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5 Jan 2022 - 3:55 p. m.

Opinión: Buenos deseos para 2022

“No suelo desearles prosperidad porque la noción que tengo de esa palabra no coincide con el significado que le dan los adictos al éxito”.
Conozca los deseos que comparte el columnista Alberto López de Mesa para este nuevo año.
Conozca los deseos que comparte el columnista Alberto López de Mesa para este nuevo año.
Foto: Pexels

No hay que ser pitoniso para adivinar el proceder del gobierno cuyo periodo, para bien del país, termina en siete meses. Digo esto basándome en todo el tiempo en que las élites dominantes han mantenido la hegemonía en todos los poderes y han sido tan descarados con su perversa codicia, que parece patética la inconsciencia supina de las mayorías populares que siguen eligiendo a sus opresores como si estuvieran predestinados para la sumisión, tras ser víctimas históricas de explotación, manipulación, exclusión y demás vejaciones.

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Con estos precedentes basta la malicia indígena para predecir el devenir que le impondrá la plutocracia a este nuestro país ajeno. Temo que si me atrevo en vaticinios me gana el pesimismo, así que mejor ocuparé mi columna de año nuevo con buenos deseos para 2022.

Empiezo exhortando a la ONU, y a los gobiernos de las grandes potencias, a que persuadan a los imperios farmacéuticos fabricantes de vacunas y medicamentos contra el Covid-19 para que prioricen la salud mundial sobre las ganancias de su negocio y, con filantropía ejemplar, ofrezcan los antídotos contra las virulencias como un bien global y como patrimonio de la humanidad.

Tengo además la ilusión de que el próximo Premio Nobel de Economía será para quienes logren un sistema de respaldo para las monedas en todos los países, las cuales se cambian a la fecha por oro y petróleo, para que pronto sean valoradas por la cantidad de agua potable, bosques y por la biodiversidad que tiene cada nación. Solo así nos aseguraremos de que las economías sean ecológicas y de que el poder financiero, al igual que las empresas e industrias, funcionarán comprometidos con la protección del medio ambiente.

Presiento que un humanismo inédito ha florecido desde las movilizaciones sociales, que en la última década se han dado en muchas ciudades del mundo, con el ímpetu renovador del feminismo y de la generación con magín poli cultural bruñido en la ciber-cosmogonía.

Por ello, deseo que los congresistas y el presidente que elijamos los colombianos tengan la sensibilidad para interpretar, además de las demandas, las propuestas tácitas en las multitudinarias proclamas, las cuales ya no encajan en los paradigmas ideológicos de las corrientes políticas tipificadas como de centro, izquierda y derecha.

Deseo también que las poblaciones, como un valor soberano, velen por el buen uso de los recursos destinados a la niñez para que nunca más ningún niño muera por desnutrición, ni sean abusados, ni explotados, ni privados de sus derechos.

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Para los artistas del país, especialmente a los populares, deseo fervientemente pleno de romanticismo, que se recompongan a su favor las dinámicas económicas y que llegue pronto el día en que la sociedad acoja sus quehaceres como bienes de sublime necesidad.

Deseo que la Selección Nacional de Fútbol clasifique al mundial de Qatar y que quienes tengan la fortuna de triunfar en el mercado del deporte inviertan en el porvenir de los atletas de sectores paupérrimos, quienes a puro tesón se hacen titanes del deporte, en vez de malgastar sus obscenas fortunas en suntuosidades.

Deseo que el derecho a la educación sea inalienable, que cundan por doquier escuelas de toda lógica para que al pensamiento colectivo le lleguen saberes por todos los sentidos.

De la paz perentoria y prioritaria tanto se ha clamado que cualquier buen deseo por la paz suena a lugar común. Me conformaría con que el nuevo gobierno demuestre voluntad de implementar los Acuerdos de la Habana y que el Ejército preste seguridad a los líderes sociales, como medida urgente, ya que en los primeros días de este año ya se han cometido siete asesinatos de estos representantes.

Para mis familiares y amistades del alma todo el bien del mundo, no suelo desearles prosperidad porque la noción que tengo de esa palabra no coincide con el significado que le dan los adictos al éxito. De la felicidad sé que es efímera. Más prácticas y tangibles son la alegría, la dicha, los placeres, entonces que todo el goce les abunde.

Que sea un buen año el 2022 para todos.

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