
¿Cómo eran los primeros grupos y personas que habitaron nuestro territorio? La pregunta se la han hecho arqueólogos y antropólogos, pero para responderla se enfrentan a un desafío: en el trópico las condiciones climáticas dificultan que se conserven restos humanos, así como los desechos como productos de sus actividades. Y, por otro lado, esas primeras poblaciones consistían en pequeños grupos, que dejan menos rastros.
Pero que sea difícil no significa que sea imposible. En los últimos años, se han realizado varias investigaciones, así como hallazgos en diferentes partes del país que arrojan luz sobre cómo fue la vida humana en esos primeros momentos. Ahora, en un esfuerzo para recopilar la información que tenemos hasta ahora, Francisco Javier Aceituno, arqueólogo de la Universidad de Antioquia (UdeA), doctor en Arqueología Prehistórica de la Universidad Complutense de Madrid (España), condensó más de tres décadas de investigación en el libro The Archaeology of Ancient Colombia. The Earliest of South Americans, que recopila lo que sabemos hasta ahora de esos primeros instantes del Homo sapiens sobre esta parte del continente. El libro será publicado en las próximas semanas en el país por la editorial internacional Routledge.
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El volumen, que le tomó dos años y medio de trabajo, aborda la llegada de los primeros grupos humanos y las estrategias de subsistencia y sus transformaciones. El corte cronológico parte de los 3.500 años antes del presente.
“Se trata de un mundo que se suele reducir a una o dos vitrinas en los museos, por lo que es más desconocido, pero que tiene mucha historia”, cuenta el profesor Aceituno, de la Universidad de Antioquia. “Al final, este libro es una especie de reivindicación para esos primeros pueblos que trazaron el camino, pero también una provocación para continuar los debates que siguen vigentes sobre ese momento de la historia”.
El libro resume los principios de una larga historia previa que ocurrió en lo que conocemos como Colombia. Como recuerda Carl Henrik Langebaek, antropólogo de la Universidad de los Andes en su libro Antes de Colombia: Los primeros 14.000 años, “si la historia de Colombia se pudiera representar por el número de horas de un día, el poblamiento indígena anterior a la Conquista equivaldría a las primeras 23 horas. Solo la última hora correspondería al tiempo posterior a la llegada de los españoles, y menos de media hora, a la existencia de Colombia”.
¿Cuál es el registro más antiguo de personas en Colombia?
El continente americano fue el último en ser poblado por el Homo sapiens. Según los modelos con mayor consenso de la comunidad científica, el poblamiento inicial del continente americano comenzó con la migración de poblaciones humanas desde Siberia hacia América del Norte, a través del puente de tierra que se despejó en lo que se conoce como el Estrecho de Bering.
“Beringia —una vasta masa de tierra que se extendía desde el noreste de Siberia hasta el oeste de Alaska— quedó expuesta durante el Último Máximo Glacial, cuando los niveles del mar a nivel global eran significativamente más bajos y el volumen de hielo alcanzó su punto máximo”, se lee en el libro.
Aprovechando el clima —la Tierra venía calentándose desde hace 18.000 años—, grupos humanos fueron descendiendo, como gotas, hasta la punta sur del continente. Pero, ¿cuándo llegaron a lo que se conoce hoy como Colombia?
Como muchas discusiones en la ciencia, este asunto aún es materia de debate. Una de las estimaciones más conocidas por el público fue la realizada por Carlos Castaño Uribe y Thomas van der Hammen, que en su secuencia cronológica ubican esos primeros instantes hace unos 19.510 años antes del presente.
Sin embargo, Aceituno asegura que “se ha hablado mucho de la antigüedad de lo registrado en Chiribiquete. Se ha propuesto hasta 22.000 años, pero, en la academia, son muy escasos los autores que respalden esa, con todo el respeto con Castaño. Esto no quiere decir que esto anule la posibilidad de que hubiese poblamientos mucho más anteriores, como Pubenza, pero los datos robustos nos sugieren estimaciones más conservadoras”. En todo caso, Aceituno asegura que no se puede ser muy contundente con esa cifra, pues puede haber sitios que aún no conozcamos.
Según el investigador, las evidencias apuntan a que grupos nómadas habrían sobrepasado el tapón de Darién hace al menos, 14.000 años, donde encontraron megafauna en abundancia de la cordillera de los Andes y los grandes valles interandinos. Desde este punto, se señala en el libro, se habrían desarrollado dos rutas, una que dirigió hacia la costa Caribe y otra que cruzó los Andes colombianos. Existe la posibilidad de que se presentase una tercera ruta hacia el Chocó, pero, como expresa Aceituno, es una región que no ha sido del todo explorada.
Los vestigios sobre estos primeros pobladores apuntan a que se trataba de grupos de “pequeña escala” y “autónomos políticamente”. Eran cazadores-recolectores que, con el tiempo, llegaron a desarrollar sistemas agrícolas complejos, y que, a pesar de su movimiento, tenían conocimiento sobre su entorno.
“Durante mucho tiempo se vio a estas sociedades de cazadores recolectores como grupos que ‘no eran’. Es decir, no eran sedentarias, no eran complejas, pero las investigaciones que se han realizado muestran que esta gente aprendió a cultivar, sabía de plantas y domesticó plantas y su entorno”, comenta Langebaek, de la Universidad de los Andes.
Una edad de oro con bailes, y también con entierros
Aceituno asegura que uno de los puntos que más le emocionan es la “eclosión de actividad humana en el continente”. Esto ocurrió en lo que se denomina el Younger Dryas —una pequeña edad de hielo— que ocurrió entre el 13.000 y el 11.700 antes del presente, en el que se presentó una “explosión de la actividad humana”. En el país, ese periodo se conoce como el estadial El Abra, como lo denominó Van der Hammen.
“¿A qué se debe? Pues una de las hipótesis es una segunda oleada migratoria. No hay como una certeza, pero sí es sintomático, pues miras los datos y hay ‘paf’, una edad de oro, la primera de la arqueología colombiana, y una que concreta un gran número de sitios estudiados”, indica Aceituno.
Los datos apuntan a que estos grupos “colonizaban y se quedaban. No es que pasaran de largo”, asegura Aceituno. “De repente aparecen datos en Popayán, en el Cauca medio, en Riosucio, en el río Porce y en la Amazonía colombiana”.
Entre estos vestigios que han encontrado los arqueólogos en el territorio nacional, en zonas como la cuenca del río Cauca, la Amazonía y, entre otros, la Sabana de Bogotá, hay rastros de la complejidad e interconexión de la vida que se desarrolló en ese momento.
Varios milenios después de esa edad de oro, hacia finales del Holoceno medio (unos 5.000 años antes del presente), la Sabana de Bogotá ofrece evidencias de que estas sociedades se habían vuelto más complejas: allí se han hallado entierros dispuestos en círculos, cráneos decorados y cuerpos abrazados. En la misma zona aparecieron huesos de primates, jaguares y caimanes, además de plumas de guacamaya, que habrían sido traídos desde las tierras bajas del país, una muestra de las conexiones con otros territorios.
Por su parte, en La Lindosa, uno de los sitios arqueológicos que más han llamado la atención en los últimos años, Aceituno ha trabajado en el estudio de las pinturas rupestres en las que se ven ceremonias, figuras abrazadas y, entre otras figuras, de danzas. “Estas personas tenían una vida social, que bailaban, que reían, que cazaban, que probablemente, yo creo que el tiempo entre el final de la Edad del Hielo y finales del Holoceno medio, fue la edad de oro de la historia prehispánica colombiana”, asegura el investigador.
¿Y el factor climático y la extinción de especies?
El libro también señala lo que se sabe sobre cómo se adaptan las poblaciones antiguas a una variabilidad climática extrema. Según datos recopilados y los modelos más aceptados, para esta época, entre hace 20.000 y 4.000 años, había altas fluctuaciones de lluvia y temperatura debido a tres factores atmosféricos, como la Zona de Convergencia Intertropical, la corriente del Chocó y la convención amazónica.
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“El clima del noroeste de América del Sur ha sido altamente dinámico, caracterizado por la alternancia de periodos fríos y cálidos, húmedos y secos. Debido a su ubicación intertropical, el territorio colombiano ha exhibido una mayor variabilidad en las precipitaciones que en la temperatura”, se lee en el libro.
Y estos cambios climáticos causaron la desaparición de varias especies al final de la Edad del Hielo —mastodontes, caballos americanos, gliptodontes, perezosos gigantes—. “Imagínate levantarse y que ya no tuvieran mastodontes. Entonces, el cambio climático es interesante porque determina, es un determinante de los ecosistemas, pero también porque muestra que esta gente se adaptó bien, que hubo un manejo muy sostenible durante 10.000 años, con sistemas de manejo del paisaje a baja escala”, asegura el investigador.
Aun así, el arqueólogo indica que hay que tener cuidado en apuntar al clima en la explicación de todo. “El clima preparó el terreno de juego”, sostiene. Y hecho, una de las propuestas del libro es que este frío de finales de la Edad del Hielo coincide con que los grupos humanos migraran y ocuparan de forma estable diferentes partes del país.

Sobre el impacto de los cambios climáticos, Langebaek opina que “estos no definen las trayectorias de cambio social, y a pesar de que hubo, por ejemplo, periodos secos, estos afectaron de manera diferente a las diferentes regiones del país y sus desarrollos”.
En todo caso, para esta época se empiezan a detectar signos de neolitización, que implica un cambio hacia la producción de alimentos y las transformaciones espaciales.“Entre el Holoceno temprano y el medio, los procesos de domesticación se intensificaron y dieron lugar a un modo de producción basado en la horticultura o el policultivo. La transición ofreció un suministro de recursos más predecible y estable y, desde una perspectiva evolutiva, fue una manera eficaz de lograr eficiencia en el forrajeo en ambientes con tasas de retorno limitadas”, se lee en el libro.
Entre los cultivos detectados en estos primeros momentos están el maíz, la yuca, achiras, frijoles, entre otros, malanga.
Ambos investigadores aseguran que estas sociedades sentaron las bases de la agricultura y los modos de organización que más adelante impulsaron a las sociedades más complejas, en un camino que hoy significa una cadena de más de 400 generaciones.
“El estudio sobre el pasado nunca se va a terminar”, dice Langeback. “No es construir un muro poniendo ladrillos: las preguntas van a cambiar, y cuando cambian las preguntas, las respuestas ya no son las que a uno lo dejaban completo”.
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Dunkel Damn(84992)•07 de octubre de 2026 – 14:44Gracias por l a difusion de estos interesantes temas.
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Jomc(66105)•07 de octubre de 2026 – 11:46Gracias. Buen artículo de divulgación sobre un tema que toca nuestra identidad.
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César(34891)•07 de octubre de 2026 – 11:34Gracias al Espectador por divulgar este tipo de material, gracias al reportero Fortich por ocuparse de esta historia y felicitaciones al profe Aceituno por la nueva publicación. Por favor más de este tipo de cobertura. César Cardona.
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Juliàn(iss7i)•07 de octubre de 2026 – 11:33será una edición en ingles?