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La “bancarrota del agua”: nos estamos quedando sin reservas, advierte la ONU

El mundo está consumiendo el agua que tiene disponible a un ritmo mucho más rápido de lo que esta se recupera. En los últimos 50 años se han perdido humedales, glaciares y acuíferos subterráneos, de los que depende el abastecimiento de agua de gran parte del planeta. Para la ONU, hablar de crisis es insuficiente: estamos en quiebra.

Andrés Mauricio Díaz Páez

21 de enero de 2026 - 09:46 a. m.
En Colombia, departamentos como La Guajira tienen un acceso deficiente al agua y dependen en gran medida de acuíferos subterráneos.
Foto: NELSON SIERRA G.

Si el agua que tenemos disponible para tomar a diario, bañarnos y cocinar fuera dinero, en 2026 tendríamos que declararnos en bancarrota. Imagine por un momento que, en un mes, gasta todo su salario sin haber pagado obligaciones como el arriendo o los servicios públicos. Al recurrir a sus ahorros para cubrir este desfase en sus gastos, se encuentra con que ha ido gastándolos poco a poco en los últimos meses y que ya no le alcanzan para cubrir sus deudas actuales.

Un panorama similar es el que está enfrentando el mundo con la disponibilidad de agua, según un nuevo informe del Instituto del Agua, el Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas.

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“A lo largo de décadas, las sociedades han extraído más agua de la que el clima y la hidrología pueden proporcionar de manera constante, agotando no solo los ‘ingresos’ anuales de los flujos renovables, sino también los ‘ahorros’ almacenados en acuíferos, glaciares, suelos, humedales y ecosistemas fluviales”, dice el reporte. Hasta ahora, los científicos que ayudan a analizar la disponibilidad de agua en el mundo se han referido a esta problemática como “estrés hídrico” o como una “crisis del agua”. Pero estas palabras ya no son suficientes: estamos en quiebra, según la ONU.

Las implicaciones de este nuevo panorama son preocupantes. Ya no tenemos la disponibilidad suficiente de un recurso clave para la vida, pero, además, es cada vez menos probable que logremos recuperar los niveles que se requieren para tener una disponibilidad de agua como la que teníamos hace 40 años, antes de que empezara la crisis. Entonces, asegura la ONU, las medidas que se han tomado hasta ahora, pensando en el “manejo de una crisis”, ya no se acomodan a las necesidades del mundo. Ahora, los Gobiernos deberán enfocar sus esfuerzos en evitar la pérdida de las pocas reservas de agua que nos quedan.

Así hemos perdido nuestros “ahorros” de agua

En los últimos 150 años, Colombia ha perdido más del 90 % de su cobertura glacial, esas masas de hielo que cubren las montañas más altas de nuestro país. Como contamos en un especial de 2024, los seis glaciares que quedan en el país también están desapareciendo y, al ritmo actual, para final de siglo ya no existirán. El panorama en el mundo es similar. Desde 1970, según la ONU, se ha perdido el 30 % de la cobertura glacial a nivel mundial, incluyendo las grandes masas de hielo de los polos.

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Los glaciares son solo una de las formas en las que el planeta ha reservado agua durante años y que, debido al incremento de temperaturas, la contaminación y el consumo excesivo, se están acabando. El informe de la Universidad de Naciones Unidas destaca otra de esas fuentes de “ahorro” de agua, que son los acuíferos subterráneos. La filtración de lluvias, los ríos y el mismo deshielo de los glaciares han acumulado grandes cantidades de agua en el suelo, pero hemos empezado a gastarla más rápido de lo que deberíamos.

“El agua subterránea suministra actualmente cerca del 50 % del uso doméstico y más del 40 % del agua de riego en todo el mundo, lo que hace que muchas zonas urbanas, sistemas alimentarios y comunidades agrícolas dependan fuertemente de acuíferos que se están agotando más rápido de lo que pueden recargarse”, advierte el informe. En resumen, dice la ONU, el 70 % de los acuíferos que suplen las necesidades de la mitad del planeta están perdiendo su capacidad y las estimaciones muestran que seguirán disminuyendo en el futuro.

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El panorama es similar en fuentes superficiales que también son claves para la provisión de agua. Por ejemplo, los científicos que participaron de este diagnóstico estiman que el 50 % de los grandes lagos que hay en el planeta llevan 35 años perdiendo su capacidad, de la que dependen alrededor de 2.000 millones de personas.

Los humedales naturales también han tenido un descenso alarmante. En los últimos 50 años, se han perdido 410 millones de hectáreas de estos ecosistemas, de acuerdo con el reporte. Para dimensionar la gravedad de esta cifra, esto es casi el mismo tamaño de todos los países de la Unión Europea juntos. Con la pérdida de esos espacios, se pierden también lugares a los que muchas especies de peces llegan a reproducirse, espejos de agua que guían la migración de las aves y puntos de alimentación para algunos depredadores.

“En un estado de quiebra hídrica, algunos daños son físicamente irreparables en escalas de tiempo humanas: los acuíferos compactados no se recuperan, los deltas hundidos no vuelven a elevarse, las especies extintas no regresan y los lagos desaparecidos no pueden ser restaurados dentro de los horizontes de planificación. Otros son técnicamente reversibles solo a costes tan elevados, o durante periodos tan largos, que resultan efectivamente irreversibles para fines de política y planificación”, apunta el documento.

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A pesar de la gravedad del panorama, el informe también incluye algunas recomendaciones sobre las acciones que pueden tomar los Gobiernos para frenar los efectos de esta bancarrota.

¿Qué podemos hacer ante la bancarrota de agua?

Para la ONU, que entremos en una “bancarrota de agua” no es solo un problema hidrológico. Se trata, también, de un problema de desigualdad. Los efectos de tener una menor disponibilidad de este recurso afectan con mayor intensidad a los países de menores ingresos, en donde se encuentran poblaciones que también son impactadas por mayores problemas de salud pública y contaminación de diferentes fuentes. Esto “requiere atención al más alto nivel gubernamental y de cooperación multilateral”, destaca la ONU.

Aunque para los autores del informe es claro que ya alcanzamos un punto en el que es irreversible el daño para muchos de los puntos de abastecimiento de agua en el mundo, es posible evitar una mayor degradación de los que quedan. Esto requiere decisiones enfocadas en proteger los ecosistemas clave para el ciclo del agua y hacer una transformación en sectores como la agricultura o industrias como las de la energía o los textiles, que son los que más consumen agua en el mundo.

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Para Kaveh Madani, director del Instituto del Agua, el Ambiente y la Salud de la Universidad de la ONU, es claro que “no podemos reconstruir glaciares desaparecidos ni volver a inflar acuíferos gravemente compactados. Pero podemos evitar una mayor pérdida de nuestro capital natural restante y rediseñar las instituciones para vivir dentro de los nuevos límites hidrológicos”. La cuestión, dice el investigador mediante un comunicado, es que tenemos que adaptarnos a una realidad con menos disponibilidad de agua de manera urgente. “Entre más nos demoremos, más profundo será el déficit”, concluye.

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Por Andrés Mauricio Díaz Páez

Periodista y politólogo enfocado en temas ambientales, transición energética y educación.diazporlanocheamdiaz@elespectador.com
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