El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Rock al Parque 30 años: Las historias también evolucionan detrás del escenario

Por tres décadas, Rock al Parque ha sido más que un festival. Quienes lo cubren desde que no existían redes sociales, hoy asisten a un certamen atravesado por la inmediatez digital, pero también por las historias tras bambalinas.

María Navarrro

04 de septiembre de 2026 - 06:00 p. m.
Así han vivido la evolución del evento, quienes llegaron por primera vez como asistentes y ahora se encargan que cubrir periodísticamente cada aspecto, en cada nueva versión de Rock al Parque.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
PUBLICIDAD

Carolina Santamaría es líder de comunicaciones en el Coro Nacional de Colombia y directora del medio Rockear.co. Asistió por primera vez a Rock al Parque cuando tenía 17 años. Antes de ser periodista y trabajar en prensa fue una joven que quería ver a Fobia, a toda costa. Años después, ganó un concurso con una de sus fotografías y pudo cubrir la edición de 1998. Gracias a aquella experiencia supo que quería dedicarse al periodismo y a contar la música.

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Desde entonces, cubrir Rock al Parque hace parte de su trayectoria profesional. Pasó por medios como Vibra Bogotá; participó en documentales sobre el festival, y creó Rockear.co, desde donde hace más de una década cubre la escena musical. Para ella, esa relación comenzó como una necesidad de contar el rock desde otro lugar, en especial, esa escena que crecía en Bogotá y que encontraba en el festival un espacio de encuentro.

LEA: Del casete al streaming: así cambió la forma de escuchar rock en Bogotá

Pero la manera de contar el encuentro también cambió. Recuerda la época en la que cubrir significaba moverse entre lo análogo y lo digital, que apenas comenzaba. Se realizaban falsos directos, tomaban fotos y regresaban a las redacciones para entregar el material. Las imágenes pasaban por filtros editoriales y la información no llegaba de inmediato al público. Hoy ocurre todo se publica desde el lugar del concierto, marcando un cambio generacional.

También recuerda el estigma que existió en los primeros años alrededor del festival. Rock al Parque lo asociaban a las llamadas “tribus urbanas” (metaleros, punkeros y rockeros) y muchos medios no lo consideraban un evento prioritario. La cobertura corría por cuenta de emisoras especializadas y medios emergentes. No existían suficientes espacios para contar lo que allí ocurría.

Si bien, mucho ha cambiado, para Santamaría una de las historias que permanece incompleta 30 años después es la del público. Detrás de cada persona que llega al Parqiue Simón Bolívar hay trayectorias, amistades, viajes y razones que rara vez aparecen en las noticias. Considera que a los asistentes les ha faltado mayor protagonismo en la cobertura, pues la prensa suele concentrarse en las bandas y los artistas.

Le puede interesar: Más en Bogotá:Conseguir vinilos en la Bogotá de 1.987

Deuda con las bandas locales

En esa mirada coincide parcialmente Rouse Romero, directora del medio Metal Machine, vinculada hace 17 años con la escena del metal nacional. Al igual que Santamaría, primero fue espectadora y después periodista. La transición le ayudó a comprender la complejidad del festival y a observar otra transformación: la del periodismo musical. Antes, tener una entrevista exclusiva con una agrupación internacional marcaba la diferencia con los grandes medios. Ahora, con internet y redes sociales, la información dejó de pertenecer exclusivamente a periodistas y medios.

Hoy, gracias a la inmediatez, muchas personas narran el festival desde su experiencia, pero sin profundidad. Para ella, la diferencia de una crónica o una reseña está justo en investigar qué hay detrás de una banda, su trayectoria, por qué está en el festival y qué conexiones existen entre ese escenario y otros circuitos musicales.

Más información en Bogotá: LEA:Fallo contra BD Bacatá ordena devolver COP 950 millones a inversionista ¿y a los otros?

No ad for you

Para ella, la deuda en la cobertura es otra: las bandas locales, que son las que históricamente han tenido menos visibilidad frente a los grandes nombres. Mientras los medios generalistas aparecen cuando un artista reconocido ocupa el escenario principal, las agrupaciones locales dependen en buena medida de medios de nicho, para los cuales Rock al Parque es una cadena de historias de quienes audicionan, quienes esperan una oportunidad, quienes trabajan detrás de las tarimas, quienes fotografían, escriben y regresan cada año.

Detrás del escenario

Diego Franco, músico, ingeniero de sonido, investigador y profesor universitario, quien se reconoce como melómano, tiene su visión propia. Su relación con Rock al Parque comenzó siendo adolescente. Recuerda haber asistido cuando tenía 15 años y haber sentido la emoción de poder ver en vivo y gratis a bandas que escuchaba en la radio.

No ad for you

Para él, la importancia del festival va más allá del género musical. Rock al Parque representa un espacio de expresión cultural y de encuentro. Su particularidad está en permitir que cualquier persona pueda acceder gratis a conciertos en vivo. Eso, sostiene, debe mantenerse, porque hace parte del legado del festival y permite que alrededor del evento se activen otras dinámicas económicas y culturales.

Su memoria también está atravesada por la ciudad. Recuerda los antiguos recorridos en bus para llegar al festival, cuando el transporte y la logística eran diferentes. También, su trabajo como ingeniero de sonido y una de las escenas más particulares de la historia del festival, la granizada de 2008, cuando el equipo de producción tuvo que proteger consolas y equipos mientras el clima obligaba a suspender la jornada.

No ad for you

Conozca: ¿Bogotá apagará los celulares en las aulas?: El debate por la nueva resolución del Distrito

Franco considera que Rock al Parque ayudó a construir una identidad sonora de Bogotá. Para él, la ciudad tiene una relación particular con el punk, el sonido de garaje, las guitarras distorsionadas y las expresiones alternativas. El festival terminó convirtiéndose en uno de los lugares donde esa identidad podía encontrarse y hacerse visible.

No ad for you

Pero el festival que recuerdan quienes lo vivieron en los años noventa no es exactamente el mismo que existe hoy. Franco observa que la aparición de nuevos festivales y formatos musicales modificó las expectativas del público. Antes, buena parte de los asistentes podía llegar sin conocer las bandas y descubrirlas durante la jornada. Ahora existe una tendencia mayor a asistir con el objetivo de ver a un artista específico.

La transformación no significa, sin embargo, que Rock al Parque haya perdido su importancia. Para Santamaría, el festival se convirtió en un referente de ciudad y en una parte de la memoria de varias generaciones. Su influencia incluso desbordó Bogotá y contribuyó a que otras ciudades desarrollaran sus propios festivales musicales.

No ad for you

Tal vez por eso las historias de Rock al Parque no terminan cuando se apagan las luces de una tarima. Continúan en las fotografías que alguien tomó cuando apenas comenzaba a ser periodista, en las bandas que regresaron después de una audición fallida, en los periodistas que atravesaron la transición de la grabadora y la cámara al teléfono y en quienes, como Diego Franco, todavía recuerdan la emoción de llegar por primera vez siendo adolescentes.

* María Navarrro - CrossmediaLab de la Utadeo

Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.

Por María Navarrro

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.