Para miles de conductores la escena se repite con frecuencia e incluso es probable que usted haya tenido que vivir uno de los líos que sigue sin solución en la infraestructura vial de la ciudad: lluvia, agua acumulada, sistemas de drenaje colapsados y kilómetros de trancón en la Autopista Norte. Mientras Bogotá se prepara para arrancar con el proyecto de ampliación, cada aguacero recuerda que el problema no es solo de espacio. Detrás de esas imágenes hay una historia más larga: este corredor comenzó a consolidarse a mediados del siglo XX, durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957), sobre una Sabana atravesada por humedales. Décadas después, esa decisión sigue pasando factura.
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Más de 70 años después, el tema vuelve a estar en el centro de la discusión pública. El proyecto Accesos Norte Fase II, que busca ampliar la vía entre las calles 191 y 245 —para aumentar su capacidad y reconectar el humedal—, ya cuenta con licencia ambiental y se prepara para iniciar obras. La intervención promete mejorar la movilidad en uno de los accesos más congestionados de la capital, pero no ha estado exenta de cuestionamientos. Expertos y sectores ambientales han advertido que la ampliación por sí sola no resolverá los problemas estructurales del corredor, en especial los relacionados con el manejo hídrico y la conexión de ecosistemas entre los humedales Torca y Guaymaral.
La respuesta estaba en la cotidianidad
Así, mientras la ciudad discute obras millonarias, una solución puntual —y nacida fuera de los círculos técnicos— surgió desde un salón de clase. Ashley Rodríguez, Daniela Rodríguez, Sofía Hernández y Luciana Acevedo, estudiantes de grado noveno del Colegio Colombo Galés, desarrollaron un prototipo de rejilla inteligente automatizada para mitigar uno de los factores más inmediatos de las inundaciones: el taponamiento de sumideros por residuos sólidos.
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La idea no nació de la simple observación. Fue, en buena medida, una respuesta a una experiencia directa. “Para esos días la Autopista se había inundado y los estudiantes quedaron atrapados durante horas en el trancón, una situación a la que ya estaban acostumbrados, pero que en esos días se exacerbó. A partir de ahí empezaron a preguntarse qué estaba pasando”, explica Andrea Sánchez, docente del colegio y tutora del proceso.
A partir de ese episodio, las estudiantes comenzaron a indagar en las causas del problema para detectar posibles soluciones. Identificaron que, más allá de factores estructurales como la impermeabilización del suelo o la intensidad de las lluvias, había una variable recurrente en los eventos de encharcamiento: la acumulación de basura en los sistemas de drenaje. “Muchos de esos taponamientos son por residuos y por eso el agua no fluye como debería. Es la suma de dos componentes clave: la incultura ciudadana y la mala práctica de botar basura en la calle, y un sistema de drenaje que no cuenta con un adecuado plan de mantenimiento”, señala Sánchez.
El resultado
Con ese diagnóstico, el equipo se propuso diseñar una solución que actuara directamente sobre ese punto crítico. El resultado fue un sistema que combina sensores, programación y mecanismos físicos para intervenir situaciones de potencial inundación en tiempo real. El prototipo funciona a partir de dos componentes principales: por un lado, un sensor de proximidad detecta la presencia de residuos y activa una pala mecánica que los desplaza hacia los costados; por otro, un sensor de lluvia permite que una rejilla móvil se abra cuando hay flujo de agua, facilitando su paso y evitando represamientos. “Para explicarlo fácilmente, es como un colador inteligente que reacciona a los flujos de agua y evita que el sistema de drenaje colapse por las basuras”, señala la profesora.
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La propuesta introduce una diferencia clave frente a los sistemas tradicionales de drenaje. En la mayoría de los casos, las rejillas permanecen abiertas y dependen de jornadas periódicas de limpieza para evitar obstrucciones. En la práctica, esto significa que pueden pasar largos periodos acumulando residuos sin intervención. “Las rejillas actuales están siempre abiertas y se tapan. No hay un sistema que actúe en el momento. Además, quienes transitamos a diario por el corredor sabemos que las labores de mantenimiento no son las adecuadas”, agrega.
El desarrollo del prototipo se dio en el marco de un proyecto académico bajo el enfoque STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés), que busca integrar distintas áreas del conocimiento en la solución de problemas reales. En este caso, las estudiantes no solo trabajaron en el diseño físico del dispositivo, sino también en la programación de los sensores, el ensamblaje de circuitos y la evaluación de materiales.
El primer modelo fue construido con materiales sencillos como madera MDF y componentes electrónicos básicos, suficientes para demostrar el funcionamiento del sistema. Actualmente, el equipo trabaja en una versión más robusta utilizando impresión 3D y acrílicos para mejorar su resistencia y presentación.
Reconocimiento internacional
Aunque se trata de un prototipo, la propuesta ya ha tenido reconocimiento internacional. Las estudiantes fueron ganadoras del VGS IDEAthon 2025–26, un concurso organizado por un colegio en la India, que reunió propuestas de distintas partes del mundo en torno a soluciones tecnológicas con impacto social.
Más allá del premio, el proyecto plantea una discusión interesante sobre las distintas escalas en las que se abordan los problemas urbanos. Mientras la ampliación de la Autopista Norte implica inversiones millonarias y transformaciones de gran alcance, la solución propuesta por las estudiantes se enfoca en un punto específico del sistema, con una lógica más inmediata.
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“Nos centramos en lo más externo, en lo que la gente ve: la rejilla. Sabemos que hay temas más estructurales, pero quisimos intervenir donde hay una falla inmediata”, explica Sánchez. Esa distinción no es menor. Diversos expertos han señalado que los problemas de inundación en este corredor no responden a una única causa. A la acumulación de residuos se suman factores como la pérdida de capacidad de absorción del suelo, la alteración de los flujos naturales de agua y la presión que ejerce el crecimiento urbano sobre la infraestructura existente. En ese contexto, soluciones como la ampliación vial o la optimización del drenaje cumplen roles distintos, pero complementarios.
También hay un elemento de gestión que atraviesa el problema: el mantenimiento de los sistemas de drenaje —incluyendo la limpieza de sumideros— es una tarea constante que no siempre se realiza con la frecuencia necesaria. En corredores de alto tráfico como la Autopista Norte, donde el acceso para labores de limpieza puede ser limitado, la acumulación de residuos se convierte en un factor crítico. La propuesta de las estudiantes apunta precisamente a ese vacío: reducir la dependencia de intervenciones manuales y permitir que el sistema responda de manera automática a condiciones cambiantes. Aunque su implementación a gran escala implicaría desafíos técnicos y económicos, la idea introduce una pregunta relevante sobre el papel de la tecnología en la gestión urbana cotidiana.
Por ahora, el proyecto se mantiene en fase de desarrollo. El equipo explora mejoras, como la incorporación de sensores de peso para evitar activaciones erróneas o la adaptación del diseño a distintos tipos de vía. También se han planteado posibilidades de llevar la idea a escenarios reales, aunque aún no se ha formalizado ningún proceso con entidades públicas o privadas.
Más allá de su viabilidad inmediata, el valor del proyecto radica en su enfoque. En una ciudad donde los problemas de infraestructura suelen abordarse desde grandes intervenciones, la propuesta pone sobre la mesa la posibilidad de soluciones complementarias, más específicas y adaptadas a fallas concretas del sistema. “Con soluciones sencillas se pueden resolver problemas grandes”, concluye Sánchez.
La Autopista Norte se prepara para ampliarse, pero cada lluvia insiste en recordar que el problema no es únicamente de capacidad. Es, también, de diseño, de mantenimiento y de respuesta. En ese escenario, la propuesta de estas estudiantes no compite con las grandes obras: las cuestiona desde otro lugar. Sugiere que, incluso en medio de los megaproyectos siguen existiendo fallas básicas sin resolver. Y que, quizás, parte de la solución no está solo en expandir la infraestructura, sino en hacerla más inteligente, más adaptable y, sobre todo, más acorde con el territorio sobre el que fue construida.
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