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En el Parque Nacional Natural Bahía Málaga, ubicado en el Chocó biogeográfico —uno de los lugares más biodiversos del planeta—, viven tres de las especies de tiburón martillo más pequeñas del mundo: Sphyrna corona, S. media y S. vespertina. Las dos primeras, según las evaluaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se encuentran en peligro crítico de extinción, mientras que S. tiburo está catalogada como en peligro de extinción.
A pesar de este estado crítico, aún es mucho lo que se desconoce sobre estas especies, lo que complica los esfuerzos para su conservación. Así lo asegura Diego Cardeñosa, científico colombiano vinculado a la Universidad Internacional de Florida (FIU), quien explica, a través de una llamada telefónica, que “todavía no contamos con información muy precisa sobre dónde se encuentran estas especies en las costas de Colombia, y esto es clave para implementar medidas de conservación de manera efectiva”.
Con esto en mente y tras dos años de trabajo, Cardeñosa decidió implementar una nueva técnica de detección, detallada en el estudio Fantasmas de la corriente: análisis de ADN ambiental para detectar áreas prioritarias de conservación para tres especies de tiburones martillo en peligro crítico de extinción, publicado a finales de 2025 en la revista Frontiers in Marine Science.
La urgencia de conocer más y obtener datos más precisos sobre estos tiburones es alta, pues dos de estas especies —S. corona y S. media— ya han experimentado extinciones locales, como en México, donde no se tiene registro de ellas desde 2007.
Estas especies son endémicas de las costas del Atlántico y del Pacífico oriental de Norte, Centro y Suramérica, pero aún se sabe poco sobre su ecología, su distribución y su estado actual de conservación. Su reducido tamaño corporal no es un detalle menor: suelen habitar zonas costeras someras, donde la presión pesquera es alta, y su baja capacidad reproductiva las hace especialmente vulnerables.
En el caso de los tiburones, que miden poco más de un metro, pertenecen a lo que se conoce como peces cartilaginosos —entre los que se encuentran tiburones, rayas, mantarrayas y peces sierra—, caracterizados, entre otras cosas, por tener un esqueleto de cartílago y no de hueso. Según los registros fósiles más antiguos, estos animales están presentes en el planeta desde el Devónico temprano, es decir, hace más de 400 millones de años.
Pese a este extenso tiempo en la Tierra, según un estudio publicado en la misma revista en 2021, más de un tercio de los peces cartilaginosos se encuentran en riesgo de extinción debido a la sobrepesca y la pérdida de hábitat.
Como explica Cardeñosa en el estudio, “los entornos costeros se han identificado como puntos críticos actuales de mortalidad de tiburones, donde se utilizan habitualmente artes de pesca no selectivas, como redes de enmalle y palangres. El uso generalizado de redes de enmalle, redes de arrastre y palangres por parte de la pesca artesanal en estas zonas, aunque menor en volumen en comparación con las operaciones industriales, afecta con frecuencia a algunos de los elasmobranquios más amenazados del mundo, en particular a las especies de tiburones costeros de pequeño tamaño, lo que supone un importante problema para la conservación”.
La pesca y el monitoreo en Bahía Málaga
El Parque Nacional Natural Bahía Málaga tiene particularidades que lo posicionan como un escenario único para la conservación en el país. Fue declarado el 4 de agosto de 2010 como resultado de un proceso colaborativo entre Parques Nacionales Naturales de Colombia y las autoridades tradicionales de las comunidades afrodescendientes locales, dedicadas principalmente a la pesca.
Como señala Stephania Rojas, profesional de monitoreo de Parques Nacionales Naturales (PNN) de Colombia, en esta zona se viene implementando un sistema de monitoreo comunitario que permite hacer seguimiento a lo que los técnicos denominan Valores Objeto de Conservación (VOC), es decir, los elementos clave que un área protegida decide priorizar y proteger.
“Esta información ha sido fundamental para evaluar los indicadores de estado, presión y respuesta de los recursos pesqueros, particularmente en relación con los diferentes artes de pesca utilizados y su incidencia sobre las poblaciones explotadas”, sostiene Rojas.
A través de un estudio de telemetría acústica, realizado por Cardeñosa y otros investigadores en 2014, se identificó que la costa pacífica colombiana constituye una zona de conservación importante.
“El tiburón martillo corona parece presentar una alta fidelidad a pequeños sectores costeros, una característica que supone tanto una oportunidad como un desafío para la conservación: esta residencia en áreas específicas permite implementar medidas de protección localizadas, pero también hace que sus poblaciones sean extremadamente vulnerables a una presión pesquera sostenida. Para evitar nuevas extinciones locales, es necesario identificar y proteger de manera efectiva zonas como las descritas, donde aún persisten poblaciones viables y las acciones de conservación focalizadas pueden tener un mayor impacto”, se lee en el estudio.
Tras el rastro genético
Con el objetivo de mejorar el monitoreo y la detección de zonas clave para la conservación, Cardeñosa decidió desarrollar una herramienta que se ha consolidado como una pieza clave para la conservación, al permitir la detección de especies raras y amenazadas sin necesidad de capturarlas u observarlas directamente: el ADN ambiental.
Para entender cómo funcionan estas pruebas, basta compararlas con las que muchos conocieron durante la pandemia para la detección del covid-19. “En este caso, en lugar de detectar un virus, se detecta el material genético que desprenden estas especies de tiburón al pasar por estos ecosistemas”, explica Cardeñosa.
El desarrollo de esta herramienta tomó más de dos años y comenzó con la secuenciación del ADN de estas especies, a partir de muestras tomadas en terreno. Posteriormente, requirió pruebas de laboratorio para asegurar que el método resistiera las condiciones del océano.
“Me demoré casi dos años hasta encontrar la combinación perfecta entre los reactivos, el diseño interno de la sonda y las temperaturas de la reacción química específica. Luego de múltiples pruebas en laboratorio, logramos un modelo con alta fiabilidad para detectar este ADN”, cuenta Cardeñosa.
El científico reportó que las pruebas, realizadas en las zonas que se pueden observar a continuación, confirmaron la presencia de las tres especies en el PNN Bahía Málaga, siendo Sphyrna corona la detectada con mayor frecuencia.
Como comenta Posada, gerente de Ciencias de la Fundación MarViva y doctor en Oceanografía Biológica, este desarrollo resulta clave para la identificación y posterior priorización de áreas de conservación. “La herramienta puede utilizarse donde otros métodos no funcionan, o donde muestrear es costoso y la probabilidad de obtener resultados es baja. Con esta técnica, ya no aplica aquella máxima de ‘ver para creer’. El ADN ambiental ofrece evidencia científica precisa, sin necesidad de observar o capturar a los individuos”, sostiene.
Entre los principales hallazgos del uso de esta herramienta está, por ejemplo, que en zonas cercanas a la desembocadura de ríos se detectó una menor presencia de estas especies, lo que indicaría que evitan áreas con influencia de agua dulce.
Cardeñosa aclara que estas pruebas aún se encuentran en una fase preliminar. “El proyecto, a largo plazo, es empezar a implementar estas herramientas en zonas de Costa Rica y México, donde no se han detectado estas especies en varios años”.
*Nota del editor [3 de febrero de 2026]: Esta nota fue actualizada para mejorar la precisión sobre algunos puntos del estudio.