Amy Fraenkel, con más de 30 años de experiencia en derecho y políticas ambientales, recuerda bien cuál era la sensación con la que llegaba a Campo Grande (Brasil) el 23 de marzo para la COP15 de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS). “Llegamos sabiendo que las poblaciones de la mitad de las especies protegidas por este tratado están en declive”, señaló la secretaria ejecutiva de esa Convención.
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Unas semanas antes de que delegados de más de 132 países del mundo se reunieran en la ciudad del suroccidente brasileño, la Secretaría de la Convención publicó un informe en el que concluía que el 49 % de las poblaciones de especies migratorias protegidas por ese tratado de las Naciones están disminuyendo y que el 24 % de las especies se enfrenta a la extinción. Esto es, respectivamente, un 5 y un 2 % de aumento en los últimos dos años.
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El panorama al cierre de la COP15, sin embargo, fue diferente. El 29 de marzo, el último día de reuniones, Fraenkel aseguró que “nos vamos con una mayor protección y planes más ambiciosos, pero las especies no esperan a nuestra próxima reunión. La implementación debe comenzar mañana”. Tras una semana de negociaciones, los países que hacen parte de la Convención incorporaron 40 nuevas especies a las listas de protección, lo que es calificado como el mayor avance desde la creación del acuerdo.
Especies migratorias en declive
El Informe sobre el Estado de las Especies Migratorias en el Mundo, presentado justo antes de la COP15, una de las reuniones mundiales más importantes para la conservación de la vida silvestre, “demuestra que la alarma sigue sonando”, señaló la secretaria ejecutiva de la CMS.
Para Fraenkel, “algunas especies están respondiendo a las medidas de conservación coordinadas, pero demasiadas siguen enfrentándose a presiones crecientes en sus rutas migratorias. Debemos responder a esta situación con una acción internacional coordinada y eficaz”.
Además del declive señalado por las principales conclusiones del informe, el documento también detalló que de las especies que ya estaban incluidas en alguno de los dos apéndices del convenio antes de la COP14, que se realizó en 2024, 34 habían cambiado de categoría en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). De estas, 26 especies pasaron a una categoría de mayor amenaza en la Lista Roja de la UICN, de las cuales 18 eran aves costeras.
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“La mayoría de estas aves costeras han sufrido deterioros reales en su estado de conservación, atribuibles al aumento de las amenazas, más que a cambios derivados de una mejora en los datos disponibles que indique que la especie estaba más amenazada de lo que se pensaba inicialmente”, resaltaba el informe. Al mismo tiempo, advertía el documento, “siete especies incluidas en la CMS han pasado a una categoría de menor amenaza en la Lista Roja de la UICN, lo que refleja algunos éxitos de conservación”.
Al segundo día del encuentro, la CMS lanzó la Evaluación Mundial de los Peces Migratorios de Agua Dulce. De acuerdo con el documento, centrado en este grupo de especies que mantienen la salud de los ríos, sustentan algunas de las pesquerías continentales más grandes del mundo y son la base de ingresos de cientos de millones de personas, los peces migratorios se encuentran entre las especies silvestres más amenazadas del planeta.
Tras analizar datos de casi 15.000 especies de agua dulce, los científicos resaltaron 325 especies consideradas candidatas a la protección internacional del Apéndice I (que incluye a las especies que requieren protección estricta) y II (que incluye especies que necesitan cooperación internacional). Entre las cuencas fluviales priorizadas para esta protección se resaltó el Amazonas y el Río de la Plata-Paraná en Sudamérica.
El biólogo Zeb Hogan, autor principal de la evaluación sobre los peces migratorios de agua dulce, apuntó que “muchas de las grandes migraciones de fauna silvestre del mundo tienen lugar bajo el agua. Esta evaluación demuestra que los peces migratorios de agua dulce se encuentran en grave peligro y que su protección requerirá que los países colaboren para mantener los ríos conectados, productivos y llenos de vida”.
Con los resultados de esos informes sobre la mesa, delegados de 132 países, además de la Unión Europea, dialogaron y negociaron durante una semana para ampliar los esfuerzos de conservación, incluir nuevas protecciones o mejorar las existentes.
Un resultado histórico
Al cierre de la COP15, João Paulo Capobianco, Secretario Ejecutivo del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, quien ejerció como presidente de la reunión, aseguró que “contamos con una de las Conferencias de las Partes (COP) más exitosas en la historia de la Convención”. La principal muestra de esto, a ojos de Capobianco, es la inclusión de 40 nuevas especies en los Apéndices I o II. “Esto demuestra que, con cooperación y multilateralismo, es posible lograr resultados concretos”, dijo el presidente de la COP15.
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El guepardo (Acinonyx jubatus), la hiena rayada (Hyaena hyaena) y la nutria gigante (Pteronura brasiliensis), esta última con presencia en Colombia, fueron incluidas en los Apéndices I y II. En consonancia con los hallazgos del informe general, 24 especies de aves fueron incluidas, nueve en el Apéndice I y 15 en el Apéndice II.
Además, siete especies de peces, entre ellos cuatro especies de tiburones que habitan en Colombia (tiburones zorros como Alopias pelagicus y Alopias vulpinus, tiburón martillo común Sphyrna lewini y tiburón martillo gigante Sphyrna mokarran), fueron incluidos en el Apéndice I.
Las especies incluidas en el Apéndice I se consideran en peligro de extinción en estado silvestre en toda su área de distribución o en una parte significativa de ella. Los Estados que sean parte del área de distribución deben esforzarse por protegerla prohibiendo su captura, conservando, restaurando sus hábitats y mitigando los obstáculos para su migración.
Mientras tanto, en el Apéndice II están las especies migratorias con un estado de conservación desfavorable. Con estas, los países deben establecer objetivos y medidas de gestión comunes para poblaciones compartidas, preparar e implementar planes de acción conjuntos y, en general, trabajar juntos para conservar y restaurar hábitats a lo largo de las rutas migratorias de las especies.
Además de la inclusión de estas especies en los apéndices, también se aprobaron 16 acciones concertadas sobre especies puntuales (como las jirafas, el cachalote del Pacífico Tropical Oriental y el lince euroasiático) y 10 planes de acción nuevos o actualizados en especies específicas, como el jaguar, el bagre migratorio amazónico y las aves.
“Desde el Pantanal hasta el Ártico, desde los océanos hasta las sabanas, las especies migratorias conectan nuestro planeta de maneras que ningún mapa político podría jamás. Nos recuerdan que la integridad ecológica depende de la continuidad de flujos que deben permanecer vivos, ininterrumpidos y resilientes”, apuntó Capobianco.
Mientras tanto, Fraenkel recordó que “nuestro deber ahora es acortar la brecha entre lo que hemos acordado y lo que sucede en la práctica para estos animales”.
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