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Rock al Parque 30 años: del ‘pogo’ al emprendimiento

Rock al Parque ha reunido artistas nacionales e internacionales de rock, metal, punk, hardcore, ska y otros géneros alternativos. El festival también se ha convertido en un espacio para hablar de juventud, diversidad, ciudad y acceso a la cultura, mientras su permanencia evidencia la transformación de una iniciativa para crear escenarios para el rock, en una política cultural pública de gran alcance.

David Martín CrossmediaLab Utadeo
Aspectos de una nueva edición de Rock al parque año 2023
Foto: El Espectador - Andrés Cárom
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Entre el 26 y el 29 de mayo de 1995, Bogotá celebró la primera edición de Rock al Parque. Impulsado por músicos, promotores y gestores culturales. El festival se convirtió en uno de los eventos gratuitos más destacados de América Latina y en un símbolo de la transformación cultural de la ciudad. Treinta años después, ha consolidado la escena musical, promovido a artistas colombianos y generado nuevas formas de apropiación del espacio público y convivencia a través de la música.

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Julio Correal, uno de sus principales impulsores, recuerda que el festival surgió de la unión de tres aspiraciones: las ideas innovadoras de Bertha Quintero; la búsqueda de una plataforma para la música de Mario Duarte, y el interés de Correal por desarrollar una propuesta para la industria musical. “Así, estas tres aspiraciones se unieron”, señala. De esa conversación nació la idea de un festival gratuito, que luego tendría escenarios como el Parque Olaya, la Media Torta y el Parque Simón Bolívar.

Rock al Parque, no solo ha sido un espacio para la música, sino de inspiración para emprendimientos alrededor del género.
Foto: David Martín - CrossmediaLab de la Utadeo.

Con el paso de los años, esa escena comenzó a generar nuevas formas de consumo y sustento alrededor del rock y el metal. Diego, de 40 años, es un metalero que asiste al festival desde su tercera edición y encontró en su propia afición una manera de construir un negocio. Para él, emprender alrededor del metal, significa no solo vivir de aquello que le gusta, sino también fomentar la escena y apoyar a las bandas emergentes. “Uno como metalero siempre quiere vivir de esto”, explica. Desde su tienda, además de vender productos relacionados con el género, publica conciertos y apoya a artistas que comienzan su trayectoria.

La transformación también se evidencia en la manera en que las nuevas generaciones se acercan al género. Diego todavía conserva los casetes que grababa cuando estaba en el colegio, mientras que en su tienda recibe jóvenes desde los 15 años que compran camisetas y discos, y encargan productos de bandas. Desde su experiencia como comerciante, percibe que el interés por el metal no ha desaparecido, sino que ha encontrado nuevos públicos. “Muchas veces decíamos que el metal estaba muriendo, pero yo siento que está creciendo”, afirma.

Esta relación entre la escena musical y el emprendimiento también se extiende directamente a Rock al Parque. La tienda de Diego ha producido mercancía para bandas que han participado en el festival y, en algunas ocasiones, ha contado con un stand dentro del evento. Aunque en la edición más reciente no pudieron participar por cuestiones de presupuesto, el comerciante asegura que mantienen una relación constante con el festival y que ese vínculo con la escena les ha permitido generar más clientela y fortalecer su negocio.

Rock al Parque desde el público

Quienes han vivido Rock al Parque durante más de dos décadas coinciden en que el festival ya no se siente igual. Edison, conocido como Punko, asistió por primera vez en 2009 y considera que la programación se ha abierto a propuestas que, desde su perspectiva, se alejan del rock tradicional. También señala una menor presencia del punk durante los últimos años. Jhon, Metacho, quien asiste desde 2010, comparte la percepción de que el festival ha cedido espacio a propuestas que no corresponden completamente con su espíritu original.

El cambio, sin embargo, no se limita a los escenarios. Los tres asistentes perciben una transformación en el público. Jhon considera que anteriormente existía mayor respeto por las bandas y los géneros, mientras que Yeison recuerda una escena más comprometida con la música. “El público de antes era más culto, era una escena que realmente amaba la música”, afirma. Para él, actualmente algunas personas llegan principalmente a “parchar”, sin necesariamente tener un vínculo profundo con las bandas que se presentan.

También ha cambiado la relación con el consumo de sustancias. Jhon sostiene que el consumo de alcohol y drogas “siempre ha estado en el evento” y que no necesariamente es mayor ahora, aunque identifica personas que asisten principalmente para consumir. Edison, por su parte, percibe una transformación en las sustancias: “Ahora consumen más y las drogas han evolucionado, entonces se ve mucho más drogas sintéticas”. Sus testimonios muestran que el consumo ha acompañado al festival durante años, aunque las percepciones sobre sus formas y protagonistas han cambiado.

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A pesar de las críticas, ninguno de los tres desconoce la importancia de Rock al Parque. Para Edison, el festival ha servido para impulsar bandas, sonidos y propuestas nuevas. Jhon lo considera un espacio importante para el arte y para que los jóvenes encuentren alternativas a otros caminos. Yeison, quien llegó al festival en 2008 y asistía al evento con ropa negra, reconoce que tanto los asistentes como el propio evento han cambiado: Rock al Parque se ha vuelto más incluyente, mientras que él también amplió sus gustos musicales. Más que una ruptura con el pasado, sus testimonios muestran cómo el festival y quienes lo habitan se han transformado juntos.

De los casetes al streaming

Para quienes vivieron los primeros años de Rock al Parque, el festival representaba mucho más que una serie de conciertos. Gabriel, exbaterista de la escena rockera bogotana, recuerda que en los años noventa hacer parte de una banda implicaba abrirse camino principalmente mediante conciertos, casetes, discos, volantes y el voz a voz. En ese contexto, llegar a Rock al Parque podía significar una oportunidad para que una agrupación desconocida se presentara ante miles de personas y encontrara nuevos escenarios.

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Con el paso de los años, también cambió la manera en que las bandas construyen su público. La aparición de internet y las plataformas digitales permitió que los músicos distribuyeran sus canciones sin depender exclusivamente de los conciertos o de los formatos físicos. Sin embargo, esta facilidad también multiplicó la oferta musical y modificó la relación entre los artistas y sus seguidores. La escena dejó de depender únicamente del encuentro físico y comenzó a construirse también desde las pantallas.

La transformación no necesariamente significa la desaparición de la escena: el festival creció, incorporó nuevas propuestas y amplió su alcance, pero también generó debates entre quienes consideran que esa apertura lo ha alejado de la identidad con la que nació.

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Aun así, hay algo que permanece. Rock al Parque continúa funcionando como un punto de encuentro para la música alternativa en Bogotá, especialmente por su carácter gratuito y por la posibilidad de que nuevas bandas lleguen a públicos que difícilmente alcanzarían por otros medios. Después de décadas, el rock bogotano ya no es el mismo, pero tampoco desapareció: cambió la manera de producirlo, escucharlo y vivirlo.

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Por David Martín CrossmediaLab Utadeo

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