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Así es como algunos animales cambian su temperatura corporal para sobrevivir

Algunas criaturas pueden alterar drásticamente su temperatura interna —una estrategia denominada heterotermia— y sobrevivir a tormentas, inundaciones y depredadores.

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Hannah Thomasy - Knowable Magazine
21 de marzo de 2026 - 02:00 p. m.
Según investigaciones recientes, la heterotermia evolucionó de forma independiente en múltiples ocasiones entre mamíferos y aves. Muchas de estas criaturas utilizan el letargo, en el que se reduce el metabolismo y la temperatura corporal se acerca a la temperatura ambiente.
Según investigaciones recientes, la heterotermia evolucionó de forma independiente en múltiples ocasiones entre mamíferos y aves. Muchas de estas criaturas utilizan el letargo, en el que se reduce el metabolismo y la temperatura corporal se acerca a la temperatura ambiente.
Foto: DAVID DENNIS, DEBORAH METTERS, SAM GORDON, NIGEL VOADEN / iNATURALIST.ORG
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En 1774, el médico y científico británico Charles Blagden recibió una invitación inusual de un colega médico: pasar un tiempo en una pequeña habitación que era más calurosa, según escribió, “de lo que antes se creía que cualquier ser vivo podía soportar”.

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Muchas personas se habrían horrorizado ante esta propuesta, pero Blagden se sintió encantado con la oportunidad de experimentar consigo mismo. Se maravilló al ver que su temperatura se mantenía en 98 grados Fahrenheit (aproximadamente 37 grados Celsius), incluso cuando la temperatura de la habitación se acercaba a los 200 °F (unos 93 °C).

Hoy en día, se sabe que esta capacidad de mantener una temperatura corporal estable, llamada homeotermia, existe entre innumerables especies de mamíferos y aves. Pero también hay algunas excepciones notables. La temperatura corporal del lémur enano de cola gorda, por ejemplo, puede fluctuar casi 45 °F (25 °C) en un solo día.

De hecho, cada vez son más los estudios que sugieren que muchos más animales de lo que los científicos creían emplean este enfoque flexible —la heterotermia— variando su temperatura corporal durante minutos, horas o semanas. Esto puede ayudar a los animales a sobrevivir a todo tipo de peligros.

“Como somos homeotermos, asumimos que todos los mamíferos funcionan como nosotros”, afirma Danielle Levesque, ecofisióloga especializada en mamíferos de la Universidad de Maine. Pero en los últimos años, gracias a las mejoras tecnológicas que han permitido a los investigadores seguir más fácilmente a los animales pequeños y su metabolismo en la naturaleza, “estamos empezando a descubrir muchas más rarezas”, afirma.

La forma más extrema —y conocida— de heterotermia es la hibernación clásica, que se ha estudiado más extensamente en animales que la utilizan para ahorrar energía y así sobrevivir a los largos y fríos inviernos del hemisferio norte. Estos animales entran en largos periodos de lo que los científicos denominan letargo profundo, en los que el metabolismo se ralentiza hasta casi detenerse y la temperatura corporal puede descender hasta casi el punto de congelación.

Pero la hibernación es solo un extremo de lo que algunos científicos consideran ahora un espectro. Muchos mamíferos pueden entrar en episodios más cortos de letargo superficial —definido vagamente como reducciones menores del metabolismo y fluctuaciones menores de la temperatura corporal— cuando surge la necesidad, lo que sugiere que el letargo tiene más funciones de las que los científicos creían anteriormente.

“Es extremadamente complicado”, afirma el fisiólogo comparativo Fritz Geiser, de la Universidad de Nueva Inglaterra, en Australia. “Es mucho más interesante que la homeotermia”.

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Los murciélagos australianos Nyctophilus bifax, por ejemplo, ajustan su letargo en función de los cambios diarios en las condiciones meteorológicas. Mari Aas Fjelldal, bióloga especializada en murciélagos de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida y la Universidad de Helsinki, utilizó pequeños transmisores para medir la temperatura de la piel de 37 murciélagos en libertad en Australia mientras realizaban sus actividades diarias. Al igual que muchas especies heterotérmicas, los murciélagos pasaban más tiempo en letargo cuando hacía frío, pero también caían en letargo con más frecuencia cuando aumentaba la intensidad de la lluvia y el viento, según informaron Fjelldal y sus colegas en Oecologia en 2021. Este letargo tiene sentido, dice Fjelldal: el viento y la lluvia hacen que volar requiera más energía —un gran problema cuando se pesa menos que un paquete pequeño de M&M’s— y hacen que sea más costoso encontrar los insectos que comen los murciélagos.

Incluso hay reportes de murciélagos grises preñados que entran en letargo durante las impredecibles tormentas primaverales, una maniobra fisiológica que básicamente detiene su embarazo. “Esto significa que, hasta cierto punto, pueden decidir cuándo dar a luz, lo que resulta muy útil cuando se vive en un entorno que puede ser bastante duro en primavera”, afirma Fjelldal. Fjelldal, que no participó en ese estudio, señala que producir leche es costoso desde el punto de vista metabólico, por lo que es ventajoso dar a luz cuando hay buena disponibilidad de alimentos.

Otros animales, como los petauros del azúcar —pequeños marsupiales de nariz rosada que “vuelan” entre los árboles utilizando pliegues de piel similares a alas— rara vez utilizan el letargo, pero parecen capaces de aprovecharlo en caso de emergencias climáticas importantes. Durante una tormenta con vientos ciclónicos de categoría 1 de casi 100 kilómetros por hora y 9,5 centímetros de lluvia en una sola noche, los petauros eran más propensos a permanecer acurrucados en sus nidos en los huecos de los árboles, y muchos entraron en letargo, reduciendo la temperatura corporal de 34,5 °C (94,1 °F) a una media de unos 19 °C (66 °F), según descubrieron Geiser y sus colegas.

De manera similar, en respuesta a una inundación accidental en el laboratorio, los investigadores observaron un período muy inusual de letargo de varios días en un ratón espinoso dorado, cuya temperatura alcanzó un mínimo de unos 24 °C (75 °F).

Este uso más flexible del letargo puede ayudar a los heterotermos a esperar a que pase una catástrofe, afirma Geiser. Por el contrario, las especies homeotermas no pueden simplemente reducir su necesidad de comida y agua y es posible que no sean capaces de sobrevivir a condiciones difíciles.

“Quizás no haya comida, quizás no haya agua, quizás esté muy caliente”, afirma la ecofisióloga Julia Nowack, de la Universidad John Moores de Liverpool, en Inglaterra, coautora del estudio sobre los petauros del azúcar. El letargo, especialmente en los trópicos, tiene “muchos desencadenantes diferentes”.

Amenazas de otro tipo, como la presencia de depredadores, también pueden provocar el letargo. El lirón gris, por ejemplo, a veces entra en largos periodos de letargo a principios del verano. Al principio, este comportamiento desconcertó a los investigadores: ¿por qué dormir durante el verano, cuando las temperaturas son agradables y hay comida en abundancia, sobre todo si eso significa renunciar a la oportunidad de reproducirse?

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Después de examinar años de datos recopilados por varios científicos, dos investigadores llegaron a la conclusión de que, dado que la primavera y el comienzo del verano son períodos especialmente activos para los búhos, estas pequeñas criaturas, que son un bocado apetecible, probablemente optaban por pasar las noches en letargo, escondidas a salvo en madrigueras subterráneas, para evitar convertirse en la cena. En lo que se cree que es una estrategia similar para evitar a los depredadores nocturnos, los murciélagos de Fjelldal modifican ligeramente su letargo en función de la fase lunar, pasando más tiempo en estado de letargo a medida que la luna se llena y se vuelven más fáciles de detectar.

El dunnart de cola gruesa, un marsupial carnívoro parecido a un ratón originario de Australia, es una tercera especie que se mantiene oculta cuando siente que corre más riesgo de ser devorado. En un estudio, los investigadores colocaron dunnarts en dos tipos de recintos: algunos tenían mucha cobertura del suelo en forma de láminas de plástico, simulando un entorno protegido de los depredadores, mientras que otros recintos tenían poca cobertura, simulando un mayor riesgo de depredación. En los entornos de mayor riesgo, los animales se alimentaban menos y su temperatura corporal se volvía más variable.

Levesque, que ha estudiado una flexibilidad térmica similar en musarañas arbóreas de gran tamaño, afirma que incluso pequeñas variaciones en la temperatura corporal pueden ser importantes para ahorrar agua y energía.

De hecho, la pérdida de agua durante el tiempo caluroso puede suponer un grave riesgo para muchos mamíferos, y la heterotermia es una importante herramienta de conservación para algunos. Como observó Blagden, las personas son maravillosamente capaces de mantener temperaturas estables incluso en entornos terriblemente calurosos, debido en gran parte a nuestra capacidad de sudar. Pero esta no es necesariamente una buena estrategia para los mamíferos más pequeños, ya que el enfriamiento por evaporación en un clima sofocante puede provocar rápidamente la deshidratación.

En cambio, criaturas como los murciélagos Macronycteris commersoni de Madagascar utilizan el letargo. En los días cálidos, los murciélagos entran en pequeños episodios de letargo que duran solo unos minutos. Pero durante los días especialmente calurosos, los murciélagos entran en letargo durante hasta siete horas, reduciendo su metabolismo a menos del 25 % de lo normal y permitiendo que su temperatura corporal aumente hasta los 42,9 °C (109,2 °F). En un experimento con zarigüeyas de cola anillada, el aumento leve de su temperatura corporal en unos 3 °C (5,4 °F) durante una ola de calor simulada les ahorró a los animales unos 10 gramos de agua por hora, una cantidad considerable para una criatura que pesa menos de 800 gramos.

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Este modo de vida heterotérmico proporciona a algunos animales un pequeño margen de maniobra a la hora de hacer frente a la variabilidad de su entorno, afirma el ecólogo fisiológico Liam McGuire, de la Universidad de Waterloo, en Ontario, Canadá. Sin embargo, según él, su eficacia es limitada, ya que es poco probable que la heterotermia les exima del reto que supone la rápida evolución de las condiciones meteorológicas provocada por el cambio climático.

En cuanto a Blagden, consideraba que el cuerpo humano tenía una capacidad extraordinaria para mantener una temperatura constante, incluso “generando frío” cuando la temperatura ambiente subía demasiado. Hoy en día, sin embargo, los científicos están empezando a darse cuenta de que, para muchos mamíferos, permitir que la temperatura corporal sea un poco más flexible también puede ser clave para la supervivencia.

*Este artículo fue publicado originalmente en Knowable en español y traducido por Debbie Ponchner.

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Por Hannah Thomasy - Knowable Magazine

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