19 Aug 2018 - 3:00 a. m.

Bogotá 2031: este es el modelo de ciudad

Con miras al proyecto de ciudad que estará vigente durante los próximos 12 años, la Secretaría de Planeación afina los detalles del POT. Planificación y ordenamiento equilibrado, los retos para la sostenibilidad de la próxima década.

Javier González Penagos - Twitter @Currinche

Tomada de Pixabay
Tomada de Pixabay

Bien sea por disputas políticas, diferencias irreconciliables frente al modelo de ciudad, falta de consenso o incluso errores de procedimiento, Bogotá tiene un pendiente que sigue sin resolver y que no admite más prórrogas: su Plan de Ordenamiento Territorial (POT), la hoja de ruta que traza su crecimiento y define la forma en la que dará uso a los suelos.

El tema no es de poca monta, pues ese documento —que debe formularse cada 12 años y que está en mora de actualización desde hace seis— define aspectos tan importantes como hacia dónde y cómo debe crecer Bogotá; en qué lugar levantar edificios; en dónde abrirles o no espacio a nuevas vías y cómo no afectar el frágil medio ambiente de la ciudad.

(Lea: A renovar un POT con 10 años de metas incumplidas)

Hallar la fórmula que no solo se ajuste a las necesidades de la ciudad y satisfaga a todos los actores, sino que responda a los retos futuros que plantean el cambio climático o el crecimiento de la población, tampoco es un tema fácil. Para hacerlo se deben definir con claridad las reglas de juego que fijen un rumbo y apunten al bienestar de los bogotanos. Una mala decisión afectaría el desarrollo de la capital.

Eso lo sabe Andrés Ortiz, secretario de Planeación, en cuya dependencia se concentra la proyección y formulación de la estrategia a largo plazo. El funcionario, tras meses de estudios y análisis, de escuchar opiniones y contrastar criterios, da las puntadas finales al proyecto, que debe ser sometido a aprobación del Concejo y que, si se cumplen los tiempos, estaría listo para su ejecución a mediados de 2019.

(Lea: La ciudad que imagina Peñalosa)

Aunque faltan detalles como el visto bueno de la CAR a la modificación de la reserva Van der Hammen, para destrabar varias obras en el norte de la ciudad, según Ortiz, los cuatro principales retos que enfrenta la capital de cara a la próxima década son: hacer de Bogotá una ciudad ecoeficiente, desarrollada de forma densa, compacta y cercana; que sea cada vez más equitativa y democrática, garantizando los derechos al medio ambiente, la salud y educación; que tanto la ciudad como la región sean competitivas y, finalmente, el desarrollo de instituciones que garanticen una gobernanza estable entre Bogotá y los municipios de la Sabana.

VAN DER HAMMEN

Que el nuevo POT no haya avanzado obedece a una decisión tan decisiva como controversial: intervenir la reserva Van der Hammen. La propuesta la estudia la CAR y una vez se pronuncie, a favor o en contra, la administración ajustará el plan y lo hará público. La CAR ha dicho que antes de septiembre dirá si autoriza o no levantar el cerrojo de la zona protegida. El tema es fundamental para la Alcaldía, pues su objetivo es sustraer 104,5 hectáreas para hacer 12 avenidas (la mitad con Transmilenio), entre ellas la ALO, la Boyacá y la Cali, y descongestionar el norte de Bogotá.

(Lea: Las vías que pasarían por la Van der Hammen)

Para los opositores, hacerlo es una amenaza al equilibrio y a la conectividad ecológica de la zona. Sin embargo, para el Distrito es posible armonizar desarrollo urbano y protección del ecosistema. “Queremos ampliar la reserva y elevar su categoría de productora a protectora”, sostiene Andrés Ortiz.

En cuanto a la construcción de vivienda, que es otra de las críticas de los ambientalistas, precisa el funcionario que, mientras más grande sea la reserva, menor será el espacio para urbanizar.

¿Por qué? Según Ortiz, hoy el norte de Bogotá –excluyendo Lagos de Torca– cuenta con 3.800 hectáreas: 1.396 de la Van der Hammen y 2.404 que pueden ser zonas de expansión. Al aumentar la reserva (de 1.396 a 1.710 hectáreas), los terrenos que quedan para expansión se reducen a 2.100 hectáreas. En la discusión no se puede dejar de lado que los beneficiados en caso de una intervención serían los constructores que tienen propiedades y los dueños de las urbanizaciones, pues el valor de cada metro cuadrado se multiplicaría al menos por 10. En todo caso, el Distrito ha dicho que en el norte quiere implementar la figura de los derechos de edificabilidad: que quien quiera construir debe pagar.

(Lea: Constructores: grandes dueños de la Van der Hammen)

 “No es que pretendamos urbanizar más, sino darle otra forma a la reserva para interconectar a Bogotá con la región, hacer una mejor conexión con los cauces de agua y hacerla realmente pública”, precisa Ortiz.

VIVIENDA Y CRECIMIENTO

El POT debe atender el crecimiento de la población. Según cálculos, cada año Bogotá suma 136.000 habitantes, lo que indica que en 2050 será una ciudad de casi 11 millones. Ello implica una gran demanda en toda clase de servicios, en particular vivienda. Con este dato, se estima que a 2031 se requerirán al menos un millón de nuevas viviendas. Sin embargo, la dificultad es que la ciudad no tiene hacia dónde crecer, a excepción de algunas zonas de Suba y Usaquén. ¿Qué hacer? Para el Distrito la fórmula es combinar renovación urbana y densificación, es decir, apostarle a rehabilitar zonas deterioradas y a construir edificios más altos.

En este frente, una de las dificultades es que cada vez más hay una reducción del tamaño de los hogares. En otras palabras, que ya no se ven familias de cinco o más personas en una casa, sino de dos o tres. La apuesta entonces es que haya 206 habitantes por hectárea, lo que se traduce en edificios de 15 pisos, pero con altos índices de espacio público, pasando de 4,4 metros por cada bogotano como está hoy a 10 metros cuadrados. “La renovación urbana debe estar soportada en el espacio público y en el transporte masivo. El POT buscará un equilibrio entre renovación soportada y expansión, pero que esa expansión sea densa, cercana y compacta”, manifiesta el secretario de Planeación, destacando el modelo aplicado en Lagos de Torca y Lagos de Tunjuelo, donde además se tienen contempladas viviendas de interés social y de interés prioritario.

El POT propone estímulos para que, en materia de suelos, haya mezcla de usos: que en un mismo sector haya zonas comerciales, industriales, residenciales, etc., pero mitigando los impactos generados por ruido o contaminación. Si eso se concreta, todo quedaría cerca y se impulsaría el transporte público, la bicicleta y, especialmente, el tránsito a pie.

MOVILIDAD

Bogotá lleva 60 años sin hacer vías de conexión regional y depende de cuatro corredores: las autopistas Norte y Sur, la calle 13 y la calle 80. El POT planteará una vía alterna para cada uno de esos ejes.

- Autonorte: para mejorar la movilidad, la propuesta es ampliar la Av. Boyacá hasta Centro Chía, para que se conecte con una vía ya existente entre Chía, Cajicá y Zipaquirá. Frente a la calle 170, se cree necesario concretar la doble calzada a Cota.

- Calle 80: el POT propondrá una vía de soporte que sería la calle 63. “Está muy bien desde la Caracas, pasa por todo el Simón Bolívar y llega hasta Engativá. Nos falta completar hasta el río y que entre al municipio de Funza”, dice Ortiz.

- Calle 13: la propuesta es extender Las Américas, desde la Av. Ciudad de Cali hasta Mondoñedo. Algo que ayuda es que esa franja, que ya está prevista en el POT de Mosquera, del río Bogotá hasta Mondoñedo.

- Autosur: el secretario de Planeación dice que el sur de Bogotá, por cuenta del factor Soacha, es una bomba de tiempo en materia de movilidad. “En ese municipio hay 700.000 habitantes que dependen de una sola línea de Transmilenio y de una vía, increíblemente frágil”. Por ello, se propone conectar con la Av. Ciudad de Cali.

TRANSPORTE URBANO

El POT buscará renovación urbana y densificación alrededor de las troncales de Transmilenio y del metro, para que la mayoría viva a un kilómetro de estos sistemas. Frente al metro se propone que en inmediaciones de cada estación haya actividad comercial, viviendas y otros usos. Además, incluye la idea de la segunda línea del sistema, para atender la mayor demanda. Aunque el futuro del proyecto depende del Gobierno Nacional, el Plan planteará un corredor por la calle 80 (seguramente desde Los Héroes), que gira a la altura de la ALO o de la Cali hacia el norte, hasta llegar a Suba.

Por el lado de Transmilenio, se espera completar la red matriz de troncales y que los buses rojos se movilicen por las avenidas 68, Ciudad de Cali y Boyacá. También se consideran troncales transversales en las calles 200, 170 y 63, sumado a la Caracas sur (desde Molinos hasta Yomasa) y la de la Av. Ciudad de Cali hasta el municipio de Soacha.

Para desestimular el uso del carro particular, la apuesta es ofrecer un mejor transporte público y mayores espacios para que la gente se suba a la bici o camine. Sin embargo, también se tienen contempladas otras estrategias más impopulares, como peajes urbanos, cobros por congestión y que se elimine la obligación que tienen los constructores de hacer cierto número de parqueaderos en nuevas urbanizaciones.

RÍO BOGOTÁ

Según el secretario de Planeación, uno de los mayores avances que presenta el POT es la concepción alrededor del río Bogotá, que ya no sería visto como el borde de la ciudad, sino que se transformará en el eje de la región. Bajo ese planteamiento fue concebido el proyecto Ciudad Río, un parque lineal ideado a lo largo del afluente, de tal manera que lo integra a las dinámicas de la ciudad sin dejar de lado su cuidado y conservación.

“La parte fundamental de Ciudad Río es la descontaminación. Por eso, se propone ampliar la PTAR Salitre y hacer realidad la planta elevadora Canoas. Se concretan además los interceptores del río Fucha y del río Tunjuelo, y esas dos cuencas quedan sin aguas negras”, indica Ortiz.

El proyecto va de la mano con el ciclo del agua que proyecta el Distrito para hacerle frente al cambio climático: se trata de una conexión ambiental que enlaza el sendero de Las Mariposas (en los cerros orientales) con los parques lineales de los ríos Bogotá, Fucha, Tunjuelo y Juan Amarillo. “Este POT propone un modelo de previsión y prevención frente al cambio climático, pero también abarca mucho de adaptabilidad”, precisa Ortiz.

INTEGRACIÓN REGIONAL

En un esfuerzo por integrar y conectar a Bogotá con los municipios que la rodean, en el POT que estructura el Distrito se ofrecerá una visión regional sobre cómo deberían crecer y hacerse sostenibles las poblaciones del norte (Chía, Cota y Cajicá), las del occidente (Funza, Mosquera y Madrid) y la del sur (Soacha).

Dicha proyección no pasa de ser una mera sugerencia, pues Bogotá no tiene jurisdicción en otras poblaciones. No obstante, en el documento plantearán una serie de pautas para que la región pueda crecer y funcionar de manera articulada.

“Esos municipios van a seguir creciendo de una manera muy importante, pero es fundamental también que lo hagan de manera densa, compacta y cercana, no en condominios de baja densidad. Nuestra propuesta no es más que una visión del deber ser, de cómo manejar ese centro supramunicipal”, dice el secretario de Planeación.

PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Entre 2016 y principios 2017, cuando se surtía la etapa de diagnóstico del POT, el Distrito instaló varias mesas de trabajo para que los ciudadanos expresaran sus reparos y expectativas frente al proyecto. De allí se concluyó que las mayores preocupaciones de los bogotanos eran movilidad, seguridad y los impactos que traería consigo el uso del suelo. Frente a las expectativas, dice el secretario de Planeación, la gente manifestó la necesidad de mayor espacio público, ciclorrutas y senderos peatonales.

No se pasó por alto el tema de los equipamientos, es decir, hospitales o colegios. Por ello, el POT incluye todo un plan maestro en este frente para que haya sinergias en estos espacios. “Por ejemplo, que tengamos parques integrados a colegios y estos vinculados a centros para adultos”, explica Ortiz.

Cumplidas la mayoría de las etapas se viene otra crucial para la administración: la pública, en la que en 100 días socializará y expondrá el POT ante la ciudadanía. Buscando tener una opinión mucho más precisa, el Distrito –una vez la CAR emita una decisión sobre la Van der Hammen y tenga un plan definitivo– instalará encuentros ya no en localidades, sino en cada una de las 112 UPZ de la ciudad.

“La participación de la fase 1 nos mostró que es obsoleto consultar a Bogotá a nivel localidad. Un ejemplo es Suba, donde los intereses y las preocupaciones de la gente son diversos. Las necesidades no son las mismas entre quienes viven en Colina Campestre y los que residen en Lisboa Bajo. Por eso, vamos a ir a las UPZ”, asegura el funcionario.

Lo que viene para el POT

2018

Septiembre

La CAR define si autoriza o no el plan de intervención del Distrito sobre la reserva Van der Hammen. A partir de allí, realiza ajustes y hace pública la propuesta.

Octubre-diciembre

Se debe surtir una etapa de participación de 100 días, en los que la administración llegará a cada una de las 112 UPZ de la ciudad para socializar y compartir el proyecto.

2019

Enero

El Distrito presentará el POT a la CAR y concertará temas de orden ambiental.

Febrero

Presentación del proyecto al Concejo Distrital para su discusión y aprobación. El cabildo cuenta con 90 días para adoptar una decisión.

Mayo-junio

Comenzará la implementación formal del proyecto si es aprobado por el Concejo. Se precisarán acciones financieras, institucionales y técnicas para materializarlo.

 

jgonzalez@elespectador.com

Comparte: