En Bogotá desaparecen al menos cinco personas al día. Con el último rastro de una cámara de seguridad o el relato de un testigo, las familias esperan que sus seres queridos regresen con vida. Pero para la familia Cubides Ariza, la muerte tocó a su puerta de la manera más cruel y violenta. A Neill Felipe Cubides Ariza, funcionario de la Procuraduría y profesor universitario, lo encontraron incinerado y abandonado en la vereda Los Soches, zona rural de la localidad de Usme, un crimen atroz que plantea más dudas que respuestas.
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Un abrazo fundido que consuela es el mayor soporte que tienen ahora los familiares del destacado funcionario del Ministerio Público y docente de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo, de la Universidad Externado. El drama empezó en la mañana del 15 de enero, cuando salió de su apartamento, con su hijo de 10 años, rumbo a la unidad de urgencias pediátricas de la Clínica del Country.
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Luego de un largo día de preocupación por la salud de su hijo, el niño solo podía quedarse con un acompañante, “por lo que le dije que fuera a la casa y descansara”, le contó su esposa, Denis Alfaro, a la Fiscalía. Fue entonces cuando Neill salió casi a las 10:00 p. m. a la carrera 15 con calle 82 y tomó un taxi. Nunca llegó a su destino.
El 16 de enero, Denis reportó la desaparición. Detalló a las autoridades que, al indagar por los movimientos en las cuentas de ahorro de su esposo, una entidad financiera le notificó retiros entre la 1:00 y las 2:00 de la madrugada de ese viernes. Hubo dos transacciones en el barrio Venecia por COP 2 millones y COP 4 millones, y una compra por COP 250 mil, a la 1:51 a. m.
“No entiendo por qué no lo han soltado. Ya tuvieron lo que querían. Respéntele la vida y díganos dónde lo podemos encontrar”, dijo Alfaro en su momento. Pero este sentido llamado no fue escuchado. Mientras la familia esperaba noticias, las autoridades encontraron 24 horas después un cuerpo calcinado en una zona boscosa al sur de la ciudad. Sin embargo, Medicina Legal necesitó tres días para identificar el cadáver del profesor.
“Él enseñaba a sus estudiantes cómo comunicar con estadísticas y matemáticas (...) Confiamos plenamente en que las autoridades puedan esclarecer esta situación”, manifestó el rector de la U. Externado, Hernando Parra.
Las líneas de investigación
Las transacciones bancarias hechas apenas tres horas después de que Neill Felipe Cubides salió del Hospital abren una línea inicial de investigación alrededor de un posible caso de “paseo millonario”, conducta punible que dejó de ser tipificada como hurto agravado para ser considerada como secuestro extorsivo (buscando penas de hasta 42 años de prisión), y que, según la Policía Metropolitana, registró 37 denuncias el año pasado, un aumento exponencial que no se veía desde 2012, cuando se documentaron 27.
Pero, ¿quiénes están detrás de estos casos? De acuerdo con Andrés Nieto, director del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central, en la capital existen bandas estructuradas dedicadas específicamente al secuestro extorsivo, “donde hoy hacen seguimiento a las víctimas; procesos de tortura psicológica, y retención para poder exprimir todas las posibilidades económicas. Acá el reto no solo es desestructurar a la banda visible, sino los negocios que hay detrás”.
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Sin embargo, la forma en la que asesinaron a Cubides abre otras líneas de investigación. Para Jairo Libreros, profesor de seguridad ciudadana de la Universidad Externado, “no es usual ni una práctica ordinaria en Bogotá la incineración de una víctima de paseo millonario. Podríamos inferir que es un mensaje intimidatorio, que muestra las capacidades violentas que tiene la banda criminal”.
La segunda hipótesis
En este rompecabezas entra a jugar el trabajo principal de Neill Felipe Cubides Ariza, de 54 años: pertenecia a la Dirección Nacional de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la Nación, desde hace más de una década. Por ello, la directora de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores del Ministerio Público, Ana Rosa Celis, aseveró a El Espectador que esto es un asunto más allá de un paseo millonario, sobre todo por la forma tan cruel en que fue asesinado, para borrar todo rastro de él.
“Las funciones de esa Dirección son de policía judicial. Ellos investigan y recopilan todas las pruebas para llevar en temas preventivos o procedimientos disciplinarios. Pero no solo hay abogados, también ingenieros electrónicos, civiles y demás. Ahora, que sepa cuáles eran los asuntos que manejaba, no lo sé. Pero los funcionarios están asustados”.
Cubides tenía más de 14 años de experiencia en evaluación financiera de concesiones y era magíster en Administración con énfasis en finanzas. De momento se desconoce si existían amenazas en su contra. Aunque El Espectador se contactó con la Procuraduría, indicaron que no se iban a pronunciar.
Desde el Distrito, el alcalde Carlos Fernando Galán informó a través de sus redes sociales que, desde la tarde del lunes, la Fiscalía Seccional Bogotá activó un Grupo de Tareas conjuntas con el CTI y unidades de la Policía Metropolitana de Bogotá, para investigar, identificar y capturar a los asesinos.
Con un comunicado escrito a mano, Denis Alfaro recalcó que su esposo fue víctima de la violencia e inseguridad que agobian al país. Por ello, en esta pérdida irreparable, pidió a las autoridades que adelanten con prontitud las investigaciones, para establecer las causas de este crimen. “Nos vas a hacer mucha falta. Te vamos a extrañar todos los días, pero tu memoria perdurará. Te amamos. Eres y serás nuestro motivo para seguir adelante”.
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Aunque el rastro financiero sugiere un secuestro extorsivo, el papel de Neill Cubides como investigador de la Procuraduría obliga a una investigación exhaustiva para establecer si se trató de un hecho fortuito, en medio de la violencia que golpea la ciudad, o un caso premeditado. Será la Fiscalía la que ate los cabos sueltos. Lo que sí es evidente es que la crueldad con la que actuaron los criminales incrementa la percepción de inseguridad en la ciudad.
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