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El Espectador le explica por qué todos tenemos que ponerle atención a El Niño

La reducción de lluvias y aumento de temperatura viene con impactos directos en la generación de energía, en los precios de bienes y servicios y, para sumar, afecta la cadena de suministros de los pescadores.

Edwin Bohórquez Aya

20 de mayo de 2026 - 05:04 p. m.
Fenómeno de El Niño.
Foto: Katerine González Clavijo
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Es miércoles, día de El Espectador le explica. En Colombia, como en el resto del mundo, vivimos de ciclo en ciclo: los hay económicos, los hay políticos y, claro, los hay ambientales, en medio de muchos otros que vivimos como seres humanos. Este boletín está dedicado al tercero, porque el asunto de la crisis climática ya nos viene pasando factura y por eso es preciso entrar a detallar el por qué ya son varias las autoridades nacionales las que han levantado la mano para alertar por lo que se pronostica será el fenómeno de El Niño, pues su llegada no solo se avista con temporadas secas sino con presión fuerte sobre el sistema hídrico y energético colombiano, además de los evidentes aumentos en la temperatura que no son cosa menor. Un tema que, sin duda, nos toca a todos.

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Pero como sabemos que estamos en la recta final de la campaña política y en la previa de la última semana de cara a las elecciones presidenciales, les contamos, de entrada, que el próximo miércoles 27 de mayo enviaremos el más completo boletín con el resumen de las propuestas más importantes de cada uno de los candidatos y las candidatas que tienen posibilidades de quedar en primera o pasar a segunda vuelta. Por ahora, al respecto, los invitamos a leer la sección Política de El Espectador en este enlace, mientras se terminan de decantar alianzas y movidas en la recta final electoral, que les estaremos contando allí. Ahora sí, con esta recomendación, volvamos al tema de este boletín: El Niño. Comencemos.

Primero, es necesario explicar qué es el fenómeno de El Niño y por qué hay que hablar de él. “El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), como se conoce en términos técnicos, es un fenómeno natural recurrente que “influye notablemente en las pautas climáticas de diversas partes del mundo”, explica la Organización Meteorológica Mundial (OMM)”. “Suele producirse entre cada dos y siete años y su duración oscila aproximadamente entre los 9 y los 12 meses”. “Se caracteriza por la fluctuación de las temperaturas oceánicas en el Pacífico ecuatorial, así como por la aparición de cambios en las condiciones atmosféricas”. “Este fenómeno, que comprende un componente oceánico y uno atmosférico, tiene tres fases diferenciadas: condiciones características de El Niño, condiciones características de La Niña y condiciones neutras”, nos contaron los colegas de la redacción Ambiente.

En concreto, “sobre El Niño, que suele ejercer un efecto de calentamiento del clima mundial, la OMM señala que el término fue empleado por primera vez hace siglos por pescadores de Perú y Ecuador para referirse a las aguas “inusualmente cálidas que, justo antes de Navidad, causaban una reducción de sus capturas””. Dicho con otras palabras, estamos hablando de una temporada de aumento en la temperatura, reducción notable de lluvias y, con ello, afectación directa en todo el sistema que depende de ello, por ejemplo, esos mismos pescadores en distintos países del mundo. En Colombia, por ejemplo, en ciclos anteriores se han registrados muertes de peces debido al aumento de la temperatura del agua, afectando directamente a las comunidades que dependen de esa labor de pesca y venta. Y, también, en nuestro país, donde se genera energía por medio de las hidroeléctricas, la lógica indica que, a menos agua, presión inmediata sobre todo el modelo, pues hay que ahorrarla al máximo para no caer en racionamientos, como ya nos ha tocado vivir antes.

Con este preámbulo claro, ¿por qué estamos hablando de ello?:

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Entre los impactos que tiene el fenómeno de El Niño en nuestro país, se encuentran "un mayor riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectaciones en la producción de alimentos, entre otros”, según el ministerio de Ambiente. Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Resulta que, para entender la preocupación de varias autoridades del país, como del ministerio de Ambiente y del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), hay que entrar al terreno de las probabilidades. El pasado 11 de abril, cuando se leían los boletines técnicos de monitoreo internacional, se entendía que “la probabilidad de que se establezcan condiciones de El Niño entre mayo y julio era del 61 %” y, en ese mismo instante, quedaba claro que “para septiembre de este año, la probabilidad supera el 90 %”.

Dicha lectura venía, de una vez, con interpretación de fondo: Colombia tiene tanta diversidad climática, que dicho fenómeno no impacta de manera uniforme a todo el país, mientras en la mayoría del territorio se puede sentir con “disminución de las lluvias y aumento de la temperatura”, “en algunas zonas los efectos pueden ser más leves e, incluso, contrarios”. Lo que hace más complicada la prevención y atención del riesgo. Una cosa es estar en el centro del país, con las montañas de por medio y a 2.600 metros de altura, y otra cosa en la Costa Caribe, por ejemplo, a nivel del mar.

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Un dato más para explicar mejor a cada colombiano: este fenómeno genera en el océano Pacífico un aumento de la temperatura de hasta 1,5 °C por encima de lo habitual, lo que produce “el potencial de alterar el clima a nivel global”, y que, de manera cercana, puede desencadenar en “un mayor riesgo de incendios forestales, olas de calor, estrés hídrico y afectaciones en la producción de alimentos, entre otros”, dijo la ministra (e) de Ambiente, Irene Vélez. Eso mismo que vivimos a finales de 2023 y comienzos del 2024, cuando los incendios eran pan de cada día y el Gobierno Nacional tuvo que declarar emergencia ambiental para movilizar recursos y poder mitigar el impacto.

El asunto es que no solo la probabilidad de la llegada de El Niño es más alta, sino que su impacto puede ser más intenso. Hablemos de una realidad cercana para ir entendiendo la dimensión: “La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) lanzó un urgente llamado a la preparación ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño, prevista para el próximo mes de junio. Según la autoridad ambiental, la cuenca del río Bogotá se perfila como una de las zonas más vulnerables del país frente a posibles escenarios de desabastecimiento, debido a que soporta la demanda hídrica de más de 12 millones de personas”, escribieron los colegas de la redacción Bogotá.

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Dice un viejo adagio que “soldado advertido no muere en guerra”, así las cosas, si ya estamos advertidos, ¿Qué hacer para que el impacto no sea tal? ¿Qué se cree que pasará en el sistema de energía nacional?:

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Abastecimiento de agua y de energía: el gran desafío que viene con El Niño

Embalse que se extiende por los municipios de Guatavita y Sesquilé, municipios ubicados al norte de Bogotá.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Karen Vanessa Quintero Martínez, reportera de Economía, nos recordó que en Colombia se produce energía por medio de las hidroeléctricas – el 70% de la matriz-, es decir, con agua. ¿Cómo? El agua producto de la lluvia, es almacenada en grandes embalses. Allí, con descargas de esa agua sobre unos ductos gigantescos, se mueven unas turbinas de 10 metros diámetro, como del tamaño de un camión de carga. Ese movimiento genera energía, que también se almacena en puntos específicos que alimenta la red nacional. Es decir, todos esos cables que usted ve en la calle y por donde le llega la luz a la casa.

Ahora, cuando el país tiene menos agua, hay que abastecerse del resto de la matriz energética, que también funciona como una red de respaldo. Ahí aparecen las térmicas (termoeléctricas). Estas funcionan con carbón y gas natural. Sobre esa base, vayamos a la coyuntura: “El país necesita importar más gas para atender la demanda de hogares, vehículos, comercios, industrias y, a la vez, encender las plantas térmicas que respaldarán al sistema eléctrico en momentos de sequía”, escribió la colega Karen Quintero.

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“Hace un par de años el Ministerio de Minas y Energía defendía que no sería necesario importar gas; hoy ya está muy claro que sin este combustible del exterior no habría suficiente para atender la demanda”. ¿Por qué se necesita más gas ahora mismo? Porque cuando “llueve menos y cae el nivel de los embalses, es necesario prender las plantas térmicas con gas y con carbón. XM, operador del sistema, ya advirtió que habrá una alta exigencia de las reservas de los embalses: “El sistema puede llegar a niveles de operación que no se han presentado antes y podrían poner en riesgo la atención segura de la demanda””.

Recomendada: Posible fenómeno de El Niño en el segundo semestre pone en alerta al sector eléctrico

Embalse de San Rafael, represa localizada en el municipio de La Calera, a 12 km de Bogotá. Imagen de referencia. Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

El asunto es que el Gobierno Nacional no ha aprobado nuevos contratos de exploración de gas, entonces el problema ahora radica en que, si se vienen meses con alta temperatura, bajas o pocas lluvias, embalses con menos agua, será necesario apelar a las térmicas y, ahí está el asunto: necesitamos más gas para que funcionen. Pero tampoco tenemos tanto gas en la cantidad que necesitamos. Quedamos dependiendo de terceros en el exterior.

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¿Qué nos queda por hacer? Ahorrar agua, empezando por ahí. Ahorrar energía, claro que sí. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) emitió una circular en la que se delinean las acciones de preparación y alistamiento ante la creciente probabilidad de desarrollo de un fenómeno de El Niño: “Identificación y análisis de escenarios de riesgo por desabastecimiento hídrico e incendios forestales, la promoción del uso eficiente del agua y el mantenimiento de sistemas de acueducto; el fortalecimiento de mecanismos de protección financiera, como los seguros agropecuarios; y el alistamiento de capacidades institucionales para la respuesta”.

El asunto es de suma importancia, pues para el caso de Bogotá, “mientras a inicios de año se registraron lluvias por encima de lo normal —hasta un 160 % más entre enero y febrero—, en marzo y abril la tendencia cambió: el déficit de precipitaciones ha estado entre el 20 % y el 60 %”. Por eso el Distrito le pidió a todos los habitantes de la capital prepararse, proteger el recurso (agua), trabajar en “la prevención de incendios, ajustar planes de emergencia, revisar recursos disponibles y hacer simulacros frente a posibles sequías”

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A comienzos de mayo Fernán Fortich, de la redacción Ambiente, nos contó que “los indicadores meteorológicos apuntan a una alta probabilidad de un fenómeno de El Niño “muy fuerte””. Y en este texto nos contó, a manera de alerta, en dónde hay que poner más atención: “Los datos del más reciente Estudio Nacional del Agua (ENA) apuntan a que en Colombia los departamentos y regiones más afectadas por desabastecimiento hídrico por los periodos de sequía en Colombia han sido históricamente Bolívar, Córdoba, La Guajira y Sucre, aunque en esta lista, con menor intensidad, también se encuentran Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y, entre otros, Tolima. Las zonas hidrográficas donde se identificó, según se lee en el informe, el mayor número de eventos de sequía corresponden a la zona de Orinoco-Directos, Tomo, Meta, Vichada, Guaviare, Sinú y Caribe-La Guajira”.

Por ahora, hay que priorizar, hacer planes, entender que lo que se viene tiene consecuencias delicadas y que nos toca a todos es remar para el mismo lado:

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Foto: Cecilia Ramos

El ministerio de Minas y Energía les pidió a las entidades públicas que hagan uso eficiente de la electricidad. El llamado nacional a la prevención ya empezó, otra vez, a desnudar lo que somos como sociedad: que pensamos en la coyuntura, pero poco en el largo plazo. ¿Por qué? Aquí va un dato: 32 municipios de Cundinamarca no tienen bomberos y zonas como Choachí y Anapoima carecen de convenios vigentes para incendios.

También, ese mismo ministerio, publicó para comentarios un proyecto de decreto que busca cambiar algunas de las reglas de juego en el mercado del gas. Exacto, vuelve a aparecer el gas en todo este escenario. “El ministro Edwin Palma aseguró que la medida pone límites a la especulación en el mercado secundario (donde las empresas revenden el gas que ya habían contratado, pero no necesitan) y evita que en momentos de estrechez “algunos agentes disparen sus precios para obtener ganancias injustificadas””.

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Hace cinco días, el 15 de mayo, el Ideam nos confirmó que la probabilidad de que se presente un fenómeno de El Niño fuerte es del 82 %. Y, para sumar, que podría llegar antes de lo esperado. Las regiones más afectadas podrían ser Pacífica, Caribe y Andina. “La directora del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Ghisliane Echeverry, explicó que, aunque hay certeza científica de que este fenómeno se dará durante el segundo semestre del año, hubo una actualización de las organizaciones de monitoreo internacional indicando que podría darse en el próximo trimestre (junio, julio y agosto). Además, aseguró que ya se descartó la posibilidad de que sea un fenómeno de El Niño moderado. “Las probabilidades que estamos manejando ahora son que sea fuerte o muy fuerte”, señaló Echeverry.

Para leer: A ahorrar agua y energía, sin olvidar el largo plazo

El asunto, porque los que ya lo hemos vivido sabemos que es delicado, ya va en que “la Defensoría hizo un llamado a las autoridades nacionales y territoriales para fortalecer la planificación y coordinación de acciones preventivas que garanticen los derechos a la vida, la salud, el acceso al agua y a los servicios esenciales”. Y entregó un dato más que diciente: “Estadísticamente, cerca del 85 % de los eventos generadores de desastres en el país están asociados a factores climáticos, en contraste con un promedio global cercano al 49 %”, señaló la entidad.

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Por ahora, el ministerio de Agricultura, también activó su propio plan: “Socialización de las medidas de mitigación mediante Mesas Técnicas Agroclimáticas” a través de información con “prácticas relacionadas a la cosecha de agua lluvia, la recuperación de coberturas vegetales, la planificación técnica de cultivos y el manejo eficiente del recurso hídrico” para los agricultores del país, pues de acuerdo con información histórica, “el sector agropecuario concentra cerca del 82 % de los daños y pérdidas asociados a este fenómeno climático”. “Adicionalmente, tenemos un programa nacional de fertilización en 421 municipios del país para fortalecer el acceso a insumos, recuperar coberturas vegetales y enfrentar tanto el fenómeno climático como el aumento internacional de los precios de fertilizantes”, señaló la ministra Martha Carvajalino.

Desde su esquina, desde su casa, desde su barrio, en su familia, en su entorno, lo que se puede hacer por ahora en ahorrar. Gastar lo justo, no solo en agua sino en energía y gas. Al final, todo está conectado. Ghisliane Echeverry, del Ideam, ya lo dijo, sin rodeos: “Estamos en un momento de crisis climática muy compleja”. No podemos evitarlo, pero sí podemos ayudar a aguantar un poco más gracias a un consumo más responsable mientras los líderes de este país toman decisiones, ojalá, en beneficio de la mayoría para que esta película no se repita y sigamos, como dijimos al comienzo de este texto, como en un bucle del que nunca vamos a salir.

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¿Qué tema le gustaría que tratáramos la próxima semana? Escríbanos a ebohorquez@elespectador.com

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa@EBohorquez_EyLebohorquez@elespectador.com
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