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Bogotá y Río: destinos comunes por el pulso humano de la vivienda

En el marco del Día Mundial de las Ciudades, El Espectador habló con Claudia Magalhães y Theresa Williamson, dos urbanistas brasileñas expertas en acceso a la vivienda quienes compartieron las experiencias del país sudamericano y los lazos comunes que unen a ciudades como Río de Janeiro y Bogotá.

Miguel Ángel Vivas Tróchez

31 de octubre de 2025 - 07:03 p. m.
Claudia Magalhães y Theresa Williamson en entrevista con El Espectador.
Foto: Archivo Particular
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Entre las favelas de Río y los barrios populares de Bogotá hay un espejo que devuelve más similitudes que diferencias. En ambos lugares, la ciudad formal se construyó rodeada por otra que, sin permiso, sin planos y sin créditos, levantó sus propias reglas y sus propias casas. Hoy, ese tejido que alguna vez fue visto como un error de planificación se ha convertido en el laboratorio más vivo de innovación urbana y social en América Latina.

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Brasil lleva más de dos décadas reescribiendo su modelo de vivienda. Lo hace reconociendo que la respuesta no está solo en nuevos conjuntos de interés social, sino en fortalecer lo que ya existe: barrios que se autoconstruyen y hoy buscan consolidarse sin perder su identidad. “El problema no es la favela”, dice Teresa Williamson, directora de la Comunidad Catalítica en Río. “La crisis aparece cuando no la valoramos”. En sus palabras se resume una lección que Bogotá también empieza a comprender: la inclusión urbana no consiste en desplazar, sino en reconocer.

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Mientras en Río florecen redes comunitarias como la Sustainable Favela Network —mil líderes que trabajan por una ciudad más sostenible desde los cerros y los bordes—, en Bogotá los planes de mejoramiento barrial y vivienda en arriendo empiezan a tomar vuelo. Ambas ciudades enfrentan el mismo dilema: cómo garantizar el derecho a la vivienda sin repetir los errores de la expansión periférica ni entregar la ciudad a las fuerzas del mercado.

Claudia Magalhães, una de las voces que lideró el Plan Nacional de Vivienda en Brasil, lo explica con claridad: “Después de tantos años construyendo vivienda nueva, ahora el foco está en mejorar la existente y en crear esquemas de arriendo asequible”. En ese cambio de enfoque —del ladrillo a la comunidad, de la cantidad a la calidad— hay una pista del futuro urbano latinoamericano. Bogotá mira de cerca esas experiencias mientras intenta resolver su propio déficit de vivienda y equilibrar el peso de la informalidad.

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Ambas expertas coinciden en algo esencial: los procesos importan tanto como los resultados. No basta con inaugurar proyectos o lanzar programas; el verdadero desafío está en sostenerlos, monitorearlos y mantener viva la participación ciudadana.

Bogotá ha aprendido, poco a poco, a tejer redes similares. Desde los programas de mejoramiento integral hasta los intentos por regularizar barrios. Quizá por eso las historias de Brasil resuenan tanto aquí. En ambas latitudes, la vivienda dejó de ser un tema solo de arquitectos o de ministros y se volvió un asunto de comunidad, de mujeres que organizan huertas, de jóvenes que pintan murales, de vecinos que aprenden a construir techos solares. Y en ese movimiento desde abajo, la ciudad formal empieza a descubrir que no tiene todas las respuestas.

Si algo une hoy a Bogotá y a Río es la certeza de que la ciudad más justa no se impone: se construye con quienes la habitan.

Teresa Williamson — Directora de la Comunidad Catalítica de Río de Janeiro

¿Podrías contarnos un poco sobre tu experiencia en Brasil, especialmente en relación con la inclusión de las favelas dentro de las ciudades formales?

Nuestra organización, una ONG, lleva más de 25 años trabajando con líderes y organizaciones comunitarias de las favelas en Río de Janeiro, en cientos de comunidades por toda la ciudad. Nuestro trabajo consiste en apoyar lo que ya está ocurriendo dentro de las favelas: asociaciones de vecinos, grupos de mujeres, programas educativos, y ahora, cada vez más, proyectos de sostenibilidad ambiental.

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¿Podría darnos más detalles de esos proyectos?

Muchas comunidades están desarrollando iniciativas de energía solar, techos verdes, agroforestería o museos comunitarios. Todo nuestro enfoque parte de valorar las favelas y reconocer que son parte de la solución a la crisis de vivienda. En realidad, la crisis se produce cuando no las valoramos. En América Latina, históricamente, la vivienda asequible se ha generado a través de los asentamientos informales: personas que construyen sus propias casas.

¿Cómo funciona el acceso a la vivienda en Brasil y en América Latina?

No existe ninguna ciudad en el mundo donde el mercado pueda proveer vivienda para todos. Al menos el 20 % de la población no puede acceder al mercado formal debido a los costos de la tierra y la construcción. En el norte global, los gobiernos cubren ese déficit; en Asia, más del 50 % de la vivienda en varios países proviene directamente del Estado. En América Latina, en cambio, fueron las propias personas quienes resolvieron su necesidad construyendo. Por eso vemos las favelas desde esta perspectiva.

Todo lo que hacemos gira en torno a cómo integrarlas, reconociendo que ya han construido buena parte de la vivienda urbana y que, en su mayoría, son comunidades consolidadas. En América Latina, la gente no quiere irse: quiere quedarse en su barrio.

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¿Qué cambios o políticas aún son necesarios para garantizar que estas comunidades tengan voz en la planificación y transformación urbana?

En Río, las personas que viven en favelas no están incluidas en la formulación de políticas. Es una ciudad donde las decisiones las toma un grupo pequeño, y la mayoría de quienes resultan afectados quedan fuera del proceso. Eso es distinto a lo que ocurre, por ejemplo, en Colombia, donde sí hay intentos de mayor participación.

En nuestro caso, la presión constante viene desde las organizaciones de base, que luchan por ser escuchadas. Pero el gran problema en Brasil no es tanto la creación de políticas, sino su implementación, seguimiento y mantenimiento. Llevamos generaciones atrapados en un ciclo en el que ciertas comunidades quedan al servicio de la ciudad, algo que beneficia a quienes están en el poder. Es un conflicto estructural muy difícil de romper.

¿Qué podrían aprender otras ciudades, como Bogotá, sobre inclusión social y fortalecimiento de barrios consolidados?

Cuando se apoya a las comunidades en sus propios procesos, es posible crear redes entre ellas. En Río, por ejemplo, tenemos la Red de Favelas Sostenibles, integrada por más de mil líderes comunitarios y aliados que trabajan en proyectos de sostenibilidad como los que mencioné.

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También se pueden diseñar políticas que integren los asentamientos informales de manera que los valoren, sin provocar gentrificación. En Brasil hemos adaptado el modelo del Community Land Trust o fideicomiso de tierras comunitarias —inspirado en la experiencia de Puerto Rico—. Este modelo permite regularizar asentamientos informales reconociendo su historia y su consolidación.

¿Qué rol tiene el tejido comunitario?

La comunidad, a través de una asociación, es dueña colectiva del suelo; los residentes son propietarios de sus viviendas, pero la tierra pertenece a todos. De esa forma se aseguran los derechos de tenencia, se mantiene la asequibilidad de la vivienda y se evita el desplazamiento a medida que se desarrollan los barrios.

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Claudia Magalhães, experta en Vivienda y Desarrollo Urbano

¿Podrías contarnos un poco más sobre el diseño del Plan Nacional de Vivienda en Brasil y qué aprendizajes podrían aplicarse en Bogotá?

Claro, con gusto. Es un placer hablar sobre ello. Participé en el primer Plan Nacional de Vivienda en 2008, cuando en Brasil aún no teníamos mucho desarrollo en materia de vivienda asequible. Desde entonces, el país ha vivido un proceso transformador en este campo durante la última década y media. Ahora estamos construyendo el nuevo plan nacional de vivienda para los próximos 15 años.

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He tenido además la oportunidad de trabajar con varias ciudades brasileñas —como Porto Alegre— ayudando a fortalecer su estructura local para promover vivienda asequible. En los años noventa, las ciudades tuvieron un papel protagónico en este tema, pero con el tiempo lo perdieron. Hoy están recuperando ese liderazgo.

¿Cuál es la experiencia más relevante de estas ciudades?

Estas ciudades están impulsando programas sociales similares a la “Sección 8” en Estados Unidos, combinando propiedad privada con alianzas público-privadas para desarrollar vivienda en alquiler. En el caso de Salvador, por ejemplo, hay una iniciativa completa de renovación del centro histórico. Vemos muchos proyectos interesantes a nivel urbano en Brasil.

¿Cuáles son las principales tendencias en América Latina para mejorar el acceso a la vivienda, especialmente para los sectores más vulnerables?

En Brasil, después de todo este desarrollo en vivienda de interés social, el foco ahora está en los microcréditos para mejoramiento de vivienda, con el fin de reducir el déficit cualitativo, así como en los esquemas de alquiler asequible. Están surgiendo proyectos privados orientados a promover vivienda en arriendo a precios accesibles, lo cual es muy interesante.

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En Chile, por ejemplo, que ya tiene una larga experiencia con subsidios de arriendo, ahora también están promoviendo nuevos desarrollos habitacionales para ampliar la oferta. En resumen, la región está empezando a diversificar las herramientas para atender distintas necesidades habitacionales.

¿Cómo podría Bogotá aprovechar la experiencia brasileña —y de otros países— para mejorar su política de vivienda?

Bogotá también tiene mucho que enseñarnos. Lo más valioso que podemos hacer como región es reunirnos, intercambiar y compartir nuestras experiencias. En toda América Latina y el Caribe enfrentamos desafíos comunes, así que el intercambio no debe centrarse solo en los resultados, sino también en los procesos y los obstáculos que encontramos al implementar las soluciones. Esa colaboración entre ciudades es fundamental.

No deje de leer: Día mundial de las ciudades: Bogotá será el laboratorio urbano del mundo.

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

Por Miguel Ángel Vivas Tróchez

Periodista egresado de la Universidad Externado de Colombia interesado en Economía, política y coyuntura internacional.juvenalurbino97 mvivas@elespectador.com
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