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Despunta la primera temporada invernal de 2026 y la intensidad de las lluvias empieza a generar estragos. En la madrugada de este jueves Cundinamarca fue testigo del poder de la naturaleza y Facatativá el municipio que lo sintió con mayor rigor. El desbordamiento del río Botello, que cruza el pueblo, sumado al colapso de su sistema de drenaje, hizo que el agua inundara todo a su paso y los habitantes de 15 barrios amanecieran “con el agua al cuello”.
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En total, los organismos de socorro reportaron 14 emergencias en el departamento, producto del aumento de las precipitaciones, que evidenciaron la fragilidad de la infraestructura vial y de los alcantarillados en varios puntos de Cundinamarca.
Bajo el agua
El caso más crítico se registró en Facatativá, donde la inundación de la noche del 18 y la madrugada del 19 de marzo afectó 15 barrios y cinco veredas. Una escena como esta no la vivían sus habitantes hace más de 20 años, aunque en esa ocasión fue mucho menor. Lo que comenzó con un aguacero típico de estas temporadas, se tornó en emergencia cuando el agua se empezó a acumular en las calles y luego a meterse por debajo de las puertas y por cualquier hendija. Según los damnificados, cuando fueron conscientes de la situación, ya no había margen de maniobra. A las 2:00 a. m., cuando sonaron las alarmas, ya era tarde para rescatar algo.
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“Todo se me perdió. La lavadora, el televisor, la cama… hasta la mercancía, de la que derivo mi sustento. Todo lo dañó el agua”, contó Jenny León, una mujer embarazada, residente en el barrio Girardot, mientras recorría su casa llena de barro, paredes húmedas y enseres con la marca de hasta donde llegó el agua. Menciona que, en cuestión de horas el nivel superó los 40 centímetros y siguió creciendo con fuerza. “Desde la medianoche estábamos luchando contra el agua. A las 2:00 de la mañana se hizo más fuerte y a las 3:00 a.m. entraba más rápido… fue poco lo que pudimos sacar”, relató.
La emergencia, temporalmente desintegró este hogar de seis personas. Su madre, enferma, tuvo que ser trasladada a otra casa, y sus hijos, de 6 y 11 años, pasaron la noche en la casa de una amiga. Ella no pudo quedarse. Nadie pudo quedarse. “Cualquier ayuda sirve: comida, colchonetas… lo que sea”, dijo, mientras intenta calcular el monto de su pérdida.
A pocas cuadras, otro habitante describe una escena similar. El agua entró al baño, a la cocina de los inquilinos y a los espacios donde guardaban sus pertenencias. Su moto quedó bajo el agua. “Se me perdió todo. Mire cómo quedó esto”, expresó Luis Enrique Caicedo Fajardo, señalando el barro acumulado en el piso y las paredes. Pero en medio de la emergencia, hay otra preocupación: la inseguridad.
“La gente nos ayuda, sí… pero también nos están robando las cosas. Vi a un señor llevarse un televisor”, agregó. La noche no solo dejó daños materiales, también casas inhabitables, familias separadas y una sensación compartida en el barrio: el agua no dio tiempo para nada.
Las causas
De acuerdo con la administración, en un solo día cayó sobre el municipio el agua que llueve en meses. Esto provocó el desbordamiento de las quebradas Mancilla y San Rafael, que alimentan el río Botello, y dejó expuesta la fragilidad del sistema de alcantarillado. “El sistema no fue capaz de contener tal la cantidad de agua”, explicó el alcalde Luis Carlos Casas Alvarado, quien, desde el terreno, lideró la atención de la emergencia.
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Según detalló, la quebrada San Rafael fue una de las más críticas: su desbordamiento afectó sectores como Villa Miguel y San Rafael, y al descender hacia la zona urbana terminó impactando barrios como Las Quintas, donde se concentraron los mayores daños.
Según el balance preliminar de la emergencia, resultaron afectados 15 barrios y cinco veredas, donde reportaron pérdida total de enseres; daños en infraestructura y complicaciones en la movilidad. En paralelo, se adelantó un proceso de caracterización, para identificar las necesidades específicas de cada familia y orientar la entrega de ayudas.
De acuerdo con el censo, se contabilizaron 595 hogares afectados, para un total de 3.230 damnificados, lo que equivale a un promedio de cinco habitantes por vivienda. Entre la población impactada hay 625 menores de edad; 785 jóvenes, entre 12 y 26 años; 1.082 personas, entre 27 y 59 años; 738 adultos mayores, y 89 personas en condición de discapacidad. Los daños se concentraron en barrios como Girardot (129 hogares), Sauzalito (128), Villas de Manjuí (174), La Paz (44), Monarcas (40), Paraíso (36), Juan 23 (7), San Cristóbal (13) y sector Flandes (1), así como en sectores como Villa Myriam, Convención, La Selva y Las Mercedes, donde también se adelantaron intervenciones.
Ante la magnitud de los hechos, el municipio instaló un Puesto de Mando Unificado (PMU) desde donde se coordinan todas las operaciones. En terreno trabajan articuladamente la Policía, el Ejército, la Defensa Civil, la Cruz Roja, bomberos, la CAR y distintas dependencias de la administración.
Una de las primeras decisiones fue priorizar la evacuación de las personas en mayor riesgo, especialmente adultos mayores, varios de los cuales fueron trasladados a hogares habilitados por el municipio. Pero, no todos accedieron a salir. “Hay personas que no quieren abandonar sus casas. Prefieren quedarse a cuidar lo poco que les quedó”, contó el alcalde Casas.
Acciones para contener la emergencia
Contener el agua no ha sido sencillo. Uno de los mayores problemas es que no se ha podido evacuar del todo. Según el alcalde, el río Botello está represado en varios puntos, lo que mantiene inundados distintos sectores. “Necesitamos que el agua se mueva”, dijo.
Para lograrlo, la administración desplegó maquinaria pesada —incluida una draga— con la que buscan intervenir el cauce, remover sedimentos y ampliar la capacidad del río, para que el agua vuelva a fluir.
Al mismo tiempo, con apoyo de la CAR, se hicieron sobrevuelos con dron, que permitieron identificar fallas en los jarillones, es decir, en los bordes del río.
El diagnóstico mostró dos escenarios: hay puntos donde el agua sale y vuelve a entrar al cauce, y otros donde se está filtrando directamente hacia los barrios, lo que agrava la emergencia. Desde la CAR explicaron que las intervenciones se concentrarán en esos puntos críticos, especialmente donde el agua está entrando a zonas residenciales, mientras que otros tramos no se tocarán, para no alterar el comportamiento natural del afluente. “Hay puntos que necesitamos sellar de manera urgente”, insistió el alcalde, quien aseguró que esas intervenciones ya comenzaron.
En paralelo, la administración activó ayudas y ya cuenta con un primer paquete de $80 millones, destinados principalmente a la entrega de insumos básicos.
Se trata de colchonetas, mercados, kits de aseo y otros apoyos para las familias damnificadas, a lo que se suman ayudas en especie del gobierno departamental.
Mientras tanto, equipos en terreno avanzan en el censo, casa a casa, para identificar qué necesita cada familia: desde alimentación hasta alojamiento temporal o apoyo para la recuperación.
Por su lado, varios comerciantes también reportaron pérdidas importantes: mercancía, equipos y locales inundados. Ante esto, la Cámara de Comercio de Facatativá adelanta desde este jueves su censo de negocios afectados.
La idea, explican, es entender caso por caso, pues mientras algunos necesitan ayudas básicas como alimentos, otros piden materiales como arena o ladrillos para proteger sus locales, elevar equipos o intentar frenar nuevas pérdidas si vuelve a llover.
Aunque las autoridades esperan que el nivel del agua descienda lo antes posible —si deja de llover y las intervenciones funcionan—, lo que queda al descubierto va más allá de la emergencia inmediata.
El colapso del alcantarillado, el desbordamiento de quebradas y la presión sobre el río evidencian fallas estructurales que requieren urgente atención, si quieren evitar que en un próximo aguacero se repita la emergencia.
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