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Así trabajan científicos colombianos para proteger tiburones amenazados en el Pacífico

Con una herramienta de ADN ambiental, investigadores buscan identificar la presencia de tres especies de tiburón amenazadas que viven en zonas de pesca en Colombia, para asegurar su conservación. Estos hallazgos podrían ayudar a su monitoreo a nivel internacional.

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29 de enero de 2026 - 02:00 p. m.
Las pruebas fueron realizadas en el PNN Uramba Bahía Málaga.
Las pruebas fueron realizadas en el PNN Uramba Bahía Málaga.
Foto: Cortesía
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En el Parque Nacional Natural Bahía Málaga, ubicado en el Chocó biogeográfico —uno de los lugares más biodiversos del planeta—, viven tres de las especies de tiburón martillo más pequeñas del mundo (Sphyrna corona, S. media y S. vespertina). En las últimas décadas, como explica Diego Cardenosa, científico colombiano vinculado a la Universidad Internacional de Florida (FIU), las detecciones de estas especies —dos de las cuales se encuentran en peligro crítico de extinción a nivel global— se han vuelto progresivamente menores en distintas zonas del continente.

Para avanzar en su conservación, desde 2014, a través de alianzas con comunidades pesqueras, autoridades ambientales e investigadores, se vienen realizando monitoreos para conocer la presencia y evolución de estos tiburones.

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“En estas zonas se realizan monitoreos con tres comunidades locales, en los que los pescadores, durante sus faenas, capturan individuos de estas especies e identifican características como si son machos o hembras”, dice Cardenosa. “Sin embargo, aún no contamos con información muy precisa sobre dónde se encuentran en las diferentes zonas del parque”.

Con esto en mente y tras dos años de trabajo, los investigadores publicaron el estudio “Fantasmas de la corriente: análisis de ADN ambiental para detectar áreas prioritarias de conservación para tres especies de tiburones martillo en peligro crítico de extinción”, publicado a finales de 2025 en la revista Frontiers in Marine Science.

En el estudio, los investigadores detallan el desarrollo de una serie de pruebas de laboratorio que permiten identificar rastros genéticos a partir de muestras de agua tomadas en áreas protegidas, lo que hace posible detectar la presencia de estos animales en los ecosistemas.

Para entender cómo funcionan las pruebas, basta compararlas con las que muchos conocimos durante la pandemia para la detección del covid-19. “En este caso, en lugar de detectar un virus, se detecta el material genético que desprenden estas especies de tiburón al pasar por esos ecosistemas”, asegura Cardenosa.

Una lupa ante la falta de información

Como señala Stephania Rojas, profesional de monitoreo de Parques Nacionales Naturales (PNN) de Colombia, uno de los principales desafíos para la conservación de especies vulnerables en el área protegida es garantizar la continuidad y sostenibilidad de los programas de monitoreo.

“Un reto central es la organización, depuración y análisis de la información histórica disponible, así como la identificación de tendencias temporales en el estado de los objetos de conservación. La ausencia de series de tiempo consolidadas o de análisis integrales limita la capacidad de interpretar los cambios ecológicos, identificar alertas tempranas y orientar la toma de decisiones basada en evidencia”, sostiene Rojas.

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En esto coincide Juan Posada, gerente de Ciencias de la Fundación MarViva y doctor en Oceanografía Biológica, quien asegura que entre los principales desafíos para conservar estos tiburones están “el déficit de información, que puede traducirse en el diseño de áreas marinas protegidas con bases insuficientes, así como los recursos financieros y humanos limitados, lo que se refleja en pocos guardaparques para áreas marinas enormes, discontinuidad en la investigación y dependencia de la cooperación internacional”.

Ante estos retos, los investigadores decidieron desarrollar las pruebas, para lo cual fue necesario secuenciar el ADN de las especies, algo que no se había logrado hasta ahora. Las muestras se obtuvieron a partir de especímenes conservados en colecciones biológicas del país y se utilizaron para crear pruebas que solo se activan en presencia de su ADN.

“Nos demoramos casi dos años hasta encontrar la combinación perfecta entre los reactivos, el diseño interno de la sonda y las temperaturas de la reacción química específica. Luego de múltiples pruebas en laboratorio, logramos un modelo con alta fiabilidad”, cuenta Cardenosa.

Con estos insumos, se hicieron pruebas en las costas del PNN Bahía Málaga. Los análisis permitieron identificar donde hay tiburones, así como indicios de su abundancia en determinados ecosistemas. “Por ejemplo, cerca de la desembocadura de un río no detectamos presencia de estas especies, lo que sugiere que no prefieren ecosistemas con influencia de agua dulce”, precisa Cardenosa, quien aclara que estas pruebas aún se encuentran en una etapa preliminar.

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Como comenta Posada, de la Fundación MarViva, este desarrollo resulta clave para la identificación y posterior priorización de áreas de conservación. “La herramienta puede utilizarse donde otros métodos no funcionan, o donde muestrear es costoso y la probabilidad de obtener resultados es baja. Con esta técnica, ya no aplica aquella máxima de ‘ver para creer’. El ADN ambiental ofrece evidencia científica precisa sin necesidad de observar o capturar a los individuos”, sostiene.

Por su parte, para Rojas, de PNN, aunque se trata de un avance importante para el monitoreo de estas especies, tiene sus limitaciones, por lo que puede ser utilizado como un elemento complementario para las otras estrategias de monitoreo. “El ADN ambiental no aporta información ecológica directa sobre los individuos detectados, como edad, sexo, estado reproductivo, condición corporal o comportamiento. Este tipo de información resulta clave para evaluar el estado de conservación de las poblaciones y la efectividad de las acciones de manejo implementadas en las áreas protegidas”, asegura.

¿Hacia una conservación internacional?

Una de las principales potencialidades de esta herramienta, según Cardenosa, es su aplicación en otras zonas del continente donde aún existen grandes incertidumbres sobre la presencia de tiburones martillo.

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“Aún son muchas las cosas que no conocemos sobre estas especies. Sabemos que viven en algunas zonas, como Bahía Málaga, casi como si fuera un ‘barrio’, pero no sabemos, por ejemplo, si migran a otras regiones”, cuenta Cardenosa, de la FIU. “El proyecto es empezar a implementar estas herramientas en zonas de Costa Rica y México, donde no se han detectado en varios años”.

Esto último se alinea con la entrada en vigor del Acuerdo sobre la Biodiversidad Más Allá de la Jurisdicción Nacional de las Naciones Unidas, que busca proteger la biodiversidad en alta mar, más allá de las fronteras nacionales. Según la ONU, este tratado marca un hito al convertirse en el primer instrumento oceánico jurídicamente vinculante dedicado de forma integral a la gobernanza del océano fuera de las jurisdicciones nacionales.

“La protección de rutas y procesos ecológicos en altamar es clave, ya que las especies amenazadas no viven exclusivamente en Áreas Marinas Protegidas costeras ni conocen de fronteras. En el corto plazo, será posible diseñar áreas que conecten zonas costeras con alta mar y que trasciendan países como Colombia, Panamá y Costa Rica. Esto es fundamental para especies como el tiburón martillo”, concluye Posada.

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