Hernán Clavijo, residente del barrio Modelia desde hace más de cinco décadas y vocero comunitario, es uno de esos líderes que lleva años luchando para que este barrio deje de ser apelativo de fiesta y rumba. Como residente, vivir rodeado de discotecas es un martirio que, piensa él, no es justo que vivan unos cuantos miles de residentes en toda Bogotá, “cuando hay espacio para todos”. Esa es una de las reacciones en una de las 19 zonas habilitadas para alojar fiesta hasta las 5:00 a.m.
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A pesar de ser una ciudad cosmopolita, a Bogotá aún le queda largo camino para poder llamarse a sí misma una ciudad nocturna. Tanto la oferta como las condiciones de servicios de transporte y de seguridad de la ciudad, chocan con esa idea y abren puertas a cambios en las reglas del juego y medidas como las que la ciudad afronta desde el 2024: una reducción en los horarios de rumba hasta las 3:00 a.m., con la promesa de zonas focalizadas para la fiesta extendida. El debate continúa entre dos perspectivas contrarias: los ciudadanos víctimas de la violencia acústica, cansados del ruido, y el sector comercial que pide a gritos una ciudad 24 horas.
El decreto que cambió la rumba
Clavijo explica que Modelia no solo es un barrio residencial, sino un sector con una alta concentración de instituciones educativas, entre ellas el Liceo Navarra, al que identifica como un referente académico del sector y uno de los colegios directamente impactados por la actividad nocturna. Según relata, este colegio se encuentra dentro de los 200 metros de protección que establece el Decreto 825 para usos educativos. Una condición que, en su criterio, haría ilegal la operación de establecimientos de alto impacto en la zona. “Aquí hay un clúster educativo muy importante. De hecho, uno de los mejores colegios de barrio de Colombia está acá y ha jalado a muchos otros”.
Cuando a mediados del año pasado comenzó a regir el Decreto 293, que redujo los horarios para establecimientos de venta de licor, incluidos bares y discotecas (incluso algunas tiendas expendedoras), el debate no solo llegó al sector comercial que vio reducidas sus ventas (hasta un 20 %), golpeó también a clubes de billar que entrenan hasta tarde, e incluso a vecinos que llevan años quejándose por el ruido, pues el mismo decreto no solucionó el problema de los llamados sindicatos que operan como clubes nocturnos a altas horas.
En medio de ese contexto, una de las expectativas está en las zonas de rumba que delimitaría el Distrito, como lo estableció el mismo decreto 293. A 31 de octubre del 2025, había 27 zonas evaluadas, pero solo 19 cumplieron las condiciones habilitantes. Cabe aclarar que las zonas quedan habilitadas, pero estarán en un proceso de monitoreo, sujetas a cambios. Tanto nuevas zonas pueden entrar como algunas de las ya existentes, salir de la lista.
Según el texto de la resolución que las delimitó, “esta depuración técnica asegura que la ampliación horaria responda a la evidencia objetiva y comparable y fortalezca la gestión del orden urbano y la seguridad”. Entre esas zonas, Modelia está habilitada para extender la rumba a las 5:00 a.m. Pero, como otras 10 zonas de las 19, es residencial.
A favor, en contra
El colectivo Activos X el Ruido presentó el resultado final del análisis de 997 comentarios ciudadanos recibidos durante la discusión del proyecto de decreto que planteó el año pasado extender el horario de rumba hasta las 5:00 a. m. El balance es contundente: el 64,6 % de los participantes (644 comentarios) se manifestó en contra de la ampliación, mientras que el 35,4 % (353 comentarios) estuvo a favor.
Según Activos X el Ruido, los comentarios a favor de la extensión corresponden principalmente a trabajadores del sector nocturno, es decir, bartenders, DJ, meseros, personal de seguridad y aseo, dueños de bares y discotecas, y clientes habituales de la rumba. Entre sus razones más frecuentes se repite el argumento de la seguridad personal, al señalar que a las 3:00 a. m. no hay transporte público y se incrementan los riesgos en la calle, mientras que a las 5:00 a. m. ya hay luz, más circulación de personas y funcionamiento regular de Transmilenio y SITP. También destacan la pérdida de ingresos económicos con el cierre temprano, la necesidad de evitar la rumba clandestina, una mejor movilidad con salidas escalonadas y la idea de proyectar a Bogotá como una ciudad turística y moderna.
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En contraste, el 64,6 % que se opone a la medida está compuesto sobre todo por residentes de zonas mixtas y residenciales como Chapinero, Modelia, Galerías, Kennedy, Suba, Usaquén y Teusaquillo, además de padres de familia, adultos mayores y personas con trabajos diurnos. La principal preocupación es el ruido excesivo y la pérdida del derecho al descanso, que ya se presenta con el horario actual y que, según los comentarios, sería insostenible hasta las 5:00 a. m., afectando especialmente a niños, personas enfermas y adultos mayores.
Una de las personas en desacuerdo es Clavijo. No obstante, como él, la mayoría solo quiere dormir tranquilos y no está en desacuerdo con la rumba, sino en que se desproteja a las comunidades residenciales. Incluso, el vocero plantea una alternativa que, asegura, viene siendo propuesta por las comunidades desde hace años, pero se ha ignorado: la relocalización de la rumba en zonas industriales y comerciales adecuadas. “Nosotros no estamos en contra de la rumba. Bogotá tiene espacio para todos y para todo. Aquí, en Fontibón, casi la mitad del territorio es industrial. Hay zonas con vías amplias, áreas de acceso adecuadas, sin colegios ni viviendas alrededor, donde estas actividades pueden funcionar 24 horas sin ningún problema”.
El ruido, un drama latente
“Las cifras oficiales sobre la crisis de ruido en Bogotá hablan por sí solas”, dice el colectivo Activos X el ruido. Entre enero y junio de 2025, la línea 123 recibió 169.306 reportes sobre ruido, frente a 139.985 del mismo periodo en 2024. “En 2024 en total fueron: 330.000 llamadas al 123 por ruido y de ellas solo el 1 % termina en sanción. 6.300 quejas fueron ante alcaldías locales, de las cuales menos del 5 % recibe una respuesta efectiva”, señalan.
Para mayo de 2025, ya se habían radicado 2.286 querellas por perturbación, con solo 2 % de cierres por parte de los 128 inspectores en la ciudad. Con estos datos, el colectivo continúa reclamando su derecho al descanso y argumenta que las zonas delimitadas no corregirán el fondo del problema.
“Avanzan en este decreto sin revisar miles de expedientes en Inspecciones de Policía, sin corregir la raíz del problema y poniendo a comerciantes y residentes en bandos enfrentados. Un atajo político que ignora la realidad: Bogotá ya es “24/7” en clandestinidad, ruido vehicular, piques, motos con exostos modificados, industrias pegadas a las casas… pero el mayor volumen de quejas sigue llegando por discotecas, bares, gastrobares y restaurantes", señalaron en un comunicado.
A una Bogotá 24 horas
Según Asobares, que ve como un paso adelante la delimitación de zonas, la economía nocturna movió COP 4,6 billones en 2025, a través de 36.000 establecimientos registrados en Cámara de Comercio, y que generan alrededor de 435.000 empleos directos e indirectos en la ciudad. Sin duda, la ciudad también esperaba una movida que diera luz verde a los establecimientos nocturnos.
No obstante, Asobares también expresó su preocupación frente a la no inclusión de zonas tradicionales y consolidadas de actividad nocturna, tales como la Zona 116, Plazoleta México y el sector de Galerías Distrito 27, territorios que históricamente han desarrollado su actividad de manera formal, cumplen con los requisitos exigidos por la ley y cuentan con empresarios comprometidos con la autorregulación, la seguridad, la convivencia ciudadana, mesas de trabajo vecinales y el cumplimiento normativo.
Algo que destacan concejales como Julián Sastoque, también crítico de las medidas recientes sobre la rumba: “La resolución que habilita 19 zonas de rumba hasta las 5 a. m. es un avance hacia una Bogotá productiva 24/7 y más segura. Golpea a los mal llamados “sindicatos” que operan sin reglas y reconoce los esfuerzos de los establecimientos formales. “Aún faltan incluir algunas zonas en las que el entretenimiento nocturno impulsa la productividad”, señaló.
Que la ciudad se dirija a brindar una vida nocturna es una necesidad de antaño que sigue creciendo cada año: los servicios de alojamiento y comida aumentaron en empleabilidad 3,5 %, con más de 33.000 jóvenes ocupados, y las actividades artísticas crecieron 1,8 %, con más de 16.000, generando una tendencia que cada vez apunta a actividades nuevas, en su mayoría nocturnas.
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Es claro que aún falta un largo camino para que la rumba coexista con el sueño en la ciudad. La noche exige que Bogotá se adapte a los cambios sin romper los tejidos sociales que por años han promovido el desarrollo de la ciudad. Así lo concluye Hernán, de Modelia: “Bogotá tiene espacio para la rumba y para el descanso; el problema no es la noche, sino ponerla donde corresponde y hacer cumplir las reglas para que nadie tenga que perder su derecho a vivir tranquilo.”
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