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“Colombia ocupa todo el espacio en el corazón de un botánico”

María-Paz Martín Esteban es la directora del Real Jardín Botánico de Madrid, uno de los más importantes y antiguos del mundo. Estuvo en Colombia para impulsar una alianza que busca rescatar el espacio que fundó José Celestino Mutis en Mariquita, Tolima, donde vivió por casi ocho años. Quieren que vuelva a ser un epicentro de la ciencia.

Catalina Sanabria Devia

12 de febrero de 2026 - 10:05 a. m.
María-Paz Martín Esteban es experta en micología (el estudio de los hongos) y en taxonomía.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Durante casi ocho años, José Celestino Mutis, uno de los botánicos más reconocidos del siglo XVIII y quien dirigió la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, vivió en Mariquita, Tolima. Allí, en la década de 1780, el científico fundó uno de los primeros jardines botánicos de América Latina, donde investigó sobre la canela, la quina, la nuez moscada, el añil y el café.

La creación de ese espacio, que era para la aclimatación y experimentación de especies, fue un hecho “muy importante”, en palabras de Guillermo Pérez, director de la Fundación Segunda Expedición Botánica (Funbotánica). Ahora, siglos después, diversas instituciones se han unido buscando adecuar algunas hectáreas de bosque para recuperar ese jardín botánico, y que Mariquita vuelva a ocupar un lugar central en la ciencia.

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En esa iniciativa han participado el Jardín Botánico de Bogotá (JBB), la Alcaldía de Mariquita y Funbotánica. También se ha sumado el Real Jardín Botánico (RJB) de Madrid, España, cuya directora estuvo en días recientes en un recorrido por Colombia para apoyar ese objetivo. En entrevista con El Espectador, María-Paz Martín Esteban, quien además es profesora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y experta en micología (el estudio de los hongos) y taxonomía, habla sobre su visita al país, así como el papel de la mujer en estas instancias y los retos que deja el cambio climático.

Llegó a Colombia para entablar alianzas y buscar estrategias que permitan revitalizar el histórico jardín botánico de Mariquita. Cuéntenos sobre esta apuesta…

Para mí, como bióloga botánica, estar en Mariquita es una experiencia única: poder entrar a la casa de José Celestino Mutis y recorrer los lugares en los que estuvo. Además de un jardín botánico de experimentación, que se utilizaba para cultivos como el de café o quina, tenía la suerte de que al lado está lo que llamamos “el bosque de Mutis”, donde se iba a recolectar plantas, que luego se llevaban a ilustradores botánicos. No eran solo artistas que venían de España, sino que se formó a un grupo de criollos jóvenes de 13, 14 y 15 años.

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Creo que para el legado de Mutis es muy relevante reabrir esto, de alguna manera. Mariquita tiene que volver a ser ese centro de peregrinación científica, y tampoco podemos olvidar la parte artística, de ilustración botánica. Actualmente tenemos la fotografía, pero existen muchas características que con ella aún no se terminan de intuir. Hay que dedicarle tiempo a observar la planta y después transcribirla en el dibujo.

En Mariquita, José Celestino Mutis formó a jóvenes ilustradores botánicos.
Foto: Lisbeth Fog

Todo eso lo podemos hacer con estas alianzas de cooperación entre jardines botánicos y universidades de Colombia, el Real Jardín Botánico y otros actores que pueda haber en España; a lo mejor el Ayuntamiento de Cádiz se quiera sumar, porque Mutis era de allí. En 2024 firmamos una colaboración con Funbotánica y, en muy poco tiempo, hemos podido coordinar este viaje. Ya tenemos pensado, para principios de mayo, recopilar información sobre diferentes localidades para construir “La ruta Mutis”, y que las personas la puedan recorrer.

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A propósito de esa cooperación y del intercambio de conocimientos, ¿qué nos puede decir sobre la relación entre Colombia y España en estos asuntos botánicos y del legado que dejaron grandes científicos como Mutis?

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La colaboración con Colombia es una de las más antiguas que sostiene el RJB. De hecho, la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, dirigida por Mutis, fue financiada por la Corona. Ya desde ese primer momento había una cooperación, en la década de 1780. El Real Jardín Botánico tiene, en su archivo, la colección de dibujos de esa expedición, los cuales son muy famosos. De hecho, han sido catalogados por la Unesco como algo fundamental para el mundo, y nosotros los cuidamos con mimo. La jefa de archivo, Esther García Guillén, y todo su equipo hacen un gran trabajo para conservar ese legado.

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Hemos tenido suerte, porque esa colección ha estado en Madrid, donde el ambiente es poco húmedo, y eso ha favorecido su conservación sin tener herramientas como las que existen ahora, como los armarios especiales para guardarla. En su época estaban en arcones de madera. La verdad, es una maravilla poder ver esos dibujos al natural, pero incluso los hemos digitalizado y están a disposición todo público. En línea se puede ver cualquier lámina de Mutis, cualquier planta, en unos tamaños estupendos. Y aquí en Colombia, en la Biblioteca Nacional, hace un par de años tuvimos una exposición de estas ilustraciones.

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Es micóloga, se especializa en el reino Fungi. Háblenos sobre los hongos que es posible encontrar en Mariquita…

En esta primera incursión, lo que sorprende es que no hay registros de la micología, de los hongos que pueden estar en el bosque de Mutis. Y estos hongos tienen una labor muy importante, porque muchos son degradadores de la madera. De no ser por ellos, la madera se iría acumulando, no desaparecería. Mientras que la celulosa sí se degrada con algunas bacterias; otro componente, la lignina, solo puede ser descompuesto por un grupo muy especial de hongos. Sería muy interesante conocer cuáles son esas especies que degradan la madera allí porque algunas no las tenemos en España o incluso en Europa. Se debe hacer el catálogo no solamente de lo verde, de lo que más vemos, sino también de los hongos. Lo bueno del bosque es que es una red, entonces hay que registrar todos esos elementos.

En Mariquita, además de que se fundó el jardín botánico de experimentación, al lado se encuentra el llamado “bosque de Mutis”.
Foto: Lisbeth Fog

Ahora tenemos herramientas moleculares que nos pueden ayudar a hacer los estudios de ADN. Empecé mi tesis doctoral para intentar optimizar la técnica de la PCR (reacción en cadena de la polimerasa), que ahora más o menos el público conoce, tras la pandemia de covid-19. Aunque la gente no sabe exactamente qué es la prueba de PCR, comprende que se utiliza para identificar organismos, tanto virus como bacterias, plantas y hongos. Nosotros, en el RJB, tenemos un proyecto en la zona de plantas distribuidas sistemáticamente, es decir, por nombre, por orden de familias, etcétera. Estudiamos el suelo y qué organismos (como los hongos) se encuentran asociados a las raíces de las plantas. No los vemos, pero están ahí, haciendo un gran trabajo ecosistémico.

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A Colombia vienen muchos científicos a hacer sus expediciones y describen nuevas especies. ¿Qué lugar ocupa este país en el corazón de un botánico?

Colombia, y podríamos decir que casi toda Hispanoamérica, ocupa todo el espacio en el corazón de un botánico, porque sabemos la gran biodiversidad que tiene. Por ejemplo, nosotros contamos en el herbario con especialistas como José Luis Fernández Alonso, quien llegó a este país para hacer sus primeros estudios como becario, se terminó quedando durante 25 años y se posicionó como profesor de la Universidad Nacional, en Bogotá. A él, que ya ha vivido en este país, se le ve entusiasmado cuando mira cada planta. Eso es muy importante. Colombia para nosotros es fundamental, y creo que el papel del RJB es dar apoyo a todo lo que se pueda hacer aquí.

Hablemos de la Amazonia. ¿Cómo percibe la deforestación y las advertencias de que estamos cada vez más cerca de un punto de no retorno en la región?

Soy profesora visitante en la Universidad Federal de Rio Grande do Norte, en Brasil, y he podido, dentro de mi campo, identificar nuevas especies allí. ¿Qué ha pasado? Que una especie de la Amazonia descrita recientemente no se ha vuelto a localizar, porque en el territorio en donde se había encontrado ha desaparecido el bosque. También se han creado muchísimos pantanos y se han inundado las pequeñas islas que están en medio del río Amazonas, donde se habían recolectado muestras. Se debe pensar muy bien cómo trabajar en la Amazonia, pues hay que recuperar la región. Y esa es una tarea no solo de los países amazónicos, sino de todo el mundo; debemos estar apoyando para que pare esa situación.

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Está al frente de uno de los jardines botánicos más importantes del mundo. Ante las crisis por pérdida de biodiversidad, contaminación y cambio climático, y en medio de narrativas negacionistas, ¿cuál diría que es su prioridad en este momento?

Nosotros, en el Real Jardín Botánico, estamos trabajando en el plan del arbolado. Durante los últimos años se ha visto que algunos árboles la están pasando mal porque hemos tenido tormentas que antes no se presentaban. Hace dos años tuvimos la tormenta Filomena, que obligó a que el jardín cerrara por dos meses, pues bajó muchísimo la temperatura. Había nieve, que luego se convirtió en hielo, que a mí me llegaba hasta las rodillas. En Madrid, algunas veces llegamos a -7 °C, pero en los 26 años que yo llevaba en el RJB, nunca habíamos estado a -20 °C.

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Con esas condiciones, en 20 o 30 años, algunas plantas no van a resistir. Y hablo también de los árboles, que siempre los vemos como elementos muy robustos, grandes, fuertes, pero todo eso los afecta a ellos.

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Es la segunda directora mujer del Real Jardín Botánico en sus cientos de años de historia. ¿Cuál es el papel de las mujeres en estos espacios y la importancia de que los ocupen?

La verdad, es un orgullo ser la segunda mujer directora en los 270 años del RJB, que los cumplió el pasado 17 de octubre de 2025. En sus primeros casi 150 años, la figura de la mujer no estaba en los jardines botánicos. Luego, en el siglo XX, llegó una investigadora, una especialista, y algunas conservadoras del herbario. Ahora puedo decir con mucha tranquilidad que la dirección la estamos llevando tres mujeres, las dos vicedirectoras, una de investigación y documentación, Isabel Sanmartín, y otra de jardín y cultura científica, Ricarda Riina.

María-Paz Martín Esteban es la segunda directora mujer del Real Jardín Botánico de Madrid en sus 270 años de historia.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Además, soy de la Comisión de Igualdad del jardín botánico. Cada año vemos y controlamos, en todas las categorías, cuántos empleados son hombres y cuántos mujeres, y qué tipo de contrato tienen. Estamos llegando ya a una igualdad real. Por ejemplo, hay cuatro profesores de investigación, y la mitad son mujeres. Por otro lado, hace unos años no había jardineras, pero ahora sí hay un gran número de ellas. En administración, la mayoría también son mujeres.

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Desde hace muchos años soy mentora de diferentes programas en los que se potencia a las niñas y jóvenes en los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Entonces, los frutos están ahí.

Volviendo al tema de los hongos, ¿qué cree que hace falta por conocer y por entender de este reino?

Pensemos que se conocen alrededor de 380.000 especies de plantas y se cree que puede haber unas 450.000 en todo el mundo. Así, quedarían casi 70.000 por descubrir. Pero es que en el caso de los hongos tenemos entre 130.000 y 140.000 registros, y se estima que pueden existir cinco millones de especies. ¡Nos quedan muchos años de trabajo por delante!

Los hongos cumplen una labor muy importante a la hora de degradar la madera.
Foto: Lisbeth Fog

Para ello es fundamental que los jóvenes se animen a estudiar los hongos desde un punto de vista sistemático. Nos faltan vocaciones científicas. Es muy interesante el trabajo de campo, ponerse las botas y salir a recolectar muestras, pero luego es necesario dedicarle mucho tiempo, con libros, con claves dicotómicas, para llegar a identificarlas. Por supuesto, lo mejor es empezar con un maestro al lado, que enseñe lo que sabe hasta un punto, aunque la persona joven tiene que decir “voy a estudiar el resto, lo que no se conoce”.

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Tengo la suerte de que he podido describir aproximadamente 89 especies nuevas para la ciencia, pero es que quedan millones por conocer. Muchos hongos son macroscópicos y se pueden reconocer un poco, otros son microscópicos y hay que hacer un análisis muy exhaustivo. Los hongos son las levaduras que se utilizan para fermentar la cerveza, el vino y para hacer el pan, existen hongos dentro de las hojas, hongos que tenemos en nuestro organismo. También hay hongos que están creciendo en el suelo, que forman micorrizas, es decir, como hilitos alrededor de las raíces de las plantas. Casi todas las plantas forestales tienen micorrizas y a cada especie le gustan unos hongos en particular. Entonces, falta mucho camino por recorrer y sobre todo, se necesita financiación, el apoyo de las instituciones para que muchos jóvenes puedan realizar esos estudios.

Y cerrando este viaje, ¿cuéntenos cuál es su apreciación sobre el Jardín Botánico de Bogotá?, y, ¿cómo cree que se puede seguir nutriendo este espacio?

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La verdad, es que no he tenido la oportunidad de conocer todo el Jardín Botánico de Bogotá, pero creo que está en muy buena dirección. El otro día conversaba con la directora, María Claudia García, y le comentaba que me parecía muy interesante. Estuvimos viendo la zona de las plantas que están en invernadero, y la que asemeja diferentes ecosistemas, como si se subiera una montaña. Ahora mismo estamos en unos bancos en la huerta, que también la tienen maravillosa. Creo que este jardín botánico está cumpliendo un papel muy importante, sobre todo en cuanto a la educación y a la comunicación ambiental.

Por Catalina Sanabria Devia

Periodista con enfoque en temas ambientales. En El Espectador escribe, principalmente, sobre la Amazonia. También le interesan los asuntos de género y construcción de paz. Ha colaborado en medios como Rutas del Conflicto y Mongabay Latam. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2022).@catalina_sanabrlsanabria@elespectador.com
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