
Cuando a Nicolás Pinto le empezaron a hacer chistes por su pérdida de cabello, entre sus amigos surgió uno que antes se hacía con frecuencia en Bogotá: “Nos tocó ir a Turquía”. Y no es casualidad, ese país encabeza la demanda global, con más de 690.000 búsquedas al año de trasplantes capilares. Lo curioso es que esa recomendación seria hoy suena a broma, por una razón que él aprendió buscando alternativas para enfrentar su prematura calvicie: ya no hay que ir a Medio Oriente por un tratamiento. En el norte de la capital crecen, como nuevos folículos capilares, clínicas de injerto de cabello, con amplio auge entre los hombres.
El cabello para los hombres
Martín Castillo Rueda, de 37 años, es médico cirujano con especialización en medicina estética y tricología especializada en trasplante capilar de última generación. A las 10:00 a.m. recibe en su consultorio a Nicolás, quien hace dos años empezó a notar espacios blanquecinos en su coronilla. Después de varias citas de control, llegó el momento de la “cirugía”. “A mí el cabello me da seguridad, tranquilidad y paz. ¡Me gusta! Nunca me he imaginado calvo. Esa es la verdad”, señala el paciente.
“Hace dos años —agrega— noté mi pérdida de cabello. Cuando viajaba con mis compañeros, luego de meternos a una piscina o tenía el cabello húmedo, notaba cómo al peinarme se veía prácticamente transparente. Eso me llevó a tomar la decisión de hacerme el procedimiento, porque a mí siempre me ha gustado tener el pelo largo y siempre lo he usado así. He empezado a usar gorra y me gusta, pero cuando pasa de ser un accesorio a algo obligatorio, es más incómodo”.
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Castillo Rueda, quien lleva más de 15 años estudiando la ciencia del cabello, lo analiza así: “En el pelo del hombre confluyen inseguridades y dudas. Cuando se soluciona de forma eficaz, el relacionamiento consigo mismo y con los demás mejora. En las mujeres el cabello también es vital, pero la alopecia no se presenta de forma tan severa, porque no producen testosterona ni dihidrotestosterona en las mismas proporciones”.
En los hombres la causa principal es la alopecia genética, con el 70 % de los casos. En Colombia, particularmente, uno de cada cuatro hombres está en riesgo de padecerla y muestra síntomas entre los 25 y 35 años, que es cuando se produce el pico más alto de testosterona, generando mayor fragilidad capilar y pérdida severa. “Factores como el estrés crónico (laboral, económico, familiar o académico) pueden acelerar la alopecia genéticamente determinada, entre 10 y 15 años antes de lo previsto”, cuenta el médico.
Si bien hace 15 años el trasplante capilar era limitado —debido a los costos, los tabúes y los asuntos científicos—, hoy no solo es un negocio próspero, sino que empieza a ser más aceptado entre los hombres.Esta práctica lidera las búsquedas de turismo estético en el mundo, acumulando más de 1,28 millones de reportes anuales, en los que Turquía encabeza la demanda global con casi el 53 %. Le siguen el Reino Unido (217.048 búsquedas/año), Singapur (44.906), India (42.412), Irlanda (40.915) y México (29.938).
En ese escalafón particular, Colombia se ubica en la posición 18, con casi 7.500 consultas anuales. Y en cirugía estética general, se ubica tercera del mundo con la mayor proporción de pacientes extranjeros, alcanzando el 30 % del total de atenciones, con Bogotá como protagonista. “Aunque la seguridad no se basa solo en lo físico, la apariencia influye. Vemos cómo los hombres pueden recuperar visualmente entre 10 y 14 años de edad al recuperar el cabello”, resalta Castillo.
Un negocio que crece
En Colombia ya se registran casi 100 establecimientos especializados en restauración capilar, de los cuales 24 están en Bogotá. El 84,7 % de los pacientes son hombres, pero la participación de las mujeres crece de forma constante. El doctor Martín se empezó a interesar en estos procedimientos desde los 17 años. Incluso se sometió a un injerto capilar en su clínica. “Empecé a investigar y vi que hace 20 años era común querer ser cirujano plástico o reconstructivo. Eso me abrió un espectro de posibilidades, donde me llamó la atención la transformación desde la medicina estética y la restauración de lo que el tiempo se lleva, como el pelo”, dice.
Aunque no se considera un procedimiento invasivo, este servicio requiere habilitación como profesional independiente o como IPS para la prestación del servicio. Para el trasplante se evalúan las áreas en donde se ha perdido cabello y luego se da un proceso que se podría asemejar a la “siembra”, pero de cabello. “Es un procedimiento mínimamente invasivo o menor. No hay cortes con bisturí, ni anestesia general, ni sedación, lo que lo libera de los riesgos de una cirugía convencional, en la que sí pueden darse efectos secundarios con la sedación o anestesia general; sangrado por cortes con bisturí, e infecciones por bacterias resistentes en sitios no autorizados”, señala Castillo.
Sin embargo, el procedimiento de implante capilar sí es minucioso y dispendioso, pero sencillo para el paciente. Consta de tres etapas: la extracción, en la que con un esfero/bisturí eléctrico, se toman folículos de la zona occipital y lateral de la cabeza (atrás y a los lados); refrigeración, en la que los folículos se llevan a temperaturas entre los -2 °C y 2 °C, para mantenerlos vivos entre tres y seis horas, e implantación, donde, con anestesia local, se abren microcanales en la zona receptora, respetando la dirección de crecimiento, y se introducen los folículos.
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En cuanto a los costos, normalmente las clínicas estéticas cobran por folículo extraído e implantado. En un cráneo de tamaño promedio, unas entradas medianas o una coronilla requieren entre 2.500 y 3.000 folículos, lo cual varía según la raza, el tipo de cabello y densidad. “En un sitio reconocido, un procedimiento de alta calidad para unas entradas o coronilla puede costar hasta COP 11 millones. Hace 20 años podía costar hasta COP 40 millones, con la técnica antigua, que no funcionaba. Si se requiere pelo en toda la cabeza, el costo puede duplicarse”, explica el doctor.
A nivel global, la cirugía capilar se convirtió en una industria que movió 4.500 millones de dólares en un año. Acá, como en todo procedimiento estético, los médicos hacen una recomendación clave: desconfiar de precios muy bajos y siempre verificar las certificaciones de cada sitio o especialista que se visiten.
Más allá del tabú
Estudios indican que solo el 44 % de los pacientes a nivel mundial planea contarle libremente a otras personas que se realizó un trasplante capilar, lo que demuestra que el estigma o la reserva en torno al procedimiento aún persisten. En esto, Nicolás, está de acuerdo: “Creo que sí es un tabú, porque nosotros no somos de hablar acerca de nuestras inseguridades, tal vez por miedo al qué dirán o por verse afectados por la opinión social y dejarse llevar por sus comentarios. Pero considero que eso es más de actitud y convicción personal. Yo no me dejo llevar por el qué dirán. Lo hago porque me siento bien y solo me importa cómo me sienta por dentro”.
Castillo indicó: “Para los hombres el cabello es sumamente importante: representa el signo de la juventud, la vitalidad, la masculinidad y gran parte de la seguridad. A diferencia de las mujeres, donde la juventud suele definirse por la piel o los labios, en los hombres el cabello agrupa la autoestima y la autoimagen en el relacionamiento, pero eso viene acompañado de los tabús ligados a la percepción de la masculinidad, opuesta a la idea de estética”.
Pero las mujeres también comienzan a cumplir un rol en estos procedimientos. Por ejemplo, el doctor cuenta de casos en donde mujeres han perdido sus cejas a causa de traumas y estrés. Un estudio clínico publicado en 2024 sobre pacientes de un centro dermatológico de Bogotá entre 2018 y 2021 registró 213 pacientes, de los cuales el 95,31 % eran mujeres (con una mediana de edad de 60 años) y un 56,34 % presentaba pérdida simultánea en ambas cejas.
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Sin duda el cabello es también identidad. Y en un país en el que los procedimientos estéticos van en aumento (10 % en el último año), el trasplante capilar se proyecta como uno de los grandes negocios estéticos de la década. Uno en el que ya no hay que tomar un avión para acceder a un servicio que promete devolver parte de esa esencia que alberga el cabello y muchos se niegan a perder, pero que aún causa timidez el reconocer. “Para combatir eso”, dice Nicolás, mientras terminan de implantarle unos cientos de folículos, “siento que lo importante es rodearse de gente que lo quiere y lo apoya a uno, entendiendo que esto se hace por la propia paz y tranquilidad”.
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Rocío(snj3i)•Hace 11 horasGracias
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antonio(7747)•Hace 11 horasEn todo caso no vayan a ir al médico que tumbó a Petro con esos implantes.