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Aislados: derrumbe incomunica a 20 familias en El Verjón y La Calera

Un derrumbe ocurrió en jurisdicción de Bogotá, pero a 25 metros de La Calera. El lío, que atiende el Distrito, es que rehabilitar la vía podría costar hasta 1.000 millones al ser un área forestal.

Juan Camilo Parra

02 de agosto de 2026 - 07:00 p. m.
Toma aérea de la zona del derrumbe.
Foto: Archivo Particular
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Desde el 3 de julio, la vida cotidiana de 20 familias en una zona rural ubicada entre El Verjón y La Calera, dio un vuelco por un derrumbe que bloqueó la única vía de acceso. El lío parecía controlable hasta que días después unos 3.000 metros cúbicos de tierra terminaron de bloquear el paso. El resultado: familias enteras buscando hogares alternos en Bogotá u otros municipios, y otras luchando a pie, diariamente, por trasladar el mercado sobre la zona del derrumbe. Así llevan casi un mes sin solución alguna. ¿Por qué?

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Esta comunidad vive en los límites de Bogotá y La Calera, en una zona que es difícil pensar que todavía sea jurisdicción de la capital. “Esta parte también es El Verjón, pero es un área que no todo el mundo conoce. Incluso hay gente que piensa que todavía pertenece a La Calera”. Tanto así que cuando la comunidad llamó a Gestión del Riesgo y a las autoridades distritales tras el derrumbe, cuentan que al revisar las coordenadas preliminares que compartieron por WhatsApp, les dijeron: “No, eso es La Calera”. “Hasta ellos mismos lo pensaban”, relató Andrés Hernández, vecino del sector.

“El Verjón ya es una zona alejada de Bogotá, pero esta parte es más recóndita. Casi nadie la reconoce como Bogotá”, dicen sus habitantes. Según la comunidad, en más de 20 años no habían visto un derrumbe en este punto. Justo sucedió en el único ingreso, que conecta la vereda El Líbano con El Verjón.

Después de enviar nuevas coordenadas, el registro de la visita de Gestión del Riesgo de La Calera, y con imágenes aéreas hechas con el dron de una vecina, lograron verificar la cartografía y se veía claramente la línea que divide el territorio entre La Calera y Bogotá.

El derrumbe no es la única preocupación. “Es que las zonas de borde son complicadas de atender cuando ocurre cualquier emergencia, un robo o cualquier otra contingencia. Las competencias entre jurisdicciones dificultan la respuesta”.

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Va para largo

Una vez la Alcaldía de Chapinero reconoció su jurisdicción, ahí no acabó el problema. “En un primer momento arreglaron el paso, pero el derrumbe siguió avanzando. Cuando intentaron intervenir con maquinaria más pesada para retirar el material, el terreno volvió a ceder. Sacaron un poco de tierra, pero el derrumbe terminó tapando nuevamente la vía”, agregó Hernández.

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La alcaldesa local de Chapinero, Catherine Chaves Hernández, explicó que, en efecto, atendieron el primer deslizamiento. Sin embargo, las lluvias provocaron un segundo movimiento en masa, mucho mayor, que mantiene inestable la montaña y obligó a suspender cualquier intervención sobre la carretera. “La situación no es fácil, porque el derrumbe está en un predio privado y, si bien hay una afectación pública, tenemos que llegar a un acuerdo con el propietario, porque no podemos invertir recursos. Además, está en una zona de conservación, por lo que las obras no pueden ser duras”, añadió.

Toma aérea de la zona del derrumbe.
Foto: Archivo Particular

La mandataria local resalta que la naturaleza del predio y la zona hacen complejo el proceso. “Por tratarse de una zona de conservación ambiental, la obra deberá ejecutarse con técnicas compatibles con el ecosistema y tendría un costo estimado de entre $300 millones y $1.000 millones. Estamos explorando un fondo para emergencias diferente al FONDIGER. Sin embargo, depende mucho del acuerdo al que podamos llegar con el propietario del predio. Estamos evaluando las opciones”.

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Aislados

Olga Mejía, otra vecina afectada, explicó que el derrumbe obliga a los habitantes a caminar 15 minutos por una montaña empinada para entrar o salir del sector. A sus 61 años asegura que el recorrido representa un riesgo, especialmente ante una eventual emergencia médica. También denunció las dificultades para abastecerse de mercado y recibir cilindros de gas.

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Alexandra, quien no dio su apellido, relató que vive con dos hijos, una hermana con discapacidad y una madre oxígenodependiente, por lo que el aislamiento complica su situación familiar. “Mi madre ya no puede recibir cilindros de oxígeno en la vivienda; mi hermana suspendió las terapias, y varias familias deben caminar largos trayectos cargando mercado, gas y otros elementos. Algunos han tenido que abandonar temporalmente sus casas”.

Para Andrés, a pesar del acompañamiento institucional, el día a día ha sido autogestionado por los vecinos. “Así es como siempre nos hemos movido. Ese es un poco el contexto y el conflicto histórico que tenemos por vivir en una zona tan apartada”.

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Los choques y disgustos entre la comunidad y el Distrito no han caracterizado la atención de la emergencia, pero tampoco han faltado. Por ejemplo, allí afirman que, “un funcionario dijo que cualquier afectación derivada del derrumbe era responsabilidad nuestra, por tratarse de un predio privado”.

Eso generó dos problemas. Primero, con los vecinos, porque esa afirmación hizo pensar que ellos tenían alguna responsabilidad en el derrumbe. Segundo, por el tema de la gestión de recursos. “Afortunadamente, en las visitas participaron funcionarios de varias entidades. Ese 20 de julio estuvieron la Alcaldía Local, el IDIGER y la CAR. Comprobaron que no había sido culpa nuestra, sino un evento natural”.

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Sobre la situación actual dicen los vecinos: “Hay paso peatonal. La gente tiene que dejar los carros en un punto y seguir caminando. Muchos, afortunadamente, han podido irse temporalmente a casas de familiares. Nos ha tocado abrir zanjas para drenar el agua, porque el derrumbe sigue avanzando. Nos toca hacerlo nosotros mismos”.

La Alcaldía de Chapinero aseguró que esta semana instalará un PMU para monitorear la situación, prevenir nuevos deslizamientos, y concertar soluciones temporales para devolverle la cotidianidad a esta zona ubicada en límites con la ciudad. Mientras la naturaleza continúa manifestándose, la comunidad sigue enfrentando toda clase de peripecias, con la expectativa de que esta emergencia los ponga al fin en el mapa oficial.

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“Somos casi que unas zonas olvidadas. Desafortunadamente tuvo que pasar un desastre de esta magnitud para que Bogotá comenzara a poner más atención, porque esa carretera nunca ha recibido mantenimiento por parte del Distrito”, cerró Andrés.

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Por Juan Camilo Parra

Periodista egresado de la Universidad Externado de colombia con experiencia en cubrimiento de orden público en Bogotá.jparra@elespectador.com
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