
A principios de esta semana, un reporte de Carbon Brief indicó que el fenómeno de El Niño rompió otro récord a medida que continúa intensificándose en el océano Pacífico, afectando los patrones de lluvias en el mundo y disminuyéndolas en gran parte de Colombia.
En la región, uno de los principales centros que indagan sobre este fenómeno y también realizan labores para mejorar la cooperación y el alistamiento entre naciones para este tipo de fenómenos es el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN). En este momento, por ejemplo, se encuentran analizando, entre otros puntos, “las anomalías de temperatura superficial de una región clave conocida como el Niño 3.4, junto con indicadores atmosféricos, como los vientos y presión que representan la respuesta atmosférica. Con estos y otros factores, se analiza la evolución del evento, para delimitar posibles cambios en la circulación atmosférica, los cambios en temperatura del aire y distribución de precipitación”.
En contexto: El Niño sigue rompiendo récords y se perfila como un evento sin precedentes en la historia
Según cifras conocidas en los últimos días, la anomalía (es decir, la variación promedio) de temperatura en esta región ya había igualado el récord diario registrado durante el fenómeno de 2015. Para mediados de septiembre, el RONI, un índice que mide la temperatura de Niño 3,4 en relación con la del resto de los océanos tropicales, mostraba una anomalía de alrededor de 2,5 °C.
En esta misma línea, el International Research Institute for Climate and Society (IRI), de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), confirmó que el índice Niño 3.4 llegó a +3,0 °C a mediados de septiembre, un nivel que ya iguala el récord diario registrado durante 2015, aunque la comparación depende de la línea de base utilizada.
Como confirmó el CIIFEN, el fenómeno de El Niño ya llegó a la categoría de “muy fuerte”. A esto se suma que los indicadores observados por investigadores de este centro internacional apuntan a un fuerte acoplamiento entre la atmósfera y el océano en condiciones cálidas, mostrando el fortalecimiento sostenido de El Niño.
Pero, ¿qué significa que se trate de un fenómeno “muy fuerte”? Cabe recordar que el fenómeno de El Niño está relacionado con el calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, lo que afecta los patrones de lluvias en el mundo. En el caso de Colombia y del norte de Suramérica, El Niño provoca una disminución de las precipitaciones. En resumen, ocasiona sequía y estrés hídrico.
Y el fenómeno de El Niño ya está sintiéndose en Colombia, con la disminución de los caudales de los ríos en el país, como lo reportan el Ideam y varias corporaciones autónomas regionales, así como las alertas por racionamiento en Medellín, Boyacá y, entre otros, Santander.
Un ejemplo nos lo contó Olga Lucía Alfonso, directora de la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima), quien aseguró que, con corte al 20 de agosto, “en nuestra jurisdicción llovió solo un 23 % de lo esperado para esta temporada, y en el caso de los ríos, sus niveles han disminuido en promedio un 5,8 % a los 20 días anteriores. Entre los de mayor descenso está el río Magdalena”.
Para conocer el panorama de las “anomalías” que están detectando estos científicos en los patrones meteorológicos en el Pacífico, así como las perspectivas para Colombia frente a las altas temperaturas, el riesgo de desabastecimiento y los incendios forestales, hablamos con Felipe Costa do Carmo, director del CIIFEN, que explica lo que se espera para las próximas semanas.

¿Qué perspectiva se tiene hasta ahora de lo que pueda ocurrir en Colombia?
En Colombia, durante El Niño se espera el incremento de la temperatura del aire en gran parte del territorio, junto con la reducción de la precipitación y los caudales en diferentes regiones. Los efectos no se distribuyen uniformemente, por lo que existen regiones con mayor riesgo que históricamente se han ubicado en el Caribe y los Andes. Además, las condiciones secas incrementan la probabilidad de incendios forestales y déficit hídrico.
¿Qué tan preocupante es el escenario para los embalses y la generación hidroeléctrica?
El escenario puede ser preocupante porque las condiciones secas asociadas con El Niño pueden reducir los caudales de los ríos y los niveles de los embalses utilizados para la generación hidroeléctrica. Al mismo tiempo, las temperaturas elevadas pueden aumentar la demanda de electricidad. La combinación de menor disponibilidad de agua y mayor demanda puede generar presión sobre el sistema eléctrico. Por ello, el seguimiento de los niveles de los embalses, los pronósticos climáticos y los planes de contingencia son fundamentales para reducir el riesgo.
¿Qué indican los datos sobre el riesgo de incendios forestales en los próximos meses? ¿Qué podría exacerbar ese riesgo?
Se conoce que existe un aumento del riesgo de incendios forestales durante El Niño debido a las altas temperaturas en combinación con déficit de lluvias, baja humedad y resequedad en la vegetación.
Estas condiciones secas aumentan la probabilidad de incendios, que, junto con el aumento de los vientos, contribuyen a la propagación de incendios forestales en grandes áreas. Además, las actividades humanas, como quemas, fogatas o incendios provocados accidentalmente, pueden aumentar significativamente el riesgo al proporcionar condiciones ambientales favorables para la propagación del fuego.
¿Estamos ante un fenómeno que podría estar entre los más fuertes de los últimos años, o qué hace falta para poder hacer plenamente esta afirmación?
Las anomalías de temperatura del océano Pacífico observadas han alcanzado valores históricos, comparables con los eventos extremos registrados desde 1950. Sin embargo, para definir la intensidad de El Niño es necesario analizar la respuesta atmosférica, es decir, la circulación atmosférica y las anomalías sostenidas en los vientos. Además, se deben agregar factores de variabilidad climática como oscilaciones por década, cambio climático y variabilidad atmosférica, por lo que el pronóstico de impactos es un análisis complejo.
¿Hasta qué punto el cambio climático está modificando la manera en que se manifiesta El Niño? ¿Es correcto atribuirle directamente al cambio climático la intensidad de este El Niño o cómo se deben distinguir ambos fenómenos?
La relación entre El Niño y el cambio climático es compleja y continúa siendo investigada por la comunidad científica. El cambio climático ha aumentado la temperatura del aire y del océano, por lo que eventos de El Niño pueden desarrollarse en un sistema climático más cálido y favorecer las temperaturas extremas.
Sin embargo, no se pueden atribuir las anomalías extraordinarias únicamente al cambio climático, ya que El Niño es parte de la variabilidad natural climática y existen más factores en el sistema, que influencian condiciones oceánicas y atmosféricas. Para determinar la influencia del cambio climático, es necesario hacer estudios de atribución.
¿Por qué la NOAA decidió hace poco cambiar el índice con el que se monitorea el fenómeno de El Niño?
La NOAA realizó el cambio hacia un índice relativo RONI debido a la tendencia de calentamiento en los océanos. Con una temperatura mayor en los océanos, un índice de anomalía absoluta dificulta la identificación de la señal de El Niño o La Niña, por lo que el RONI permite filtrar el comportamiento relativo en los trópicos. De este modo, es posible identificar El Niño-Oscilación del Sur, que tiene tres fases: El Niño, La Niña y una fase neutra, en un clima cambiante.
¿Qué recomendaciones se pueden dar sobre el desarrollo de la gestión del riesgo y de sistemas de alertas tempranas?
La gestión de riesgos y los sistemas de alerta temprana no solo se desarrollan para la respuesta ante emergencias, sino que deben orientarse a la prevención y reducción de riesgos e impactos.
Por lo tanto, es necesario mantener el monitoreo de condiciones oceánicas y atmosféricas, acompañado de un análisis climático de proyecciones futuras y escenarios de riesgo para la toma de decisiones. Además, se requiere la coordinación interinstitucional y la comunicación con comunidades y poblaciones para garantizar la respuesta oportuna y una acción rápida.
¿Qué podemos aprender de los grandes episodios de El Niño de 1997-1998 y 2015-2016 para enfrentar el actual?
Los eventos El Niño de 1997-98 y 2015-16 demostraron la importancia de la preparación y anticipación de riesgos ante posibles impactos, con mayores efectos relacionados con las condiciones cálidas y secas, que afectaron el abastecimiento de agua, el sector agrícola, el sector hidroeléctrico y poblaciones vulnerables.
Una de las principales lecciones es la importancia de fortalecer la prevención, por medio de pronósticos y escenarios de riesgo oportunos, planes de contingencia, gestión adecuada de recursos, fondos de emergencia y sistemas de alerta. Además, eventos históricos han permitido identificar las poblaciones y sectores más vulnerables, con el fin de reducir impactos.
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Oscar(7588)•23 de septiembre de 2026 – 11:47Este es el arte de no decir nada. Pero que se puede esperar: el fenómeno del Niño seguirá haciendo sus apariciones periódicas, PERO cada vez será más fuerte. Se deberían tomar las medidas para que una ciudad como Bogotá pueda afrontarlo adecuadamente
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OPINION(76384)•23 de septiembre de 2026 – 10:42Y AUN ASI CON TODO LO QUE ESTAMOS VIENDO Y SINTIENDO SE SIGUE NEGANDO EL DAÑO QUE LE HACEMOS A LA NATURALEZA PROPICIADA POR NOSOTROS MISMOS, ENTONCES SE DICE EN LOS MEDIOS DE INFORMACION INCLUIDO EL ESPECTADOR QUE SON LA PRIMERA LINEA LA QUE INCENDIA EL PAIS. TIENE QUE HABER UNA CONCIENCIA TOTAL EN APOYAR A LA NATURALEZA O ELLA VENDRA POR NOSOTROS
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Héctor(15733)•23 de septiembre de 2026 – 10:11Buen artículo, gracias.