26 Aug 2019 - 9:11 p. m.

Salvar los arrecifes, lo que podría acercar a Cuba y Estados Unidos

La isla reestructuró, por primera vez en 20 años, sus leyes sobre pesca. Científicos creen que necesitarán cooperar entre países para cumplirlas, pues implican levantar grandes bases de datos.

- Redacción Medio Ambiente

Por primera vez en más de 20 años Cuba les hizo una revisión importante a sus leyes sobre pesca. Una reestructuración que, según los expertos, no sólo ayudaría a preservar los ecosistemas marinos, sino que podrían acercar la relación de ambos países frente a las negativas de Donald Trump. (Lea: Cuba siembra coral en sus fondos marinos)

A pesar de que Cuba tiene uno de los mares mejor conservados, la isla empezó a ver una disminución en las poblaciones de peces, incluidas las especies comerciales, como el mero y el pargo, que viven en los arrecifes.  Por esto desde el Gobierno de Cuba se tomó la decisión de tomar medidas para frenar la pesca ilegal, recuperar ciertas poblaciones de peces y proteger las pesqueras de pequeña escala. Todo esto, bajo un método que incluye la construcción de bases de datos científicas.

Además, según explica el periódico The Guardian, las nuevas leyes separan “la pesca deportiva y recreativa y ponen a las pesquerías bajo la administración del ministerio de la industria alimentaria (Minal)”. Igualmente, habrá un nuevo marco de licencias para el sector privado de la pesca en Cuba, un sector que está sobre incentivado desde 2009, ya que ese año se buscó aumentar la producción de mariscos, así como la creación de más empleos. “Este sector ahora cuenta con 18.000 pescadores comerciales privados que operan en más de 160 puertos”, comenta The Guardian. (Lea: Los efectos para los océanos de la pesca ilegal)

Pero las noticias también pueden convertirse en buenas ideas diplomáticas. En palabras de varios expertos consultados por The Guardian, para sacar adelante la nueva legislación se necesita mucha cooperación científica, sobre todo con los investigadores que están del lado de Estados Unidos.

Ambos países están separados por tan solo 140 kilómetros y las aguas de Cuba son el lugar de desove para los pargos, meros y otras especies de arrecife que son comercialmente importantes en Estados Unidos. “Si no buscamos colaboración, no podemos tener una imagen completa de lo que sucede”, le dijo el biólogo marino de la Universidad de Florida, Jorge Angulo Valdés, al periódico inglés. “Trump está haciendo todo lo posible para cerrar las puertas a la colaboración. Pero Cuba está haciendo todo lo posible para que sea más fácil mantener esas puertas abiertas”.

Después del 2014, cuando el expresidente Barack Obama empezó a normalizar las relaciones con Cuba, se firmaron varios acuerdos ambientales. Es más, en el 2017 firmaron un tratado para que, juntos, ambos países ayudaran a limpiar el petróleo derramado sobre el Golfo de México. Pero después llegó Trump y el recrudecimiento del embargo a la isla.

“En mayo de este año la AFP dijo que las restricciones comenzaron a perjudicar la cooperación científica e informó que Patricia González, directos del Centro de Investigación Marina de la Universidad de La Habana, dijo que los científicos oceánicos cubanos se les concedían menos visas para viajar a los Estados Unidos y que algunos de sus contrapartes estadunidenses estaban preocupados por a viajar a Cuba, temían enfrentar represalias cuando volvieran a casa”. (Le sugerimos: El pez loro, la clave para salvar los arrecifes de coral de Providencia)

Frente a la nueva amenaza que llega a los ecosistemas marinos, sobre las costas de ambos países, los científicos creen que del camino no quedan dudas: se debe colaborar. Se debe tener el panorama entero para poder salvar el arrecife y sus valiosas especies.

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