Es un hecho: el fenómeno de El Niño persistirá hasta febrero de 2027. La probabilidad de que esto pase es cercana al 100 %, de acuerdo con el último boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado este jueves 3 de septiembre. La institución, considerada la máxima autoridad global en ciencia climática, está siguiendo de cerca el comportamiento de este evento y dice que es la primera vez que una de sus actualizaciones sobre El Niño es tan inequívoca, “lo que refleja el amplio consenso dentro de la extensa red de la OMM”.
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En su informe, la organización explicó que se espera que El Niño se intensifique aún más durante los próximos meses, alcanzando una intensidad muy fuerte antes de llegar a su punto máximo hacia finales de este año. Eso quiere decir, entre otras cosas, que para el periodo septiembre-noviembre de 2026, hay una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en casi todas las zonas terrestres.
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Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, dijo en un comunicado público que El Niño “tiene el potencial de asestar un golpe devastador a las comunidades y economías de todo el mundo. Ya estamos viendo trastornos y devastación por sequías e inundaciones, y esperamos que estos impactos aumenten a medida se intensifique”.
Detrás de este escenario, están “las excepcionalmente cálidas condiciones oceánicas en el Pacífico tropical”. Los expertos llevan un buen tiempo monitoreando, a través de satélites, boyas oceánicas, buques de investigación y mediciones atmosféricas facilitadas por Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN) y asociados internacionales, lo que pasa en una zona clave del Pacífico denominada región Niño 3.4.
Allí, los científicos miden si las temperaturas de la superficie del mar son más cálidas o más frías que su media a largo plazo durante un período de tres meses. Lo que han visto recientemente es inquietante. Dicen que las temperaturas ya superan con creces el promedio, y que continúan en aumento.
Entre mayo y julio estaba en +1,5 °C por encima de la media histórica y en julio pasó a +2,0 °C. Pero entre finales de julio y mediados de agosto los valores aumentaron y pasaron a estar entre aproximadamente +2,2 °C y +2,6 °C por encima de la media, lo que indica una intensificación continua.
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Lo que está pasando en la superficie, dice la OMM, está siendo alimentado por “una acumulación excepcionalmente grande de calor bajo la superficie del océano”. En algunas zonas, las temperaturas subsuperficiales superaron los 8 °C durante julio y principios de agosto.
“El Niño se está intensificando ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se encuentra en aguas desconocidas, y esas aguas se están calentando. Las temperaturas de la superficie del mar están aumentando, las temperaturas siguen subiendo y el mundo se encuentra en la zona de peligro de fenómenos meteorológicos extremos”, advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres.
¿Qué se puede esperar?
Aunque El Niño será “muy fuerte”, eso no implica los mismos impactos en todas las regiones. La OMM explica que un evento como este aumenta la probabilidad de cambios importantes en las precipitaciones, las temperaturas y la circulación atmosférica en muchas regiones del mundo. Sin embargo, la intensidad de El Niño por sí sola no determina la gravedad de sus impactos en un país o región en particular.
Sus efectos varían según la ubicación y la estación del año, y pueden verse modificados por otros factores climáticos, incluidas las condiciones en los océanos Índico y Atlántico.
En Colombia, por ejemplo, se podría esperar un “bajo nivel de los embalses; menos agua para generar energía eléctrica; más incendios forestales; unas consecuencias muy graves para la agricultura, la ganadería, la pesca; impactos en la calidad del aire; incremento de enfermedades respiratorias e intensificación de enfermedades transmitidas por vectores como zika, dengue, malaria y chikungunya”, como mencionaba a El Espectador hace unas semanas el profesor Germán Poveda, PhD en ingeniería Recursos Hídricos.
Esto coincide con lo que ha advertido el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (Ideam), que en diferentes ocasiones ha reiterado que el actual fenómeno podría estar entre los eventos El Niño de mayor magnitud observados desde 1950.
Los análisis técnicos realizados por el Ideam han indicado que, de mantenerse la evolución prevista por los modelos climáticos internacionales, las temperaturas del aire aumentaría en diferentes regiones del país, especialmente en las Pacífica, Andina y Caribe, donde habrá una disminución de las precipitaciones.
“Estas condiciones favorecen una mayor evapotranspiración, incrementan la demanda hídrica de los ecosistemas y sectores productivos, y pueden contribuir al desarrollo de episodios de estrés hídrico, especialmente en zonas con alta vulnerabilidad o con antecedentes de déficit de precipitación”, explicaba la entidad.
Asimismo, desde hace varias semanas viene advirtiendo que la disminución de las lluvias y el aumento de las temperaturas podrían generar una reducción progresiva en los caudales de ríos y quebradas, menores niveles en embalses y reservorios, afectaciones en la disponibilidad del recurso hídrico para consumo humano, actividades agropecuarias, generación hidroeléctrica y sostenimiento de ecosistemas estratégicos.
El Ideam señaló a mediados de agosto que los niveles bajos en el río Magdalena, el más importante del país, seguían persistiendo y esta situación cada vez se extendía a un tramo mayor: desde Purificación (Tolima) hasta Calamar (Bolívar), con mayor persistencia entre Puerto Wilches (Santander) y El Banco (Magdalena).
Además, en el país hay 162 municipios con algún nivel de alerta por incendios, de acuerdo con el informe del miércoles, 2 de septiembre, publicado por el Ideam. Los departamentos que lideran las alertas rojas son Tolima (8 municipios) y Huila (6 municipios) y, en alerta naranja Nariño (18 municipios), Tolima y Cundinamarca (9 municipios cada uno).
Ante este panorama, el Ideam recomienda a las autoridades nacionales, regionales y locales fortalecer las acciones de seguimiento hidrometeorológico, revisar y actualizar los planes de contingencia para la gestión del recurso hídrico, promover medidas de ahorro y uso eficiente del agua, implementar estrategias preventivas frente a incendios de cobertura vegetal y mantener activos los mecanismos de monitoreo y alerta temprana.
La necesidad de anticiparse a estos impactos también responde a los llamados de la OMM. “Este excepcional fenómeno de El Niño exige una preparación y respuesta excepcionales”, afirmó Celeste Saulo, de la OMM. Dice que nunca antes en los 50 años de historia de la Organización Meteorológica Mundial habían lanzado una movilización tan importante con los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (como el Ideam), que están en primera línea proporcionando pronósticos y servicios para anticipar los efectos.
“La carrera ahora es entre los crecientes riesgos y nuestro compromiso de tomar medidas climáticas y proteger a las personas”, mencionó el Secretario General de la ONU, António Guterres. “Debemos ganar esa carrera”.
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