10 Mar 2021 - 12:15 p. m.

Solo para mujeres: ¿qué implica una marcha no mixta en Bogotá?

El 8 de marzo se conmemora la lucha de las mujeres para que sus derechos sean respetados y tener mayores espacios de participación. La masiva movilización del pasado lunes en la capital demostró la acogida de esta causa y una serie de particularidades que son desconocidas o incomprendidas para muchos.

Con el objetivo de conmemorar el Día Internacional de la Mujer, miles de mujeres salieron a manifestarse en las calles de Bogotá. Pero en esta manifestación había una característica diferente a las demás: era un espacio no mixto, es decir, que solo se permitía la participación de mujeres: manifestantes, periodistas, fotógrafas, gestoras de convivencia, entre otras.

En ese contexto y pese a que desde días pasados se había advertido de las características de esta movilización, ocurrió un hecho que llamó la atención de quienes pasaban por la Carrera Séptima con Calle 26. Dos mujeres, que tenían el rostro cubierto con una camiseta negra, impidieron que el camarógrafo del noticiero CM&, Marco Solórzano, registrara en video cómo avanzaba la marcha hacia la Plaza de Bolívar. Ante el hecho, la periodista Diana Giraldo interpeló a las dos jóvenes, quienes le respondieron que él no podía estar en el lugar por ser una marcha de mujeres.

Este hecho generó una serie de críticas, debido a la prohibición que se le hizo al camarógrafo. Pero quienes lideraban la manifestación lo argumentaron bajo el concepto de lo que esto significa y simboliza para la sociedad y para la misma mujer.

“Estos son espacios de personas que se representan ellas mismas, los hombres que solidariamente quieran ser parte, pueden organizarse desde sus lugares como hombres y ciudadanos críticos, no desde nuestros lugares. Y otros ciudadanos que quieran apoyar, que lo hagan organizándose ellos mismos, no tomándose espacios que ya otras han organizado”, dijo a El Espectador la abogada y feminista Yohana Yepes.

Por su parte, Eliana Riaño Vivas, activista e integrante del comité organizador de la movilización del 8M, manifestó que la restricción que hay en esta manifestación es incómoda para los demás, ya que culturalmente se sigue teniendo la idea de que las mujeres no pueden estar en ciertos lugares, por ejemplo, las calles. Por tanto, según ella, cuando las mujeres solicitan que en sus marchas no estén los hombres dirigiéndolas, sino que sean ellas las que lo hagan, la gente lo cuestiona.

“Nosotras no queremos explotar a los hombres, no queremos que los hombres tengan que vivir y pasar las opresiones que históricamente hemos pasado las mujeres, estamos lejos de querer eso. Nosotras, en este caso, solamente solicitamos que no estén”, agregó.

Además, según la activista, estos cuestionamientos que se le hacen a la manifestación feminista son bastante selectivos, ya que en casos como la poca participación de mujeres en las directivas de la Iglesia Católica, o la baja representación de mujeres en el gabinete del Gobierno, nadie, o muy pocos sectores, se detienen a cuestionar y a criticar por qué no hay paridad en estos casos.

Por tanto, manifestaciones como esta tienen una fuerte carga simbólica. Por ejemplo, el no permitir hombres en estos espacios es una forma directa de protesta. Así mismo, otros símbolos como los colores que lucen o el hecho de que algunas de ellas decidan llevar el torso desnudo, exponen distintos mensajes.

Verde, como el pañuelo que muchas de ellas llevan, es el color que según los colectivos feministas representa libertad, específicamente sobre sus cuerpos y sobre lo que hacen con estos, pero también representa el apoyo que le dan a aquellas que por el contexto o la manera en la que viven aún no pueden decidir por sí mismas.

A este se suma el morado, color que representa la lucha sufragista, una de las primeras que lideraron las mujeres y que hoy les permite el derecho al voto.

En cuanto a la acción de llevar el torso desnudo, según Riaño, “es una afrenta simbólica para decir: este cuerpo es mío y yo hago lo que quiero con él. El problema que ven los demás radica en que, justamente, el torso desnudo en una movilización no es en pro del placer visual o sexual de un hombre.”

Así las cosas, para los colectivos feministas, la movilización del pasado 8 de marzo fue histórica, ya que el hecho de llenar la Plaza de Bolívar única y exclusivamente por mujeres es algo que demuestra la fortaleza pero también el cansancio que hay frente al incremento de casos de desigualdad e impunidad en el país.

Y es que según cifras de la Red Feminista Antimilitarista, durante el año 2020 en Colombia se registraron 630 feminicidios, siendo septiembre el mes que más casos presentó con 85 y los departamentos de Antioquia y Valle del Cauca en donde más casos hubo con 113 y 95, respectivamente. Además, según la organización Sisma Mujer, en el mismo año, al menos una mujer fue víctima de violencia intrafamiliar cada 6 minutos y medio, cifra que se vuelve más grave si se tiene en cuenta que el 91% de los casos se quedó en indagación, es decir que no hubo condena contra el responsable. Entre tanto, datos de la Fiscalía General de la Nación señalan que en lo corrido de 2021 han ocurrido 37 feminicidios.

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Es por eso que, para ellas, era necesario salir de forma masiva en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, esto además de lograr la participación de tantas mujeres capitalinas, también generó hechos que causaron polémica, ya que el ataque de algunas de las manifestantes a distintos lugares del centro de la ciudad generó gran desaprobación.

La iglesia de San Francisco, un bus de Transmilenio y locales comerciales, entre los que estaba el cinema porno Esmeralda Pussycat, fueron blanco de daños y afectaciones en donde las bombas molotov, el golpe de martillos y el uso de aerosoles fueron instrumentos para expresar la rabia que tenían dichas manifestantes.

“La justicia debe individualizar esos hechos y constatar que realmente se trate de manifestantes y civiles, aún así, me molesta que haya más indignación por unas paredes rayadas y no por el número de feminicidios y ataques a la niñez. Eso es lo que debe generar debate e indignación y no las paredes rayadas. Transmilenio tiene seguro que paga esos daños, pero quienes no tenemos seguro de vida o indemnizaciones somos las mujeres que somos víctimas de violencia machista y patriarcal”, puntualizó Yepes.

Cabe aclarar que, aunque estas acciones han sido explicadas por grupos feministas como hechos que reflejan el rechazo hacia los lugares en los que, de alguna manera, se agrede o vulnera a la mujer, se acepta o se ignora la violación de mujeres y niños, o que según ellas se cosifica o acosa a la mujer, no todas las manifestantes que hicieron parte de las jornada de protestas participaron en estos hechos que fueron duramente criticados desde distintos sectores.

Por ejemplo, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien a pesar de su constante apoyo a la mujer y del enfoque de género que fue planteado en su plan de gobierno, rechazó con vehemencia estos actos, considerándolos “absolutamente inaceptables”, ya que según ella no representan ni democracia ni feminismo.

A pesar de esto, para quienes lideran los grupos feministas con los que EL ESPECTADOR habló, lo que se evidenció el pasado lunes, más allá de estos hechos apartados, demostró la participación creciente de las mujeres, que así como en Bogotá, se evidenció en otras ciudades del país, y que espera seguir ampliándose bajo la consigna de equidad para mujeres y hombres sin importar su género.

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