2 May 2021 - 6:29 a. m.

Los otros afectados por los picos de la pandemia en Bogotá

Cada vez que la ocupación de las unidades de cuidados intensivos llega a su límite, se suspenden las cirugías no urgentes, que al final generan otro tipo de presiones dentro del sistema de salud. Expertos hablan de una reemergencia en la ciudad y la necesidad de replantear algunas de las condiciones.
Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
UCI - Covid19 - Hospital Santa Clara
UCI - Covid19 - Hospital Santa Clara

La ciudad está en alerta roja hospitalaria, no sólo porque el nivel de contagio es el máximo, sino porque la ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) está por encima del 90 %. ello, pese a los esfuerzos por intentar habilitar nuevas camas de cara al tercer pico, que el Distrito espera superar para el 9 de mayo. En esencia, la alerta obliga a la cancelación de todas las cirugías o procedimientos quirúrgicos no urgentes, ante la necesidad de liberar equipo humano y evitar mayor presión por la limitación de insumos y medicamentos.

La medida es más que necesaria, pues fuera de los más de 43.000 contagiados activos, se cuentan alrededor de 1.900 personas internadas en una UCI por COVID-19, así como otras 1.900 en hospitalización general. No obstante, en el lado opuesto de la moneda quedan las otras víctimas de la pandemia, que son todos aquellos con morbilidades diferentes y cirugías programadas, que no entran en el rango de urgentes, pero sí en las intervenciones esenciales.

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En este caso se habla de todas aquellas con las que se puede tomar el tiempo de evaluar cuidadosamente los riesgos y beneficios del procedimiento, permitiendo programar cada paso, como lo define la Asociación Colombiana de Cirugía. El problema está en que dentro de estas intervenciones se encuentran desde una circuncisión y la extracción de una cordal, hasta un trasplante de cadera o la extirpación de un tumor maligno.

Aunque el Distrito no cuenta con una cifra clara, expertos creen que alrededor del 50 % de las cirugías habrían sido aplazadas o canceladas. “Nosotros en este momento estamos haciendo un análisis del volumen de cirugías de 2019 y 2020, para evidenciar cuáles fueron las que más se suspendieron, y aunque la hipótesis inicial era que se trataba de aquellas electivas y plásticas, que no tienen mucho problema, vimos que hay muchas cardiovasculares y oncológicas, con las que no debería haber demora”, indicó Diego Roselli, investigador en Salud Pública de la Universidad Javeriana.

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El problema es que con este tipo de casos no sólo se compromete el tratamiento del paciente, sino el posible desarrollo de otras dolencias y, por consiguiente, de su recuperación, que también se traduce en sobrecostos al sistema de salud y un represamiento que debe intentar compensar el sistema cuando bajen los picos de contagio.

Así lo demuestra un estudio del Instituto de Investigación Oncológica de la Universidad de la Reina en Kingston, Ontario, Canadá, con el que se buscó identificar las consecuencias de la suspensión en la atención a pacientes oncológicos debido a la pandemia. En este no sólo identificó que retrasar un mes la atención puede aumentar entre un 6 % y 13 % el riesgo de muerte, sino que, además, se requiere fortalecer los mecanismos de diagnóstico que también se han visto afectados por la emergencia por el COVID-19.

Para Luis Jorge Hernández, experto en Salud Pública de la Universidad de los Andes, esto mismo ya se está evidenciando con otras morbilidades, que están generando una reemergencia en las instalaciones de salud de la ciudad, pues como lo señaló la alcaldesa Claudia López, hace unas semanas, en este momento no solo están ingresando más pacientes contagiados a clínicas y hospitales, sino también aquellos con otras enfermedades y requieren atención urgente hospitalaria.

“Hay que replantear el modelo, porque cancelar los servicios médicos no es gratuito, tiene repercusiones médicas y sociales, que ya se están viendo con casos cardiovasculares, neurológicos y oncológicos, entre otros. También hay que prestar atención a la identificación de nuevos pacientes, porque bajó la notificación de tuberculosis y aumentaron los casos de cuello uterino, como la mortalidad materna, porque no hay controles prenatales”, argumentó Hernández.

Ante esto, se han planteado algunas alternativas como crear equipos encargados de la atención de los pacientes en espera; la de adecuar espacios dentro de los centros de salud, para agilizar la atención de pacientes, sin añadirle presión al sistema, mientras que en algunas instituciones, donde actualmente no se atienden pacientes con COVID-19, se han evaluado prácticas para realizar cirugías ambulatorias.

Por ahora, a falta de más detalles de las condiciones de quienes han tenido que aplazar intervenciones por los picos de la pandemia y de los que no han asistido al médico por temor, está claro que detrás de las consecuencias directas de la pandemia se están generando otras que requieren atención pues, además de las complicaciones, en casos como un desplazamiento de cadera, cuya intervención no es urgente,  se termina prolongando el dolor del paciente. Al final  de cuentas, se requiere, como con las vacunas, una atención integral, ya que lo que más hay que evitar son nuevas emergencias en el sistema de salud.

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