En cada jornada electoral para Congreso y Presidencia, Bogotá no es una plaza cualquiera. Con 1.083 puestos de votación, 18.156 mesas y un potencial de 6,1 millones de personas habilitadas para elegir (3,2 millones mujeres y 2,8 millones hombres), todos los candidatos saben que la capital es un peldaño clave en sus aspiraciones. Sin embargo, no es una plaza fácil: la abstención es tradición. En las elecciones legislativas de 2022 solo participó el 44 % de electorado, “una realidad que sirve de telón de fondo para entender los riesgos electorales que se concentran en determinadas localidades”, explica la MOE.
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315 puestos en riesgo: El 34% de 901 puestos de votación analizados en Bogotá presentan anomalías estadísticas o riesgos de violencia.
Mapa de riesgo electoral MOE
De ahí que la contienda sea intensa en cada rincón, al punto de representar un alto riesgo para la democracia en algunas zonas, a través de las prácticas más oscuras de la política, donde la violencia, la manipulación de datos y la apatía ciudadana convergen peligrosamente. Esto se puede georreferenciar hoy gracias al Mapa de Riesgo Electoral de la MOE, que para este año muestra un panorama complejo, con casi el 30 % de los puestos de votación en riesgo. La alerta más inquietante: Bogotá se clasifica como plaza con riesgo extremo de violencia.
Aura Rodríguez, directora de Viva la Ciudadanía y coordinadora de la MOE Bogotá, es clara al indicar que la calificación no es gratuita: se alimenta de una “altísima competencia” y de hechos de sangre que han marcado el período, como el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe. Según ella, la ciudad enfrenta una tensión inédita, donde la seguridad de los actores políticos es clave.
Ciudad Bolívar, epicentro de la alerta: Lidera el número absoluto de puestos en riesgo extremo (15 puestos).
Mapa de riesgo electoral MOE
“Al comparar con otras ciudades, Bogotá registra un mayor número de homicidios, de violencia hacia líderes sociales o contra quienes están en procesos electorales. Lo que hemos visto es que justamente la diferencia político-partidista está llevando cada vez a que la violencia entre personas aumente. Bogotá es donde históricamente se han registrado más asesinatos cuando se revisan candidaturas, así como ataques a las sedes políticas, e incluso amenazas a través de grafitis o panfletos”, agrega Rodríguez.
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En detalle
Elaborar este mapa tiene su método, que surge de estudiar las votaciones de los últimos comicios al Congreso y cruzarlos con otras variables de ciudad, lo que permite a los analistas tener una mirada estadística para identificar alrededor de qué puestos de votación se debería prestar más atención, “tanto la ciudadanía, para cambiar comportamientos que ayuden a mejorar la democracia, como las autoridades, para intervenir a tiempo con seguridad y pedagogía”, explica Aura Rodríguez para estar más atentos.
Bogotá registra un mayor número de homicidios, de violencia hacia líderes sociales o contra quienes están en procesos electorales. Lo que hemos visto es que justamente la diferencia político-partidista está llevando cada vez a que la violencia entre personas aumente"
Aura Rodríguez, coordinadora MOE Bogotá
A grandes rasgos, el mapa actualizado es diciente: las mayores alertas, dice el estudio, se concentran en el sur, suroccidente y algunos sectores del centro de la ciudad. Sumapaz presenta una situación extrema: el 100 % de sus puestos está en riesgo; le siguen Ciudad Bolívar y Santa Fe, donde tres de cada cuatro puestos presentan atipicidades, y Usme, San Cristóbal, Bosa y Chapinero, donde los puntos en alerta superan el 50%. “En estas localidades se repite un patrón preocupante: baja participación electoral atípica, votos nulos elevados y tarjetones no marcados, señales que revelan problemas más profundos que una simple irregularidad aislada”, señala la entidad.
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En el detalle permite afinar más el análisis. De los 901 puestos de votación analizados (para 2026 se instalarán 1.083), 315 presentan algún nivel de riesgo, lo que equivale al 34 % del total, que se desglosan en tres niveles: 36 puestos en riesgo extremo, 130 en riesgo alto y 149 en riesgo medio. Y de este ejercicio se tiene identificado un sector que clasificaron como la “media luna del sur”, conformada por localidades como Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy y Usme, donde las atipicidades en los comportamientos electorales son frecuentes.
En Ciudad Bolívar, por ejemplo, se concentran 15 de los puestos con riesgo más alto de la ciudad. ¿Por qué? Allí se evidencia una mezcla de baja participación y control de actores locales. Rodríguez advierte que la baja afluencia de votantes facilita la manipulación de resultados. En el caso de Sumapaz, la alerta no es por apatía, sino por “dominio electoral” y posibles casos de trashumancia (trasteo de votos). “Esta es una localidad que, en promedio, más vota en la ciudad. Eso es positivo, pero las alertas son dominio electoral. En procesos anteriores se ha alertado por propaganda atípica violenta contra expresiones políticas. Aunque aumentaron los puestos, la localidad sigue en rojo”.
Candidatos “novatos” y analfabetismo electoral
Un factor que eleva el riesgo es la renovación de las listas, resalta el informe. Para 2026 se registran 247 aspirantes a la Cámara por Bogotá, pero el 70 % son caras nuevas, que nunca han ocupado el cargo. Esta renovación, aunque saludable, trae vulnerabilidad logística: “Por ser nuevas personas, tienen menos medidas de protección y menos cuidado en general”, explica Rodríguez. A esto se suma otro ingrediente: con base en el comportamiento de 2022, al menos 112 candidatos al Senado harán campaña en Bogotá, si se tiene en cuenta que en la última elección, 177 aspirantes al Senado obtuvieron más de 1.000 votos en la capital.
Más allá de las trampas, los riesgos y la abstención, el informe subraya una falla estructural: la falta de pedagogía. En las elecciones de 2022 la abstención en Bogotá fue del 56 %. A esto se suma el alto índice de votos nulos, no por protesta, sino por desconocimiento. Rodríguez destaca que muchos ciudadanos aún no entienden cómo marcar las listas cerradas o se confunden en puestos masivos como Corferias, donde persisten mitos sobre qué documentos son válidos para votar.
La conclusión de Aura Rodríguez es un recordatorio de la responsabilidad individual en un proceso colectivo: “Si no votamos, otros eligen por nosotros”. La reflexión final es clara: la democracia no solo la protegen las autoridades, sino votando. El voto informado es capaz de neutralizar a quienes pretenden imponerse mediante la coacción o el fraude.
El mapa de riesgo reconoce la sólida institucionalidad que rodea el proceso electoral en Bogotá, pero deja una advertencia clara: acá el derecho al voto no se ejerce con las mismas garantías en todos los territorios. Ignorar las señales sería normalizar una democracia desigual en la ciudad, que concentra uno de los electorados más grandes y decisivos del país”, concluye.
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