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14 Jul 2022 - 11:41 a. m.

Opinión: ¿un presidente con las ciudades?

Colombia adolece de una política urbana que ayude a que las ciudades puedan tener el conocimiento y el apoyo técnico.
Celebración del presidente electo de Colombia para el periodo 2022–2026, luego de ganar las elecciones presidenciales del 19 de junio.
Celebración del presidente electo de Colombia para el periodo 2022–2026, luego de ganar las elecciones presidenciales del 19 de junio.
Foto: Jorge Londoño - Gustavo Torrijos Zuluaga

Gustavo Petro es el segundo presidente de Colombia, junto a Andrés Pastrana, en llegar al Palacio de Nariño y haber sido alcalde de Bogotá, desde que se instauró la elección popular de alcaldes en 1988. Aunque eso pareciera ser un simple dato anecdótico, es más importante de lo que parece.

No cabe duda de que el hoy presidente Petro, como cabeza del gobierno distrital, vio de cerca y padeció las dificultades que tienen los mandatarios locales para responder eficiente y eficazmente a los gigantescos desafíos que tienen las ciudades colombianas. Una experiencia valiosísima.

Para nadie es un secreto el proceso de urbanización de nuestro país. Hoy, 3 de cada 4 colombianas y colombianos viven en zonas urbanas. Eso significa que casi el 75 por ciento de quienes viven en el país lo hacen en ciudades. Esa poderosa masa urbanita aporta el 75 por ciento del PIB del país, una tendencia que en los próximos años no parece cambiar. Según cálculos del DNP, para el 2050 el 86 por ciento de los habitantes del país vivirán en ciudades.

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A pesar del aporte enorme de las ciudades, desafortunadamente el país no ha aprovechado la potencialidad que tienen. Al contrario, los gobiernos nacionales las miran con desdén y la mayoría de los presidentes en los últimos 30 años se han caracterizado por un gran desconocimiento de los asuntos urbanos.

Más allá de unos grandes anuncios o de programas específicos, Colombia adolece de una política urbana que ayude a que las ciudades puedan tener el conocimiento y el apoyo técnico, así como recursos y herramientas importantes para avanzar en la solución de los problemas estructurales que enfrentan desde hace décadas: informalidad, desempleo, déficit de vivienda e infraestructura, baja calidad del transporte público, aumento descontrolado del número de carros y motos, problemas en la recolección y disposición de basuras, precarios esquemas de reciclaje, amenazas a la estructura ecológica, inseguridad, baja calidad en los servicios de salud y educación, inequidad y desigualdad, por mencionar algunas.

El programa presidencial de Petro tiene un capítulo de ciudades que resume sus apuestas: “Impulsaremos una política urbana nacional dirigida a combatir la segregación social y espacial; retomaremos los avances locales en la construcción de ciudades humanas, verdes, incluyentes y productivas, y propenderemos para que los gobiernos locales mejoren su base fiscal, con base en instrumentos para la equidad frente a obligaciones urbanísticas y distribución de cargas y beneficios. Fomentaremos los instrumentos de integración regional, particularmente alrededor de temas sustanciales como la gestión del agua, gestión del riesgo, manejo de residuos, suburbanización y expansión urbana, así como cierre de brechas campo ciudad.”

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Ese interesante compromiso de campaña que en el empalme ha estado acompañado por un llamado a diálogos regionales para identificar las necesidades frente al gobierno nacional. Importante gesto porque los problemas del país no se resuelven en Bogotá, sino en las ciudades y pueblos del país.

Es decisivo que el nuevo presidente, a partir de su experiencia, pueda ser un aliado de las alcaldesas y alcaldes para que las ciudades, más que dolores de cabeza, se consoliden como motores del cambio que, con mucha esperanza, pide nuestro país.

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