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Cámaras submarinas captan por primera vez a una cría de león marino aprendiendo a cazar

Un estudio con cámaras submarinas aporta la primera evidencia directa de que las madres de león marino australiano enseñan a sus crías a buscar alimento. El seguimiento a una hembra y su cría mostró cambios claros en el buceo, la caza y el uso del hábitat cuando nadaban juntas.

Redacción Ambiente

10 de febrero de 2026 - 03:14 p. m.
Imágenes fijas de la cámara acoplada a una hembra adulta de león marino australiano, que muestran a su cría (a) desplazándose por un hábitat de jardín de esponjas, (b) nadando sobre arena desnuda, (c) ascendiendo y (d) en la superficie. Angelakis et al. / Revista Australiana de Zoología , CC BY-NC
Foto: Revista Australiana de Zoología , CC BY-NC

En los mamíferos, la transmisión de información de madre a cría puede ayudar a las crías a desarrollar comportamientos de búsqueda de alimento especializados. Esta especie de “enseñanza” se ha reportado en cetáceos y nutrias marinas. En las crías de delfín nariz de botella ( Tursiops sp.), por ejemplo, las crías aprenden de sus madres a usar esponjas para proteger sus rostros cuando buscan alimento en el lecho marino. Este comportamiento de trasmisión de la información, sin embargo, no había sido reportado en lobos marinos y leones marinos. Hasta ahora.

Una nueva investigación siguió a una sola hembra adulta de león marino australiano, de 8 años, que tenía una cría de 11 meses, para entender cómo cambia su comportamiento de alimentación cuando nada acompañada por la cría frente a cuando sale sola a alimentarse. El trabajo se hizo en junio de 2023, en Seal Bay, dentro del Parque de Conservación de la Isla Canguro, en Australia Meridional. Cri

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Los investigadores le colocaron a la hembra varios dispositivos electrónicos (todos relativamente pequeños y diseñados para estudios con animales): una cámara subacuática en el lomo que grababa video cuando el animal estaba a más de 5 metros de profundidad durante el día, un GPS satelital que registraba la ubicación cada vez que el león marino salía a la superficie, un sensor de profundidad, que medía qué tan profundo buceaba cada segundo y un acelerómetro y magnetómetro, colocados en la cabeza, para reconstruir sus movimientos en el agua.

Los datos mostraron que la hembra adulta realizó un viaje de 8 horas acompañada de su cría, después descansó alrededor de 11 horas, y posteriormente emprendió un viaje en solitario de alrededor de 3 días. Cuando nadó con la cría, la hembra no se alejó más de 20 kilómetros de la colonia, mientras que en el viaje sola llegó a duplicar esa distancia, alcanzando unos 40 kilómetros mar adentro.

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A lo largo de estos desplazamientos se recopilaron más de 12 horas de video submarino, grabadas durante tres días en el mar, reportaron los científicos. Del viaje corto con la cría se obtuvieron algo más de dos horas de imágenes, correspondientes a 47 inmersiones, en 35 de las cuales la cría fue visible acompañando a la madre. En contraste, durante el viaje de alimentación en solitario se registraron casi 10 horas de video, con 164 inmersiones observadas, lo que da cuenta de una actividad de buceo mucho más intensa y prolongada.

En el viaje con la cría, la mayor parte del tiempo en el fondo marino transcurrió en arrecifes dominados por macroalgas y praderas de algas, menos profundos. En cambio, durante el viaje en solitario, la hembra pasó la mayor parte del tiempo en arrecifes más profundos dominados por invertebrados, lo que sugiere un cambio en la estrategia de búsqueda de alimento cuando no debía ajustarse al ritmo de la cría.

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También hubo diferencias en la actividad de caza. En la excursión con la cría solo se observaron tres intentos de captura de presas, lo que equivale a un intento cada 16 inmersiones. De esos intentos, dos fallaron y uno tuvo éxito, con la captura de una sepia gigante. Esto, según los autores, sugiere que las madres leonas marinas utilizan el aprendizaje social para transmitir habilidades de búsqueda de alimento a sus crías y pueden demostrarles cómo localizar, capturar y consumir presas.

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En contraste, durante el viaje de alimentación en solitario se registraron 172 intentos de captura, prácticamente uno por inmersión, y cerca de una cuarta parte de ellos fueron exitosos, lo que refleja una eficiencia de caza mayor.

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Las diferencias también se extendieron al comportamiento de buceo. Cuando estaba acompañada por la cría, la hembra realizó inmersiones más cortas y menos profundas. El tiempo en el fondo fue menor, al igual que la duración total de cada inmersión. Además, las profundidades alcanzadas durante el viaje con la cría fueron, en promedio, unos 25 metros menores que en el viaje en solitario.

Pruebas que apuntan a una trasmisión de información

Los investigadores creen que todo esto proporciona a primera evidencia directa de que las madres leonas marinas australianas transmiten sus habilidades de búsqueda de alimento a sus crías, lo que podría haber contribuido a la singularidad de la vida y los patrones reproductivos de esta criatura en peligro de extinción.

“El video recopilado en este estudio ofrece una perspectiva novedosa y emocionante sobre los factores evolutivos y ecológicos que podrían haber contribuido a la configuración del singular ciclo reproductivo de 18 meses y la vida del león marino australiano. El aprendizaje social podría ser un componente importante del desarrollo del comportamiento de búsqueda de alimento en las crías de león marino australiano”, cuentan los autores en el medio especializado The Conversation.

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Los autores subrayan, sin embargo, que aún hay muchas incógnitas. No se sabe con qué frecuencia las crías de león marino australiano acompañan a sus madres en el mar, ni a partir de qué edad ocurre esto de manera sistemática. Aunque las crías comienzan a explorar hábitats similares a los de las hembras adultas hacia los 10 meses y logran independencia nutricional entre los 12 y 15 meses, estudios previos indican que incluso a los 23 meses todavía no alcanzan el rendimiento de buceo de los adultos. En este contexto, la cría observada —con 11 meses y aún en lactancia— probablemente estaba en una fase crítica de aprendizaje, combinando viajes con su madre y exploraciones más independientes.

La discusión también apunta a las implicaciones para la conservación. Llevar a las crías al mar podría modificar el riesgo de depredación (por ejemplo, frente a tiburones blancos) o aumentar las probabilidades de interacción con pesquerías. Además, estos viajes conjuntos parecen ser costosos para las madres, ya que reducen la eficiencia de caza y las ganancias energéticas. Entender el equilibrio entre los beneficios para las crías y los costos para las madres podría ser muy importante para comprender la dinámica poblacional de la especie.

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“La investigación continua con cámaras submarinas mejorará nuestro conocimiento sobre la singular vida de los leones marinos australianos”, concluyen los autores en The Conversation. “Comprender la ecología y la biología evolutiva de la especie es fundamental para proteger sus poblaciones en el futuro”.

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