director ejecutivo de la Fundación Santo Domingo, señala dos desafíos. El primero es consolidar "una gestión compartida de la información que permita conocer las necesidades de cada territorio, los recursos disponibles, los proyectos y soluciones priorizados y sus avances". El segundo, que la transición de la emergencia hacia la estabilización exige fortalecer las capacidades de las entidades territoriales para estructurar y ejecutar soluciones como la remoción de escombros, la adecuación de espacios, el retorno a clases y la recuperación de servicios de salud.
De la experiencia de la emergencia nació ‘Empresas y Fundaciones Unidas por Colombia’, una alianza que reúne a más de 100 aliados entre empresas, fundaciones, gremios y entes territoriales, con un horizonte de trabajo hasta 2028.
Le puede interesar: ¿Cómo se reconstruye Colombia tras el terremoto? El plan, los recursos y las lecciones
La Fundación Colombia Luz y Sonrisas, creada por Ana Lucía Pineda, primera dama de la Nación, movilizó a través de su red de voluntariado a más de 1.250 personas, más de 30 centros de acopio y más de 100 empresas para llevar 5.652 toneladas de ayuda a 80 municipios y atender a más de 48.000 personas. Este viernes, la fundación publicó su rendición de cuentas, en la cual reportó que ha recibido cerca de COP 54.589 millones en donaciones, todas de origen privado. De este monto, el 81 % fue aportado por la familia Gilinski con destinación específica para las obras en instituciones educativas y centros de salud en Cali.
Los gastos administrativos de la fundación, con corte al 16 de octubre, son de aproximadamente COP 11,9 millones. Según el informe, el resto de recursos está disponible y depositado en entidades financieras vigiladas, sujeto a las destinaciones que definieron los donantes.
En materia de reconstrucción, su apuesta más grande está en Cali, donde buscará recuperar tres colegios y tres instituciones de salud afectados por el sismo, con un presupuesto estimado de COP 61.988 millones. Para ello, selló una alianza con la Fundación Solidaridad por Colombia, que se encarga de estructurar y ejecutar las intervenciones. Por ahora, esas obras están en etapa de diagnóstico y diseño, y la consolidación de los estudios está prevista para el 6 de noviembre. La organización también impulsa viviendas en Quibdó con la Corporación El Minuto de Dios y la Fundación Grupo Argos.
A través de un comunicado, la DIAN confirmó el pasado 13 de octubre que la fundación de la primera dama de la Nación tiene su Registro Único Tributario (RUT) vigente y hace parte del Régimen Tributario Especial (RTE). "Las entidades sin ánimo de lucro legalmente constituidas pueden recibir donaciones para el desarrollo de su objeto social", indicó la entidad tributaria.
La respuesta empresarial
La Fundación Grupo Argos arrancó con lo más urgente: cerca de 6.200 paquetes alimentarios y 85.000 litros de agua potable, entregados con alcaldías y gobernaciones de los seis departamentos más afectados. Desde la primera semana, además, empezó a pensar en la reconstrucción y lanzó con el artista Nicky Jam la campaña ‘Adopta un Hogar’. Su directora ejecutiva, María Camila Villegas, explica que por cada peso que aporte una empresa o una persona, la fundación pone otro. Según Villegas, ya han aportado unas 6.300 personas y más de 200 empresas. La meta es construir 1.000 viviendas en Chocó, Risaralda, Quindío, Antioquia, Valle del Cauca y Caldas. Para este año esperan entregar cerca de 130.
Por su parte, la Fundación Bancolombia canalizó más de COP 9.300 millones en donaciones de personas naturales, empresas y organizaciones, monto independiente de los COP 30.000 millones que el banco comprometió directamente para la recuperación de largo plazo. Su directora ejecutiva, María Camila Osorio, reporta acciones en cinco departamentos: 89 equipos médicos para los hospitales de Caldas en Manizales y el Universitario San Jorge en Pereira, 18 instituciones educativas con acciones de recuperación, más de 220 toneladas de alimentos y 10 contenedores habilitados para emprendedores de Roldanillo.
Desde el mismo 10 de agosto, Grupo Éxito y Fundación Éxito activaron su respuesta con foco en quienes más riesgos nutricionales enfrentan en una emergencia: mujeres gestantes, madres lactantes y niños menores de cinco años. Diana Pineda, directora de la Fundación Éxito, reporta que en la etapa inicial acompañaron a 32.000 familias en 78 municipios de los cinco departamentos más golpeados, incluido San José del Palmar, epicentro del terremoto, con una inversión superior a COP 1.883 millones y más de 500 toneladas de paquetes alimentarios. Parte de esos recursos llegaron a través de ‘Goticas’, programa de donaciones en las cajas de los almacenes Éxito, Carulla, Surtimax y Super Inter, y de mercados solidarios que los clientes podían comprar directamente sin preocuparse por la logística. "Por cada peso donado, Fundación Éxito aportó y seguirá aportando en la segunda fase de atención 2,4 pesos adicionales, multiplicando el alcance y el impacto de la ayuda", señaló Pineda.
A partir de noviembre, la Fundación Éxito entrará en una segunda fase que se extenderá hasta diciembre de 2027 y comprenderá un acompañamiento de 14 meses en los territorios más golpeados, con programas de nutrición materno infantil, salud mental a través de su iniciativa ‘Vivir Plenamente’, y formación para el empleo.
En los albergues y las veredas
Para canalizar la asistencia en albergues, centros de salud y comunidades damnificadas, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (Ábaco) articuló un corredor humanitario junto a sus bancos locales y aliados para movilizar alimentos, bebidas y artículos esenciales en Caldas, Chocó, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca.
Según datos consolidados provistos por la entidad, Ábaco ha gestionado 5.795.765 kilogramos de ayuda humanitaria, de los cuales 5.221.109 kilogramos figuran como entregados, beneficiando a 34.953 familias en municipios como Manizales, Quibdó, Armenia, Pereira, Buenaventura y Cartago. A esto se suman COP 2.229 millones recaudados en donaciones monetarias para la compra de alimentos y la logística de transporte.
Como lo advirtieron varias de las organizaciones sociales consultadas por este diario, más allá de la conmoción inicial, la verdadera prueba ocurre en el día a día de las familias que intentan ponerse de pie.
La Fundación Internacional María Luisa de Moreno canalizó su respuesta al sismo a través de ‘Hoy por Colombia’, una campaña que moviliza donantes y voluntarios en todo el país. Su modelo se apoya en una red de más de 15.000 voluntarios presentes en todos los departamentos, quienes recorren veredas y zonas apartadas para identificar familias afectadas: aplican planillas, evalúan cuántas personas componen el hogar, su situación económica y su grado de vulnerabilidad. Con esa información, según explica David Lozano, coordinador nacional, la organización sale a pedirles a los donantes exactamente lo que cada afectado o su familia necesita: desde pañales y mercados hasta sillas de ruedas. “Eso lleva a poder entregar a los beneficiarios las ayudas que corresponden”, dice Lozano.
Además, esta fundación hizo brigadas de salud con médicos voluntarios en compañía del Ejército Nacional, institución con la que trabaja desde 2011, en Buenaventura, Cali, Chocó y Pereira. Según Lozano, atendieron a más de 2.400 personas, con más de 4.500 atenciones en medicina general, odontología, psicología, nutrición y fisioterapia, entre otras especialidades. Lo que viene, cuenta, es la construcción y el alistamiento de viviendas: ‘Hoy por Colombia’ busca aportes para las familias que lo perdieron todo y necesitan levantar su casa, y para las que se quedaron sin enseres. Para Lozano, la reconstrucción "va para largo".
Pero, entre tantas necesidades urgentes de los afectados por el terremoto, había una menos visible: la de quienes el sismo dejó sin los dispositivos que les permitían moverse. La Fundación CIREC, dedicada a la rehabilitación integral de personas con discapacidad, se coordinó con las autoridades locales desde el 10 de agosto para identificar a personas que el sismo dejó sin sillas de ruedas, muletas, caminadores o colchones antiescaras, estos últimos necesarios para prevenir heridas en quienes pasan largos períodos en cama.
La gerente de Impacto Social y Cooperación, Catherine Guarín, explica que el terremoto también reveló un subregistro: personas con discapacidad que vivían sin atención antes del sismo y que la emergencia terminó por visibilizar.
Con esa información, la fundación llegó a cuatro comunidades étnicas en el Atrato chocoano, donde entregó sillas de ruedas, muletas, caminadores y bastones a 30 personas, y proyecta entregar cerca de 400 dispositivos de movilidad antes de que termine el año en Manizales, Caldas y Buenaventura.
Desde el territorio
En el Chocó, cuando la tierra dejó de temblar, la falta de comunicaciones amenazaba con aislar aún más a la región en medio de la emergencia. Eso no detuvo a la Fundación Te Abrazo Colombia, que fue una de las primeras en moverse.
Para Yan Carlos Palacios, su líder, había que intervenir desde lo local. Esta fundación y sus voluntarios armaron su propio censo, recorriendo albergues y mapeando los daños. Apoyados por Unid Latam, la Fundación Social Ferea y la organización Share to Love, entregaron 500 mercados en siete barrios de Quibdó, aliviando a unas 1.500 personas en los días más críticos. También repartieron medicamentos hasta el Carmen del Darién, a la par que brindaban acompañamiento psicosocial a madres, niñas y niños.
Ahora buscan reunir recursos para, a finales de este año y comienzos de 2027, empezar a recuperar viviendas, ya sea apoyando la reconstrucción o entregando kits con materiales. Pensando a largo plazo, Palacios dice: "¿Por qué no pensar en proyectos de desarrollo o proyectos de recuperación temprana en el territorio a través de organizaciones locales? Creo que es lo que se necesitaría".
Más al sur, en Manizales, la Fundación Obras Sociales Betania puso el foco en quienes más lo necesitaban: niñas, niños y adultos mayores, y la recuperación de los hogares de estos. Hoy, una parte de la fundación está volcada a la reconstrucción, con un equipo de ingenieros, arquitectos y trabajadores sociales que realizan visitas basadas en la información de la Alcaldía.
Con ese enfoque repararon el Hogar Guadalupe, un ancianato, y avanzan en la adecuación de la sede del ICBF Santa Bernardita, dos instituciones que en conjunto atienden a más de 300 personas. Además, tienen 27 viviendas priorizadas para reparación, algunas ya terminadas y otras todavía en obra.
El criterio para actuar, explica la fundación manizaleña, es la "habitabilidad express": concentrarse en las viviendas que necesitan intervenciones rápidas para que las personas puedan volver a ellas, en lugar de las que están demolidas o colapsadas, cuya atención es más costosa y de largo plazo. "Es muchísimo más lo que falta que lo que se haya hecho para la reconstrucción", dice Beatriz Pardo Trujillo, directora de la fundación.
El reto de brindarle una vivienda a quienes lo perdieron todo también lo asumió la Fundación Barco, desde Cali. Su director general, Alfonso Otoya, cuenta que tras buscar volquetas para retirar escombros en la capital vallecaucana, el panorama rural los sorprendió: en la Cordillera Occidental, lejos de los cascos urbanos, el daño en viviendas era enorme. El departamento registró más de 13.000 viviendas destruidas, según la UNGRD. Para evitar que estas familias abandonaran su patrimonio y migraran a las ciudades, Otoya propuso a la Fundación TECHO una idea: "Hagamos un piloto, hagamos una prueba, mostremos que esto se puede".
Bajo ese modelo, en apenas tres semanas entregaron 30 soluciones habitacionales de 22 metros cuadrados en las veredas El Silencio y Miravalle, en el municipio de Restrepo (Valle del Cauca). Ahora buscan recaudar COP 378 millones adicionales para construir cerca de 20 viviendas más.
La Fundación TECHO Colombia ha sido el brazo operativo de estas construcciones rápidas en la ruralidad. A la fecha han levantado 38 viviendas de emergencia en el Valle del Cauca, beneficiando directamente a aproximadamente 200 personas. Su directora de Alianzas y Desarrollo de Fondos, Alexandra García, señala que la meta es construir hasta 100 viviendas en 2026 y escalar a 1.000 en 2027. Para ella, el enfoque está en esas familias rurales que ya enfrentaban profundas brechas sociales antes del sismo.
"Hay un mensaje que considero fundamental: las emergencias no terminan cuando desaparecen de los titulares ni cuando disminuye la atención pública", reflexiona García, quien también hace el llamado a que la solidaridad ciudadana y empresarial no cese.
El reto que viene: la transparencia
Pese a todo lo movilizado y la solidaridad de la ciudadanía en general, varios de los directivos de fundaciones consultados para este artículo identifican un cuello de botella para lo que viene: la trazabilidad de las ayudas, lo que también implica la transparencia de las cifras.
Sobre esto enfatiza Alexandra García, de la Fundación TECHO: "la transparencia no debe ser un valor agregado, sino una condición natural de cualquier proceso de reconstrucción. Las empresas, los ciudadanos y las instituciones que aportan recursos deben poder conocer cómo se ejecutan, a qué comunidades llegan y qué resultados generan, mediante información clara, documentación, seguimiento y rendición de cuentas".
Al final, lo más largo apenas empieza. La reconstrucción puede tomar años, con un costo que el Gobierno estima en cerca de COP 30 billones, y eso exigirá que la solidaridad de estos primeros dos meses no se agote, sino que se sostenga hasta que las soluciones sean reales y duraderas.
💰📈💱 ¿Ya se enteró de las últimas noticias económicas? Lo invitamos a verlas en El Espectador.