1 Mar 2021 - 2:12 a. m.

Energías renovables, nueva herramienta para preservar el agua en Colombia

La gobernanza del agua y el sector energético se conectan directamente con los objetivos que se propuso Colombia en la actualización de sus compromisos climáticos. Una de esas metas es alcanzar el 68 % del tratamiento de aguas residuales urbanas domésticas para 2030.

Redacción Ambiente

Medio Ambiente

La pandemia por el coronavirus demostró la urgencia de poner los temas ambientales como una prioridad en las políticas públicas. Además de ir en una carrera contra el tiempo, por las consecuencias generadas por el calentamiento global, se debe enfrentar otras problemáticas, como la deforestación, la contaminación y el desabastecimiento del agua. Y en la lucha por contrarrestar estos fenómenos, el paso hacia modelos más sostenibles se debe dar lo antes posible. En busca de esas alternativas se ha priorizado el uso de energías renovables. (Lea Expedición registra 30 especies de aves que no se habían documentado en el Alto Sinú)

Por eso, por primera vez en nueve años, en los Encuentros por el Agua —proyecto liderado por El Espectador e Isagén, que cuenta con la dirección técnica de WWF—, además de centrar esfuerzos para la protección del recurso hídrico en el país, se incluyó en la agenda la transición energética hacia fuentes renovables. Durante el conversatorio, que se realizó virtualmente el miércoles 24 de marzo, Camilo Marulanda López, gerente general Isagén, señaló que “el sector eléctrico se viene transformando y la llegada del COVID-19 ha sido un acelerador en ámbitos como la descarbonización y la descentralización”.

En la actualidad, señaló Marulanda, el 90 % de la energía que se produce en Colombia es hídrica. “Para hacernos más resilientes al cambio climático, estamos construyendo nuestro primer parque eólico en La Guajira y estamos ingresando a la generación solar con la construcción de dos granjas solares en el Meta. También seguimos apostándole a la generación hidroeléctrica y, en febrero de 2021, adquirimos dos plantas de híbridos en Antioquia”, añadió. Otro de los puntos claves, además de la transición energética, es seguir protegiendo las cuencas de donde se origina esa materia prima para la seguridad energética del país.

Colombia actualizó sus compromisos climáticos en diciembre de 2020 y allí se fijó una ambiciosa meta en mitigación: reducir en 51 % las emisiones de gases de efecto invernadero que tiene proyectado emitir de acá a 2030. Además, se propuso que para 2050 será un país carbono neutral; es decir, que para ese año Colombia llegará a aumentar al máximo su capacidad de absorción de estos gases y, a su vez, se reducirán en la mayor cantidad posible las emisiones que se generan. Lo que busca el país es emitir lo mismo que se captura. Y para lograrlo se debe contar con la participación de varios sectores, como el de energía. Esto considerando que, al quemarse, los combustibles fósiles, que son la fuente de energía primaria más utilizada por las sociedades modernas, generan emisiones de gases efecto invernadero y, por ende, contribuyen al aumento de la temperatura del planeta.

Francisco Charry, director de cambio climático y gestión del riesgo del Ministerio de Ambiente, aseguró que “la gobernanza del agua y el sector energético se conectan directamente con los objetivos del país para poder cumplir con la actualización que presentó en diciembre. Los diferentes sectores juegan un papel clave y contamos con la contribución de cada uno de ellos. La meta de la NDC (Contribución Determinada a Nivel Nacional o la hoja de ruta en acción climática de Colombia) para el sector energético se basa en contribuir a la transformación energética del país, de tal manera que se garantice la competitividad de las industrias minero-energéticas ante los escenarios del clima cambiante”.

En los encuentros de años anteriores, se consiguió validar y hacer seguimiento a retos transversales en las cuencas de los ríos Nare y Porce (Medellín), río Alto Lebrija y Sogamoso (Bucaramanga); río La Miel y Guarinó (Manizales) y río Zulia y Pamplonita (Cúcuta). Según los expertos, se logró realizar articulación institucional, sectorial y herramientas de planificación; instalar sistemas de monitoreo y divulgación; movilizar e implementar instrumentos financieros y económicos; restaurar, conservar y manejar estos ecosistemas estratégicos, y buscar alternativas de producción sostenibles y reconversión productiva.

Sin embargo, en este primer encuentro nacional, por primera vez se comenzó a hablar de gobernanza del agua y de energías renovables a la vez. Luis Germán Naranjo, director de Conservación y Gobernanza WWF Colombia, explicó que, teniendo en cuenta que “el país actualizó su Contribución Nacionalmente Determinada para enfrentar el cambio climático y que para ello han definido una gran cantidad de metas relacionadas con la gestión integral del recurso hídrico y la diversificación de la matriz energética, estamos frente a una gran oportunidad de integrar los avances conseguidos en años anteriores en los procesos de gobernanza del recurso hídrico a través de los Encuentros”.

Según Naranjo, además de ser una oportunidad, es urgente implementar acciones para cumplir con los compromisos climáticos, por lo vulnerables que son muchas regiones del país ante los impactos del cambio climático. De acuerdo con un estudio publicado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), 391 municipios de Colombia ya están expuestos al riesgo de escasez de agua y la tendencia a largo plazo indica que muchos más correrán la misma suerte.

A la escasez de agua se suma otro problema: el cambio climático está incrementando las anomalías pluviales y se calcula que las temperaturas medias aumentarán hasta 2,14 grados hacia el final del siglo. Y un incremento en la temperatura podría tener un resultado devastador en un ecosistema biodiverso, como el de Colombia.

Las consecuencias podrían ir desde un mayor número de sequías e inundaciones, la elevación de la frecuencia e intensidad de fenómenos como el de El Niño y La Niña, hasta la pérdida rápida y permanente de glaciares, que, en Colombia, ya han retrocedido un 60 % en los últimos cincuenta años.

Buscar soluciones que impulsen la gobernanza del agua e integrar otros sectores, como el de las energías renovables, es crucial para preservar el recurso hídrico. “El país debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente aquellas causadas por la deforestación y los cambios de uso de la tierra y, además, avanzar en los planes de adaptación al cambio climático, lo cual requiere, entre muchas otras cosas, una gestión integrada y participativa del recurso hídrico”, dice Naranjo. Cada gota de agua cuenta en Colombia, uno de los países que tiene potencia hídrica por sus nevados y páramos.

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