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9 Apr 2022 - 8:32 p. m.

Opinión: El ‘democratizante’

El estilo proselitista de Gustavo Petro es ‘democratizante’, toda vez que sus propuestas, aun las más osadas, dinamizan el debate electoral. En su campaña hay implícita una pedagogía política, que educa tanto a las personas que lo escuchan en las plazas públicas y a sus contrincantes en los debates.
El lenguaje de su oratoria educa igual al gentío que lo escucha en las plazas públicas y a sus contrincantes en los debates.
El lenguaje de su oratoria educa igual al gentío que lo escucha en las plazas públicas y a sus contrincantes en los debates.
Foto: Jorge Londoño - José Vargas

Agradezco a la responsabilidad de escribir semanalmente esta columna, la que me obliga a bruñir mi criterio para lograr opiniones que, por distintas entre el montón, aporten o revelen aspectos ignotos a la interpretación de aconteceres del bien y del mal.

Por cierto, el pensamiento periodístico, condenado a lo actual en función de las industrias mediáticas, cuyo paradigma económico es convertir los sucesos en noticia, que se vendan y compitan en el mercado de la información, en tanto sean “chivas” exclusivas y primeras en publicarse.

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Con esta dinámica, los análisis inmediatistas, de todo hecho, se sustentan con esquemas de conceptos ya globalizados, cuando no con lugares comunes.

En las jornadas de elecciones en Colombia de congresistas y presidente para el periodo 2022-2026, la politología de noticieros fundamenta sus análisis, caracterizando los sectores en contienda con los conceptos ya trillados de derecha, izquierda y centro. Acusando riesgos de una supuesta polarización, porque en la inercia elucubrativa de moda, no se esfuerzan por ver lo sui géneris de la actividad política colombiana.

Por supuesto, además del facilísimo supino, hay mañosería en la lectura de la contienda electoral que difunden los comunicadores al servicio del establecimiento, conscientes de lo inconveniente que resultaría para las castas plutocráticas el reconocer el novedoso proselitismo y los aportes a la participación democrática que han logrado los candidatos de movimientos progresistas, particularmente el candidato Gustavo Petro, esta vez oficiando un liderazgo maduro y cualificado.

Como estadista confrontó los sectarismos de la tradición partidista, logrando una convocatoria amplia de líderes y sectores afines a su noción de “cambio”, y a una propuesta programática en torno a la metafórica instancia política que llamó: El Pacto Histórico. Coalición pluralista con la que en las elecciones del 13 de marzo, con una lista cerrada y cremallera para la equidad entre mujeres y hombres, obtuvo votación extraordinaria.

Con esta, por primera vez en la historia patria, logran los alternativos 20 curules al Senado y 25 a la Cámara. La votación también fue grande en la consulta para decidir el candidato a la presidencia, que ganó Petro y la lideresa Francia Márquez. Esta obtuvo la tercera votación entre todas las consultas, superando a políticos cancheros como Sergio Fajardo, por lo tanto, mereció que las directivas de la coalición la designaran como la fórmula a la vicepresidencia.

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Cualquiera que revise la conformación de esa bancada reconocerá que es real el pluralismo y la equidad de género. Líderes y lideresas de diversa procedencia ideológica, de sectores políticos que parecían incompatibles, ahora están comulgando en un proyecto de país, también es cierto que el programa de gobierno fue consensuado.

Esto es muestra clara de que los coalicionados en el Pacto Histórico no representan una corriente política extrema, y, en cambio, se muestran condescendientes en pro de reconciliaciones y alianzas y no es óbice para ello el que las otras candidaturas en campaña recalquen su posición en polo opuesto.

La campaña petrista aventó la baraja politiquera. Allí no casa denominar polarización al cotejo entre quienes por primera vez aspiran a ser parte del gobierno, ni los que, anquilosados por séculas en el poder, se resisten a perder su hegemonía. Acaso, dicha denominación es estrategia de manipulación comunicacional, como lo es el motejar de “castrochavista” a toda política alternativa, entro otros infundios difundidos por los medios para intimidar al pueblo ingenuo.

Gustavo Petro ha demostrado de mil maneras que es un demócrata genuino, que es consecuente y defensor de la Constitución del 91, que su ambientalismo es una ética y una propuesta de desarrollo, que cree en la gobernanza inclusiva, y que, en la transición hacia los cambios estructurales, la persuasión y los pactos en justicia serán la metodología en pro de la participación plural.

Lo más significativo de su liderazgo, y que los politólogos oficiales desvirtúan por omisión, es el que en su campaña hay implícita una pedagogía política. El lenguaje de su oratoria educa igual al gentío que lo escucha en las plazas públicas y a sus contrincantes en los debates.

Cierta vez lo elogié demostrándole que su estilo proselitista es democratizante. Toda vez que sus propuestas, aún las osadas, dinamizan el debate electoral, lo que obliga a que los contendientes las imiten y, lo más importante, hasta el gobierno de turno, solapadamente las acoge.

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El presidente Iván Duque, con apremio oportunista y con contratos a dedo, instalando plantas de energías limpias y chamboneando con programas de gratuidad en la educación pública, por la rimbombancia en el modo de publicitar estas obras, boletea que está favoreciendo al candidato copartidario como le ordenó su patrón.

Democratizante, llamo yo la sensatez del Pacto Histórico, que a riesgo de confundir y hasta decepcionar a sus cercanos, intenta persuadir a políticos prominentes, a los que les reconoce alguna posible afinidad y con quiénes tuvo enfrentamientos que parecían irreconocibles.

Esta actitud, que es muestra evidente de humildad, la critican los radicales, pero sé que Petro, el candidato democratizante, les enseñará que El Pacto Histórico no es mera estrategia de campaña, sino una forma de gobierno.

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