18 Apr 2018 - 3:00 a. m.

¿Es necesario recategorizar la Van der Hammen?

La propuesta de cambiarla de productora a protectora no es innovación de la administración Peñalosa, sino una sugerencia que había hecho el Ministerio de Ambiente desde 2000. Ambientalistas explican que hacerlo no representa un cambio significativo.

Juliana Gil Gutiérrez / jgil@elespectador.com / @juliigil

La propuesta de la administración Peñalosa de intervenir la reserva Thomas van der Hammen está en manos del consejo directivo de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), que justo empezó ayer su discusión. De ser aprobada, además de sustraer hectáreas para construir vías o realinderar la zona de reserva, uno de los aspectos que cambiaría, por lo menos en el papel, sería su categoría de reserva forestal productora a protectora.

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Pero, ¿qué significa? Según el Código de Recursos Naturales, una reserva forestal es una zona protegida por el Estado, por su importancia para la vida silvestre, la flora y la fauna del país, y debe ser conservada con bosques naturales o artificiales. Además, “sólo podrá destinarse al aprovechamiento racional de los bosques que allí existan y, en todo caso, debe garantizarse su recuperación y su pervivencia”.

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A partir de ese punto, estas zonas protegidas pueden ser clasificadas como productoras, protectoras o combinar ambas características. El Código dice que de las primeras se pueden extraer productos del bosque como madera o frutos, para la venta o el consumo, pero garantizando la renovación de los recursos. Las segundas deben ser conservadas de forma permanente y sólo se permite extraer frutos secundarios. El resto de actividades quedan prohibidas.

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Mediante su propuesta, el Distrito señala que es necesario “revisar las limitaciones que presenta la actual categoría productora de la reserva con sus posibilidades de uso y manejo, con los valores de conservación y servicios ecosistémicos prestados”. Quizás uno de los argumentos más contundentes para solicitar la recategorización es que las reservas productoras no están contempladas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap), a diferencia de las reservas protectoras.

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Agrega que en la actualidad la Van der Hammen no tiene un carácter productor, sino “agrícola productor”, porque el 75 % de sus suelos son cultivos y sólo el 1 % es reserva forestal (14 hectáreas), que se distribuyen entre bosque denso bajo inundable, denso bajo de tierra firme, eucalipto, sauce, saúco y arbustal denso.

La lucha por la conservación

La solicitud no es una novedad. Convertirla en zona protectora fue una sugerencia que hizo el Ministerio de Ambiente en el año 2000, cuando se pronunció sobre el uso de las áreas del borde norte y noroccidental de la ciudad. Después de la revisión de un panel de expertos, se determinó la importancia de la franja de conexión, restauración y protección, al permitir “la comunicación de los pequeños relictos de bosque entre sí y los flujos de vida entre los cerros orientales y el río Bogotá, asegurando su restauración y conservación en el tiempo”.

A pesar de esa sugerencia, y luego de nuevos estudios, en 2011 la reserva fue clasificada finalmente como zona productora, sin descartar la importancia de proteger algunos territorios dentro de ella. Incluso, en el Plan de Manejo Ambiental, expedido por la CAR en 2014, se hizo un zoom sobre la reserva para determinar qué partes requerían un tratamiento como zona protectora.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, Loreta Rosselli, doctora en biología de la conservación y quien participó en los estudios que hizo la CAR para declarar la reserva en 2011, asegura que la preocupación por la categoría de la Van der Hammen ha existido desde que se empezó a debatir su declaratoria. Sin embargo, para ella, es poco el efecto que se puede lograr con la modificación que hoy sugiere el Distrito. Por eso considera que la reserva tal y como está, en territorio y categoría, no se debe tocar ni cambiar.

Por su parte, Sabina Rodríguez van der Hammen, nieta del botánico Thomas van der Hammen, explica que la recategorización sí cambia la concepción de la reserva y la convierte sólo en corredores. Argumenta que, en el Plan de Manejo Ambiental, el cual contó con un proceso participativo importante, ya se había hecho un estudio profundo para indicar qué se puede y qué no se puede hacer en determinadas zonas. “Lo que ellos mantienen de la reserva, que ya tiene esa categoría, no cambia con que sea productora o protectora. En el Plan de Manejo ya tenía prácticamente esa destinación. Además, la actividad agrícola no se puede aumentar”, señala.

Juan Camilo González, gerente de Ciudad Norte y quien lidera la solicitud de la administración a la CAR, explica que el cambio sí es necesario, porque se trata de “una reserva que se destinará a la protección de los elementos ambientales y no a la producción de bosques”.

Los argumentos de ambas partes convergen en el Plan de Manejo Ambiental. Para los defensores de la actual Van der Hammen, en este documento está la respuesta para el manejo de la reserva y las claves para proteger el ecosistema, hecho que hace innecesario pensar en su recategorización. Pero para quienes tienen el deseo de replantearla es necesario elevar la categoría para garantizar su protección.

De ser aceptada por la CAR la propuesta que presentó la administración Peñalosa, definitivamente cambiaría la vocación del suelo y su distribución. A partir de este punto se abrirán una serie de interrogantes como qué actividades económicas se permitirán, quiénes tendrán que migrar del territorio y, sobre todo, cuándo se podrá ejecutar esta propuesta.

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