Para Nicolás Ríos (33 años), comprar una vivienda de interés social en El Porvenir (Bosa) no solo significó tener un espacio propio, sino descubrir que las cuentas no terminan cuando se firma la escritura. Por su ubicación, quedó a casi dos horas de su lugar de trabajo, por lo que compró una moto y sumó otra deuda. Su historia ilustra cómo, más allá del actual récord de construcción de vivienda social en Bogotá, hay otros costos que una familia debe tener en cuenta al elegir dónde comprar.
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El tema es que las cifras de desarrollo inmobiliario, en apariencia, muestran que es un buen momento para comprar. Pese a que en 2025 la expedición de licencias para construir Vivienda de Interés Social y Vivienda de Interés Prioritario (VIS y VIP) cayó, el inicio de obras mostró una tendencia al alza, una contradicción que se explica al entender que licenciar, construir y terminar son momentos distintos del ciclo. En datos concretos, mientras las licencias VIS en Bogotá pasaron de 19.496 en 2024 a 16.370 en 2025, una reducción del 16 %, las viviendas VIS en proceso pasaron de 29.663 a 30.543.
Pero ese aumento no fue homogéneo. Entre 2024 y 2025, las unidades que más crecieron fueron las de Vivienda de Interés Prioritario, que concentraron cerca del 86 % del aumento neto. Al analizar la concentración territorial, los datos son más llamativos y muestran cómo ha ido cambiando su ubicación. Al comparar con 2016, por ejemplo, mientras Ciudad Bolívar pasó de 1.137 VIS en proceso a 64, y Usme de 969 a 481, Fontibón saltó de 203 a 6.931; Suba, de 406 a 4.617, y Bosa, de 1.941 a 5.410. El mapa de la vivienda social cambió y Fontibón, Bosa y Suba concentran buena parte de la actividad reciente.
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El lugar hace parte del precio
Ese cambio territorial importa porque una vivienda más barata no necesariamente significa una vida más económica. Diego Rivas, agente inmobiliario especializado en ventas y citado en el análisis de El Espectador sobre la expansión de la VIS, explica que muchos compradores terminan buscando alternativas de transporte o incluso arrendando la vivienda cuando enfrentan las distancias y dificultades de movilidad de sectores periféricos.
Por eso resulta interesante que, mientras miles de viviendas sociales avanzan en Fontibón, Bosa y Suba, aparezcan nuevas apuestas como Renacer Central, en Teusaquillo, con 177 viviendas VIS y VIP. El proyecto busca llevar vivienda social hacia una zona con mayor cercanía a transporte, servicios y empleo. Su escala es pequeña frente al volumen que hoy se construye en otras localidades, pero muestra que la discusión no se reduce a cuántas viviendas produce Bogotá, sino también a dónde y en qué condiciones se construyen.
Explicación y límites
El impulso en la construcción que se vivió en 2025 estuvo acompañado por la política distrital. La secretaria de Hábitat, Vanessa Velasco, destacó en su momento el papel de Mi Casa en Bogotá y reportó que en los primeros nueve meses se iniciaron 38.847 viviendas, de las cuales 26.448 eran sociales. Desde el sector privado, el gerente de Camacol Bogotá y Cundinamarca, Edwin Chiriví, atribuyó parte de la recuperación al impulso de los subsidios y reportó cerca de 40.000 VIS vendidas durante 2025.
Pero construir y vender no resuelven, por sí solos, el acceso. A comienzos de 2026, El Espectador documentó un aumento de los desistimientos de compra en Bogotá y Cundinamarca, asociados, en buena parte, a dificultades de financiación y capacidad de pago. Es un dato posterior y no permite explicar el comportamiento de 2025, pero sí muestra el último eslabón del problema: una vivienda puede ser licenciada, iniciada, construida y ofrecida, y aun así quedar fuera del alcance efectivo de un hogar.
La fotografía completa es, por eso, menos sencilla que un récord. Bogotá sí construyó más vivienda social en 2025 y estos datos no permiten hablar de una crisis de la VIS. Lo que muestran es una actividad constructiva fuerte, acompañada por una reducción de las nuevas licencias y por un cambio profundo en dónde se concentra la vivienda social. El 86 % del aumento reciente de la VIS en proceso provino de la Vivienda de Interés Prioritario y casi toda esa expansión se concentró en Bosa. Mientras tanto, localidades que hace una década tenían un peso importante, como Ciudad Bolívar y Usme, perdieron participación.
La ciudad logró acelerar la máquina, pero ahora necesita saber si la tubería está suficientemente llena para sostener esa velocidad. También necesita decidir qué significa construir vivienda social cuando el lugar donde se levanta puede determinar cuánto tiempo, dinero y vida debe invertir una familia para habitarla. Una vivienda no termina de construirse cuando se entrega el apartamento. Termina cuando una familia puede hacer de ese espacio una casa sin que la distancia le cobre, todos los días, una segunda cuota.
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