des, el Ministerio de Ambiente decidió quiénes deberán alimentar a los caimanes llaneros que están en cautiverio en Meta. Pero quedan un par de preguntas gigantes por resolver: ¿Cuántos animales hay realmente y por qué no aparecen todos los permisos de varios traslados que hubo en el pasado?
*Nota editorial: Esta es la cuarta y última entrega de un reportaje sobre caimán llanero (“Crocodylus intermedius”). Antes de leerla, le sugerimos ver: la primera parte: “Algo no encaja en esta historia de cocodrilos”; la segunda parte: Y ahora, ¿qué hacemos con estos huevos de cocodrilo?; y la tercera parte: La casa de los cocodrilos esconde un silencioso caos.
El pasado miércoles 25 de junio, el Ministerio de Ambiente le envió una carta a la Procuraduría que le da un giro de 180 grados a la historia del cocodrilo del Orinoco en Colombia. En ella, como conoció El Espectador, la cartera le informó a la procuradora delegada Adriana Salcedo que, después de llevar a cabo un par de reuniones más —en la larga lista de encuentros que ha habido en el último año—, ya tenía un plan de trabajo con nuevas responsabilidades para las entidades involucradas en el Programa Nacional de Conservación del Caimán Llanero. Entre ellas definía quién debe, de ahora en adelante, alimentar a los ejemplares que han sido el centro de debate en las últimas semanas.
El cronograma de la tabla de Excel que acompañaba la carta, firmada por Natalia Ramírez, directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Minambiente, era claro: los cocodrilos del Orinoco que están en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, en Villavicencio, —y que, según su director, son 127— deben ser alimentados por la Universidad Nacional, entidad a la cual está vinculada. Los 12 que hay en la Universidad de los Llanos deben ser alimentados por la autoridad ambiental de la región, Cormacarena, que tendrá la misma responsabilidad con los individuos que hay en el Parque Agroecológico Merecure. Allí, se cree (aunque nadie tiene certeza) que hay alrededor de 180.
En ese nuevo plan de trabajo, el Ministerio también ordenó suspender la incubación de huevos hasta que no se evalúen los procesos de reintroducción del caimán llanero a su hábitat natural. Como contamos en este artículo, ese proceso de liberarlos a la vida silvestre ha marchado a un ritmo más lento que la eclosión de huevos y es una de las razones por las que ha habido hacinamiento de cocodrilos en la Estación Roberto Franco.
La otra tarea que le puso el Minambiente a Cormacarena, a la Universidad Nacional y al Instituto Alexander von Humboldt fue realizar un inventario único de los ejemplares que están en cautiverio, en el que se verifique el número de animales que hay en realidad y que permita tomar “decisiones técnicas, sanitarias y jurídicas” sobre el Crocodylus intermedius, como llaman los científicos a esta especie que solo está en Venezuela y en Colombia, donde está en Peligro Crítico de Extinción.
Porque si hay algo sobre lo que no hay completa precisión a la hora de hablar del caimán llanero es el número de animales en cautiverio, resultado del Programa Nacional de Conservación, especialmente en el lugar donde, se supone, que hay más individuos: el Parque Agroecológico Merecure, a unos 53 kilómetros de Villavicencio.
Por los ejemplares de ese lugar, justamente, fue que se originó la discusión de los últimos meses, cuando algunos medios de comunicación e instagramers empezaron a señalar que había unos “200” o “180” cocodrilos que no habían recibido alimento desde diciembre de 2025. Incluso, dijeron varios sin pruebas —como contamos aquí—, que hubo casos de canibalismo.
Ni siquiera quienes están al frente de Merecure saben cuántos animales hay en sus estanques. La respuesta de Eliana Barrera, administradora de ese parque, resume la situación:
—La verdad, con certeza, no sé, ya que ellos [la Estación Roberto Franco] hacían los inventarios. La Universidad tenía el encargo de hacerlo. Así que sería irresponsable decir un número.
—180 es un número que en algún momento empezó a circular y se fue perpetuando —añade el veterinario Carlos Moreno, director de la Estación durante 2024, cuando le pregunto por esa cifra.
Andrés Felipe Aponte, que hace unos cuatro meses se convirtió en el director de la Estación Roberto Franco, tampoco se atreve a calcular cuántos ejemplares han sido llevados a ese lugar. Algunos funcionarios antiguos también le han dicho que hay 180, pero hasta que no termine de hacer un inventario que implica explorar correos, archivos digitales y buscar documentos físicos, prefiere ser prudente con las cifras.
La bacterióloga Gabriela Delgado, decana de Ciencias de la U. Nacional (a la que pertenece la Roberto Franco), dice que desde que empezó a indagar —por allá a inicios del 2025— por la situación de estos animales que habían sido alimentados (hasta diciembre del 2025) por la Universidad, ha tratado de saber cuántos hay en Merecure y cuáles salieron de su Estación, pero ha sido imposible.
Parte de la dificultad es que aún no aparecen todos los salvoconductos que debió haber expedido Cormacarena y que son indispensables para trasladar a un cocodrilo de un lugar a otro. Son también la garantía de que un número de individuos se movilizó en determinada fecha y que, entonces, tenía unas características específicas, como el sexo y las dimensiones.
También, dice Aponte, debería tener el número del chip que le introdujeron a cada cocodrilo al nacer y que permite identificarlo con facilidad en cualquier momento de su vida. Aún así ha habido casos (como este o este) en los que no escribieron esos detalles fundamentales.
La odisea de mover 104 cocodrilos. Pero, ¿y los salvoconductos?
Ricardo Murillo tiene presente cómo fueron los días en los que ayudó a capturar y a trasladar 104 cocodrilos desde la Estación Roberto Franco al Parque Merecure. Fue “una locura”, dice. Con algunos de sus estudiantes de Veterinaria de la Universidad de los Llanos, donde es profesor, fue al centro de la ciudad, para colaborar en esa dispendiosa tarea de inmovilizar estos reptiles.
—Con el equipo de chinos (“a veces diez, a veces treinta”) era corra, lleve, traiga, amarre, suba y baje del camión. Eran animales de 150, de 200 kilos, con mucha fuerza. Los jalábamos entre varios para subirlos y después todos íbamos detrás del camión, en mi carro, en sus carros, en sus motos. A veces había mucho sol y parábamos para bañarlos con agua. Y vuelva y arranque. ¡Unos berracos esos chinos! ¡Me fascina que se contaminen de esas cosas! —dice minutos después de botar sobre la mesa el vaso de Coca Cola con hielo que pidió para calmar la sed del mediodía en Villavicencio.
El traslado al que se refiere ocurrió entre el 23 y el 27 de agosto de 2021. Los detalles quedaron consignados en un documento del proceso que lideró el profesor Mario Vargas, entonces director de la Estación: el primer día movieron 18 cocodrilos; el segundo, 17; el tercero, 15 más; el cuarto, 20, y el quinto, un domingo, lo dedicaron a transportar 34 animales de menor tamaño.
—Una locura —repite Murillo, para sintetizar esas jornadas que empezaban a las 7 a.m. y terminaban a las 7 p.m.
Del trabajo quedaron varias imágenes como esta en la que se ve a varios ejemplares amarrados a bordo del camión:
O esta otra, en la que ocho personas sostienen a un cocodrilo, armados de guantes y tapabocas, mientras lo miden. Una persona más toma anotaciones. A la izquierda está la “pista” por donde movían a los animales para subirlos por una rampa al camión que los llevaría a Merecure.
Algunos de los funcionarios más antiguos de la Estación creen que en aquella ocasión el profesor Mario Vargas tomó una buena decisión, pues el hacinamiento se estaba saliendo de control. Carlos Piraligua, que ha trabajado por 14 años en la Estación, dice que, en caso de no haberse llevado esos ejemplares para Merecure, la situación “sería gravísima”. Algo similar opina Régulo Sua, que durante sus 40 años en el centro ha visto varios episodios de “hacinamiento”, mucho más inquietantes que el de estos meses.
Con ellos coincide Rafael Moreno-Arias, del grupo de especialistas en cocodrilianos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y quien participó en algunas liberaciones en la década pasada, pero no tuvo nada que ver con aquel traslado hacia Merecure.
—Yo no conozco los convenios o contratos que han hecho entre esas dos instituciones, pero desde el punto de vista científico me pareció una decisión adecuada —afirma Moreno-Arias—. En un protocolo de reintroducción que habíamos desarrollado y que no se publicó, era esencial aislarlos y empezar a alimentarlos con presas vivas, para que los cocodrilos se fueran adecuando a la vida silvestre. Y creo que Mario Vargas intentó eso: llevarlos a un lugar con condiciones seminaturales.
En el documento que quedó de aquel traslado —el más grande que se ha hecho desde la Estación—, también están los resultados del estudio de diversidad genética de los ejemplares que movieron, datos claves para el éxito del Programa de Conservación del Caimán Llanero.
Pero no están los salvoconductos que, en teoría, debió otorgar Cormacarena. Tampoco, hasta el momento, nadie los ha encontrado ni digital ni físicamente.
Al preguntarle a esta entidad por la existencia de esos permisos, el biólogo Franklin Lozano, líder del grupo Ciencia Tecnología y Innovación Ambiental de esa entidad, se para de la silla para imprimir un listado de los permisos que ellos han otorgado y que están registrados en la base de datos de Cormacarena. A su regreso, trae dos hojas que resumen todos los permisos que ellos han otorgado para movilizar ejemplares de Crocodylus intermedius.
El listado solo comprende salvoconductos expedidos desde enero del 2023 hasta octubre del 2025. Dice que es lo único que hay y que él no puede responder por lo que se hizo o se dejó de hacer en el pasado, pues no estaba antes en la entidad (lleva cinco años como funcionario). Según ese par de hojas, Cormacarena solo ha emitido salvoconductos para trasladar 48 cocodrilos desde la Estación Roberto Franco hacia el Parque Merecure.
¿Y los de los 104 animales que transportaron en agosto de 2021? Mario Vargas, director en ese entonces, tiene una explicación para ese caso: como el mundo estaba saliendo de la pandemia, fue imposible expedir salvoconductos, afirma. Pero garantiza que en el traslado siempre estuvo presente alguien de Cormacarena.
—Absolutamente todos los cocodrilos se movieron con el permiso de Cormacarena —reitera—. En esa época, Cormacarena también enviaba las comunicaciones oficiales al correo de la Estación, al cual no tengo acceso.
Como una prueba más de que todo se hizo siguiendo las normas, el profesor Vargas nos comparte un par de documentos que muestran que, en varias ocasiones, Cormacarena los eximió de tener salvoconductos.
Uno es una carta que Cormacarena le envió a él en mayo de 2022 donde certifica que para movilizar dos hembras desde el Bioparque Los Ocarros a la Estación Roberto Franco no requiere de salvoconductos, pues la actividad está amparada por un convenio de la U. Nacional y Cormacarena.
Otro es un correo que le reenvió una funcionaria de la Estación, también en julio de 2021, y que remite a otro email más viejo, de diciembre de 2018. En él un funcionario de Cormacarena le dice al director de ese entonces que para movilizar a cuatro hembras que van a ser liberadas no es necesario contar con un salvoconducto: “En el marco del Convenio Cormacarena y la Universidad Nacional, NO es necesario el Salvoconducto de movilización. Por lo tanto, los animales pueden ser movilizados sin este documento”.
Germán Preciado, veterinario de la Estación desde 2011, está seguro haber visto un correo similar en el que Cormacarena autorizaba el traslado de los 104 cocodrilos. Le pido, mientras conversamos en su oficina en Villavicencio, recubierta de mosquiteros, que me lo comparta, pero dice que esa no era tarea suya.
—A mí el jefe me decía, “vamos a alistar animales para trasladarlos” y listo; mi trabajo era ir con los muchachos a alistar esos animales —contesta.
Pero así como certifica que esos 104 caimanes llaneros se movieron hacia Merecure, dice que, para él, es un hecho que no existió un salvoconducto formal.
Más contradicciones sobre los cocodrilos
Corporinoquia es la autoridad ambiental en Casanare, Arauca y Vichada y tiene algo en común con Cormacarena: en parte del territorio que abarca también hay ejemplares del cocodrilo del Orinoco. Desde Wisirare, por ejemplo, un parque operado por la Fundación Palmarito en un área que pertenece a la Gobernación de Casanare, se han liberado 287 caimanes llaneros, asegura su director, Alejandro Olaya.
Al preguntarle a Corporinoquia sobre la importancia de los salvoconductos para movilizar cocodrilos, es clara en su respuesta:
“Cualquier proceso de movilización de fauna requiere la expedición del respectivo salvoconducto por parte de la autoridad ambiental competente en el lugar de origen de la movilización. Adicionalmente, tratándose de animales destinados a procesos de liberación o reintroducción, es indispensable contar con la aceptación y aprobación previa de la autoridad ambiental de la jurisdicción donde se pretende realizar la recepción de los individuos, así como con los conceptos técnicos que determinen la viabilidad de dicha medida”.
Franklin Lozano, de Cormacarena, también acepta que “para movilizar cualquier espécimen de la diversidad biológica en el territorio nacional se requiere un salvoconducto”, pero tiene una explicación alternativa para explicar por qué, al parecer, no hubo uno formal en el caso de los 104 ejemplares trasladados desde la Estación Roberto Franco a Merecure.
—Hasta el 2024, la Universidad Nacional fue beneficiaria de un “Permiso Marco” de recolección de individuos otorgado por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA). Las movilizaciones están autorizadas por ese permiso (...) que hace las veces de salvoconducto.
Según Lozano, bajo ese paraguas, lo único que debían hacer los investigadores de la U. Nacional era notificarle a la ANLA las movilizaciones de cocodrilos que iban a realizar.
Pero la ANLA tiene una lectura muy diferente. Al consultarle, explica que, efectivamente, la Universidad Nacional gozó de un “Permiso Marco de Recolección de Especímenes de Especies Silvestres de la Diversidad Biológica con Fines de Investigación Científica No Comercial”. Sin embargo, “entre sus lineamientos no se encuentran proyectos relacionados con la especie Crocodylus intermedius”.
La ANLA aclara que, hasta junio de 2026, la Estación de Biología Tropical Roberto Franco no les ha reportado la movilización o recolección de individuos, vivos o muertos del caimán llanero. Además, es enfática en otro punto:
“Respecto a los caimanes llaneros mencionados, actividades como la tenencia prolongada, su custodia permanente, mantenimiento en cautiverio, incubación, manejo reproductivo o traslados masivos no son competencia de la ANLA. Para esta entidad, la autoridad ambiental llamada a generar los lineamientos con respecto a dichas actividades es Cormacarena”.
Merecure y las cuentas que no cuadran
Además de los primeros 18 cocodrilos que fueron trasladados en 2020 desde la Estación Roberto Franco hacia Merecure, cuando este parque firmó un convenio con la U. Nacional, y los 104 que llevaron en 2021, hubo más movilizaciones entre ambos espacios en 2023. Cinco de ellas, en las que se movieron 48 ejemplares, quedaron registradas en los datos de Cormacarena, pues para esos casos sí expidió salvoconductos.
En 2024 esta autoridad ambiental expidió otros dos permisos para mover cocodrilos desde Merecure hacia otro lugar. Uno era un salvoconducto para movilizar 11 individuos hacia el río Tomo, donde iban a ser liberados, y otro era para autorizar la salida de un ejemplar fallecido. Sumando esas entradas (170) y salidas (12), en Merecure deberían haber 158 cocodrilos del Orinoco.
¿De dónde salieron los otros 22 para completar la cifra de 180? Carlos Moreno, director durante 2024 (hasta que la decana Gabriela Delgado lo despidió), dice que él hizo otras dos movilizaciones: en una sacó 14 ejemplares de Merecure para liberarlos al río Tomo, y en otra llevó 40 individuos desde la Estación Roberto Franco al Parque. Cormacarena siempre estuvo presente en ambos operativos, asegura Moreno.
Con esos nuevos números, las cuentas se aproximarían al cálculo que ha circulado en varios medios de comunicación (158 - 14 + 40 = 184).
Pero tras buscar en su computador, Moreno reconoce que no tiene el salvoconducto para el caso de los 40 ejemplares que él movilizó.
—Una actividad de esas requiere tanto esfuerzo físico que debo reconocer que no pensé en ese documento y me tranquilicé al saber que Cormacarena acompañaba y dirigía la misión —admite, luego de compartir un recibo de un pago hecho a Cormacarena por $6.200 en octubre de 2024 como muestra de que pagó el salvoconducto, aunque ese papel no da mayor detalle de los motivos por los que fue expedido.
Esta infografía resume los datos que hemos recopilado en El Espectador:
En su favor, sin embargo, funcionarios de la Estación, como el veterinario Germán Preciado, recuerdan que ese año se hizo ese traslado, aunque no tiene en su cabeza una cifra precisa del número (asegura que fueron alrededor de 30).
Para Carlos Moreno hay otro elemento que puede ayudar a explicar la confusión:
—Cormacarena tiene un caos absoluto en sus archivos. Tanto, que a nosotros nos tocó ofrecernos para entrar en sus oficinas y buscar en sus archivos físicos. No tienen un sistema que organice bien [la información]. Han sacado muchas excusas.
Aún sin tener una cifra precisa de cuántos animales había en Merecure, según su propio historial de salvoconductos, el director de Cormacarena, Jhorman Saldaña, le ordenó el 29 de mayo a la Universidad Nacional, “el restablecimiento inmediato de la dieta de los aproximadamente 180 ejemplares” que, en teoría, había en ese parque. Incluso, le ordenó alimentar a los 12 individuos que había en la Universidad de los Llanos, cuando, como comprobó este diario, ya habían recibido comida el 4 de mayo.
Quienes han estado pendientes del proceso como el director de la Estación, Andrés Felipe Aponte, no se explican por qué la cadena de contradicciones de la autoridad ambiental. Ahora, después de tantos ires y venires, el balón quedó en su cancha, pues será Cormacarena la que se encargue de garantizar la alimentación de los cocodrilos del Orinoco de Merecure y de la U. de los Llanos.
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