21 Aug 2018 - 11:00 p. m.

Ya empezó a funcionar la primera granja flotante del mundo

El puerto de Rotterdam, en Holanda, es el primer lugar en hospedar una “granja flotante”, un experimento holandés que espera reducir el impacto ambiental de la producción de lácteos. El piloto comenzó con 40 vacas.

Redacción Vivir

Durante los próximos tres años, cuarenta vacas en el puerto de Rotterdam, en Holanda, harán parte de un experimento que, si tiene éxito, podría disminuir drásticamente el impacto medioambiental que tienen la ganadería y la producción de lácteos en el mundo.

Se trata de la primera granja flotante construida en una ciudad. La granja, operada por la empresa holandesa Beladon, empezará a producir 800 litros de leche al día a finales de este año y espera convertirse en un modelo para la producción agrícola en las ciudades.

La idea de la granja flotante nació por allá en 2012 cuando el ingeniero holandés Peter van Wingerden visitó Nueva York para construir una casa flotante sobre el río Hudson.

Su visita estuvo marcada por la devastadora llegada del huracán Sandy. l suministro de alimentos a la zona empezó a complicarse tras unas cuantas semanas, y fue entonces cuando Peter van Wingerden se dio cuenta de que hay una “necesidad de producir alimentos lo más cerca posible de los consumidores”.

“Con la demanda creciente de alimentos sanos, la rápida urbanización y el cambio climático, no podemos confiar únicamente en los sistemas de producción de alimentos del pasado”, agregó en entrevista con BBC Mundo.

Además, con el aumento de población urbana proyectado por organismos internacionales, la respuesta de cómo alimentar a la población se vuelve cada vez más apremiante. 

Así se hizo realidad

En 2012 regresó a Holanda con lo que por entonces era una idea que hacía reír a muchos. Sin embargo, van Wingerden y su equipo de trabajo estaban confiados de la lógica impecable detrás de su proyecto: si el 70% de la tierra está cubierto por agua, ¿por qué no utilizar esta superficie para nuestras actividades de producción?

Año tras año, las cifras y reportes fueron demostrando que el problema de la ganadería extensiva es uno de los más graves. La ganadería es el principal motor deforestador de la Amazonia, y, de acuerdo con una investigación publicada hace tan solo un mes, las cinco empresas más poderosas de la industria cárnica son mucho mas contaminantes que las más grandes empresas petroleras. Es decir: producir carne es mucho peor que sacar petróleo

Como es de esperarse, la industria de los lácteos no se queda atrás. Y, al analizar porqué esta huella contaminante es tan grande, una gran porción de la emisión de gases de efecto invernadero se da en el transporte de los productos.

Así, acercar las granjas a los consumidores sería una respuesta eficiente al problema. 

Pero no es la única. De acuerdo con Beladon, su granja reciclará y reutilizará todo lo posible. “Al menos el 80% de lo que comerán nuestras vacas serán productos de descarte de la industria alimentaria de Rotterdam”, señaló el director general de la granja, Albert Boersen. La empresa asegura que ya entró en contacto con panaderías, cervecerías y lugares donde venden papas para que suministren parte de la alimentación del ganado. El restante 20% de la comida consiste en césped sembrado en la misma granja.

Además, utilizará paneles solares para producir su energía eléctrica y procesará el popó de las vacas para venderlo como abono.

Pero, además, están confiados en que el sistema de producción de la granja no solo es responsable con el medio ambiente, sino con los mismos animales. Tanto así, que decidieron ponerle paredes de vidrio al lugar, para que, quienes vayan a comprar la leche, puedan ver las condiciones en las que viven los animales. 

Bueno, pero no es suficiente

Si bien la iniciativa ha llenado titulares alrededor del mundo, la realidad es que aun estamos lejos de que se convierta en un proyecto a gran escala. Si bien la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado la importancia de promover la agricultura urbana, ese mismo organismo ha señalado sus evidentes limitaciones. 

La producción de alimentos en este tipo de espacios implica una alta inversión inicial, así como desembolsos importantes para la luz LED y los continuos suministros de energía. Bajo esa perspectiva, “a menos que se establezcan políticas para incentivar a los pequeños productores, estas tecnologías estarán solo disponibles para entidades privadas ricas o públicas”, explica Fenton Beed, quien pertenece a este organismo. 

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