Publicidad

¿Es “runner”? Es hora de fijarse en la contaminación del aire y en el calor

Correr en las calles como deporte se ha vuelto más frecuente. En Bogotá, por ejemplo, el año pasado más de 40.000 personas participaron en una de las carreras más importantes. Esta nueva tendencia tiene beneficios para la salud que se pueden ver contrarrestados por dos problemáticas: la contaminación del aire y el calor.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Daniela Bueno
19 de marzo de 2026 - 02:00 p. m.
Hacer actividad física trae beneficios importantes para la salud. EFE/EPA/ATEF SAFADI
Hacer actividad física trae beneficios importantes para la salud. EFE/EPA/ATEF SAFADI
Foto: EFE - ATEF SAFADI
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Correr es el deporte que está de moda, o por lo menos, así lo muestran las redes sociales y las principales vías de las ciudades en el mundo. Tanto es el boom, que ahora no nos referimos a salir a correr en la calle con ese nombre, si no que le decimos ‘running’ a esta actividad. En 2025, por ejemplo, más de 59.000 corredores participaron en la Maratón de Nueva York. Otras 50.000 lo hicieron en Londres, 60.000 en París, 54.000 en Berlín, casi 40.000 en Tokio, 33.000 en Sídney y 30.000 en Boston.

Colombia no se ha quedado atrás con esta tendencia que viene creciendo desde hace un par de años. En Medellín, por ejemplo, hay carreras que han reunido alrededor de 27 mil personas, y en Bogotá, la Media Maratón del año pasado tuvo más de 40.000 participantes.

(Lea también: Por efectos de frente frío, lluvias en varias regiones del país pueden aumentar: IDEAM)

Alrededor de esta actividad se han creado grupos y hasta clubes para salir a correr o trotar, no solo como un tema deportivo, sino también social. “Ser runner es, también, abrirse a la posibilidad de conocer otra gente, de conocer más sitios. Este deporte, por ejemplo, ha permitido, de manera positiva, que la gente se sienta parte de una causa mayor: hacer una carrera contra el cáncer de seno o para recolectar fondos para niños de escasos recursos. Ese es un aspecto que ha influido para que haya más participantes”, cree Pedro Amariles Muñoz, profesor de la Universidad de Antioquia, corredor y organizador de este tipo de eventos de la institución.

Los beneficios a nivel de salud también son claros y se han documentado en diferentes estudios desde hace varios años. En 2014, por ejemplo, una investigación publicada en Journal of the American College of Cardiology, concluyó que, incluso, correr de 5 a 10 minutos al día y a baja velocidad (9 km/hora), se asocia con una reducción significativa del riesgo de muerte por cualquier causa y por enfermedad cardiovascular.

Estudios más recientes demuestran que los beneficios no solo se obtienen corriendo, el solo hecho de aumentar 5 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa en las personas menos activas podría prevenir alrededor del 6 % de todas las muertes. Si ese mismo incremento se aplicara a casi toda la población, el porcentaje de muertes prevenibles subiría hasta el 10 %, de acuerdo con un par de artículos publicados en enero en The Lancet, la revista médica científica de mayor referencia a nivel mundial.

Pese a que la evidencia científica de los beneficios de la actividad física es amplía, un tercio de la población adulta mundial no cumple con las directrices de la Organización Mundial de la Salud, que estipulan un mínimo de 150 minutos de actividad física de intensidad moderada o 75 minutos de actividad física de intensidad vigorosa semanalmente.

Esta situación podría agravarse por cuenta de dos factores ambientales: la contaminación y el calor. Aunque el ejercicio siempre será bien recibido y recomendado por los profesionales en salud, la actividad al aire libre, especialmente, puede exponer a las personas a mayores concentraciones de contaminación.

(Le puede interesar: “Sueros de rehidratación y bebidas deportivas no son para el consumo diario”: Red PaPaz)

Contaminantes en el aire

Uno de los lugares favoritos para los runners, pero también para quienes montan bicicleta, o caminan como actividad deportiva, son las áreas urbanas señalizadas, pistas de atletismo y parques. En muchos de estos lugares es posible encontrar lo que la docente de la Universidad Industrial de Santander (UIS), Laura Rodríguez, quien se ha dedicado a investigar la salud ambiental, llama un “enemigo invisible, pero que afecta nuestra salud”: la contaminación del aire.

Un estudio publicado hace tres años en la revista científica Nature, señalaba que “entrenar en condiciones de contaminación atmosférica moderada puede contrarrestar los beneficios del ejercicio”. Puntualmente, encontró que entrenar y competir en niveles elevados de contaminación del aire, incluso en exposiciones dentro de las clasificaciones de buena a moderada del Índice de Calidad del Aire, se asoció con tiempos de carrera más lentos.

Otro estudio que se había publicado en la revista Life Science, años antes que el de Nature, concluyó que el efecto combinado de la contaminación del aire y el ejercicio se asoció con un mayor riesgo de posibles problemas de salud de la función cardiopulmonar, la función inmunológica y el rendimiento del ejercicio, después de analizar más de 20 estudios que se han publicado sobre este tema.

Estos riesgos tienen una razón. Los contaminantes como el material particulado (PM 2.5), que son partículas finas más pequeñas que un cabello humano, y gases como el dióxido de nitrógeno o dióxido de azufre, considerados de alto riesgo en la salud humana, ingresan al cuerpo, principalmente, por vías respiratorias. “De allí esas partículas pueden pasar a la parte más pequeña del sistema respiratorio que son los alvéolos pulmonares donde se realiza el intercambio de gases”, explica Rodríguez, de la UIS.

Así como llega el oxígeno hasta ese lugar, los otros gases y partículas, relacionados con la contaminación, también lo pueden hacer, y de ahí pasar a los demás órganos del cuerpo. “Los primeros efectos de la contaminación fueron descritos inicialmente para el sistema respiratorio, pero también se describen los efectos cardiovasculares relacionados con enfermedades isquémicas del corazón y del cerebro”, agrega la docente, PhD en epidemiología.

(Lea también: Casi 5 millones de niños murieron antes de cumplir los cinco años en 2024)

¿Cómo está la calidad del aire en Colombia?

El año pasado, Rodríguez e investigadores de otras siete instituciones académicas nacionales y el Instituto Nacional de Salud (INS) presentaron los resultados de un estudio que analizó qué puede pasar con las personas que están expuestas crónicamente a niveles de contaminación del aire en las ciudades. Esto permitió tener un panorama más claro de cómo está la situación en cinco ciudades del país: Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla.

En general, los niveles de contaminantes del aire en las ciudades de Colombia han venido disminuyendo, especialmente de PM2.5. Pese a esto, en ninguna de las ciudades se llega a los niveles recomendados por la OMS. ¿Cuáles son esos? 5 microgramos por metro cúbico de PM 2.5, desde 2021 (antes era de 10 microgramos).

En todas las ciudades encontraron lugares donde había mayor concentración de contaminantes que en otros. “Hay lugares en los que estamos cerca a los niveles guía, y hay otras donde estamos muy por encima. Estos no siempre están relacionados con actividades industriales, porque hay zonas de predominio residencial donde hay altas concentraciones de contaminantes, que pueden estar relacionados con otras fuentes como el transporte”, explica la docente de la UIS.

Ante esta situación, las recomendaciones que hacen los diferentes estudios y quienes estudian el tema están lejos de prohibir el ejercicio al aire libre, pero sí se recomienda elegir rutas donde haya una menor exposición a contaminantes, especialmente zonas industriales o con altos flujos vehiculares.

Estas estrategias son similares a las que se necesitan para hacerle frente al otro reto: el calor.

Más calor, menos ejercicio

Hace solo unos días, The Lancet publicó un nuevo estudio con una alerta importante: el aumento de la temperatura afectará la inactividad física. Esto quiere decir que, a medida de que haya más calor, también habrá más sedentarismo, y con esto, aumento de las muertes prematuras, e incluso pérdidas de productividad, especialmente en las regiones tropicales.

Puntualmente, este estudio, en el que participó la docente colombiana Juliana Helo Sarmiento, economista de la Universidad de los Andes, señala que cada mes adicional con una temperatura promedio superior a los 27,8 °C aumentaría la inactividad física en un 1,5 % a nivel mundial y en un 1,85 % en los países de ingresos bajos y medios. En regiones más cálidas, como América Central, el Caribe, el oriente subsahariano y el sudeste asiático, la inactividad podría aumentar más de un 4 % por cada mes que la temperatura promedio supere los 27,8 °C.

¿Eso en que se traduce? Por un lado, en 0,47 y 0,70 millones de muertes prematuras adicionales al año, y por otro pérdidas de productividad entre 2.440 y 3.680 millones de dólares estadounidenses.

La diferencia entre unos países y otros se debe a su capacidad de adaptación, según explica Helo. “En países de ingresos altos, las personas tienen mayor capacidad de trasladar su actividad física a espacios cerrados con climatización, lo que amortigua el impacto del calor. En países de ingresos bajos y medios, esa infraestructura no está disponible para la mayoría de la población”, asegura.

Otro factor es que una proporción importante de la actividad física en estos contextos no es discrecional, “es decir, ocurre en el marco del trabajo o el transporte, no del tiempo libre, lo que limita aún más la posibilidad de adaptarse a condiciones de calor extremo”, agrega la coautora del estudio.

Para el caso de Colombia, puntualmente, al ser un país tropical, “concentra buena parte de sus regiones en las franjas de temperatura donde identificamos los efectos más pronunciados”, dice la docente de Los Andes. Eso quiere decir que a medida que aumenten los meses con temperaturas medias superiores a los umbrales, se espera un aumento en los niveles de inactividad física, particularmente en zonas como la Costa Caribe. Las zonas andinas más frías probablemente tendrían una exposición menor, sin embargo, en la medida en que éstas se calienten, podríamos observar efectos similares.

Ante este panorama, el llamado de los investigadores es a priorizar el diseño urbano adaptado al calor, esto implica, ampliar las redes de sombra conectadas, utilizar materiales que no se calienten tanto con el sol y que dejen pasar el agua, en el pavimento, por ejemplo, integrar elementos acuáticos y garantizar el acceso a espacios públicos asequibles y protegidos del clima para la actividad física, es decir, más espacios verdes.

También proponen instalaciones deportivas climatizadas y la comunicación específica sobre los riesgos del calor. Todo esto en conjunto es clave para mitigar estas nuevas cargas sanitarias y económicas.

“Si el calor crónico contribuye a la inactividad física sostenida, esto podría ayudar a explicar el aumento paralelo de la obesidad, reforzando la necesidad de estrategias integradas para las enfermedades no transmisibles y el clima que armonicen la planificación urbana, el transporte y la salud pública”, puntualiza el estudio.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.