Las empresas que venden alimentos, bebidas, objetos en madera, medicinas e incluso las que ofrecen planes de turismo o avistamiento de aves tienen algo en común más allá de ser un negocio: dependen de la biodiversidad. De hecho, aquellas que pueden parecer alejadas de la naturaleza, o que no se consideran basadas en ella dependen, de forma directa o indirecta, de sus contribuciones, – como el suministro de agua, por mencionar un ejemplo—.
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Eso se refleja en que más de la mitad de la actividad económica mundial se sustenta en la biodiversidad. Tanta es su importancia que, la Plataforma Intergubernamental más importante sobre biodiversidad en el mundo, la IPBES, alertó que si siguen como van se arriesgan a desaparecer, ¿por qué?
De acuerdo con un reciente informe de la IPBES, en el que analizaron la dependencia y el impacto que tienen las empresas en la naturaleza, “el crecimiento de la economía mundial se ha producido a costa de una inmensa pérdida de biodiversidad, lo que ahora plantea un riesgo sistémico crítico y generalizado”, señala la plataforma.
Esto se debe a diferentes razones: incentivos “inadecuados o perversos”, deficiencias en los datos y los conocimientos, modelos empresariales que se traducen en un consumo cada vez mayor de materiales, entre otros. Sobre el primer punto, por ejemplo, la IPBES señala que en 2023, los flujos financieros públicos y privados globales con impactos directamente negativos sobre la naturaleza (como la destrucción del hábitat, la degradación de la tierra y la contaminación del suelo) se estimaron en 7,3 billones de dólares, de los cuales la financiación privada representó 4,9 billones de dólares, y el gasto público en 2,4 billones de dólares.
“La realidad distorsionada es que suele parecer que a las empresas les resulta más rentable degradar la biodiversidad que protegerla. La forma tradicional de hacer las cosas puede parecer rentable a corto plazo, pero los efectos en múltiples empresas pueden tener efectos acumulativos”, menciona el profesor Stephen Polasky, copresidente de la Evaluación de la IPBES.
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Y es que si se mira la comparación del dinero que se destinó para la conservación y restauración de la biodiversidad en ese mismo año (2023), la cifra es solo del 3 % de los incentivos perjudiciales, es decir, 220.000 millones de dólares de flujos financieros públicos y privados.
El otro punto es el relacionado con la información. El informe de la IPBES señala que menos del 1 % de las empresas que presentan informes públicos mencionan en ellos sus efectos sobre la biodiversidad.
Ximena Rueda, profesora colombiana y copresidenta de la evaluación, señala que los datos y el conocimiento suelen estar aislados. “Entre las empresas también suele haber una comprensión y un reconocimiento muy limitados de los pueblos indígenas y las comunidades locales como guardianes de la biodiversidad y, por tanto, poseedores de conocimientos sobre su conservación, restauración y uso sostenible”.
Este punto es esencialmente importante, si se tiene en cuenta que, según el informe, el desarrollo industrial amenaza al 60 % de las tierras indígenas de todo el mundo y una cuarta parte de todos los territorios indígenas están sometidos a una “gran presión por la explotación de recursos”, menciona el informe.
¿Qué se puede hacer?
Pese a que el panorama no es tan alentador, el informe tiene una buena noticia: hay maneras de abordar la crisis. Los autores señalan más de 100 acciones concretas para orientar y transformar la forma en que las empresas se relacionan con la naturaleza, sin perder la rentabilidad y sostenibilidad.
“Para las empresas, un mayor compromiso con la naturaleza no es una opción: es una necesidad. Es vital para sus resultados financieros, su prosperidad a largo plazo y el cambio transformador necesario para un futuro más justo y sostenible. Sin embargo, para evitar el “falso ecologismo”, es imprescindible que las empresas tengan estrategias transparentes y creíbles, que demuestren claramente sus medidas y cómo contribuyen a los resultados en materia de biodiversidad y que divulguen públicamente sus efectos y dependencias, así como sus actividades de presión”, afirmó la profesora Rueda.
Sin embargo, dice el informe, las empresas no pueden, por sí solas, lograr el nivel de cambio necesario para detener y revertir la pérdida de biodiversidad. “Son imprescindibles medidas individuales, colectivas y colaborativas para crear un entorno propicio en el que las empresas contribuyan a un futuro justo y sostenible”, escribieron los autores.
Según el informe hay cinco componentes fundamentales para crear dicho entorno propicio: marcos políticos, jurídicos y normativos; sistemas económicos y financieros; valores sociales, normas y cultura; tecnología y datos; y capacidad y conocimientos.
En ese sentido, el Informe ofrece más de 100 ejemplos específicos. Estos son algunos:
- Establecer mecanismos de participación de la comunidad indígena y local en la toma de decisiones.
- Innovar en procesos, productos y servicios.
- Explorar y adoptar modelos de negocio alternativos.
- Medir y monitorear los impactos en la biodiversidad y los resultados de las acciones.
- Involucrar, educar e incentivar a los clientes y consumidores posteriores.
- Gestionar el riesgo y los impactos de la biodiversidad, por ejemplo, a través de la administración, la desinversión y/o la exclusión.
- Integrar a las comunidades en actividades de creación de valor, como el abastecimiento, la producción y la distribución.
- Eliminar gradualmente o reformar los incentivos perjudiciales.
- Apoyar y mejorar la capacidad en la investigación, monitoreo, educación, y soluciones basadas en naturaleza y enfoques basados en ecosistemas.
El informe fue elaborado durante tres años por 79 expertos del ámbito de la ciencia, el sector privado, procedentes de 35 países y de todas las regiones del mundo, en consulta con los pueblos indígenas y las comunidades locales. “Este informe se basa en miles de fuentes y reúne años de investigación y práctica en un único marco integrado que muestra tanto los riesgos de las pérdidas naturales para las empresas como las oportunidades que estas tienen para ayudar a revertir esta situación”, declaró Matt Jones, también copresidente de la Evaluación.
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