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26 Feb 2022 - 2:00 a. m.

¿Ha visto un ciempiés gigante? Esta es la colombiana que estudia sus secretos

La bióloga Elisa Chaparro trabaja en el Instituto Butantan, en Brasil, para entender el sistema inmunológico de los ciempiés gigantes, buscando cuáles son las moléculas que defienden a estos animales contra las enfermedades. En el mundo solo hay tres grupos que estudian estas moléculas y Elisa conforma el de América Latina.
Paula Casas Mogollón

Paula Casas Mogollón

Medio Ambiente, Ciencia, Salud y Educación.
Los ciempiés gigantes suelen medir entre 10 y 40 centímetros de largo.  / Cortesía: Elisa Chaparro
Los ciempiés gigantes suelen medir entre 10 y 40 centímetros de largo. / Cortesía: Elisa Chaparro

Desde que era pequeña, a Elisa Chaparro le encantaba jugar entre la tierra para buscar bichos, especialmente arácnidos. Le fascinaban las tarántulas, una especie de arañas que miden hasta treinta centímetros, con vellos que recorren su tórax y abdomen y unas largas patas que las ayudan a cazar. Y aunque siempre tuvo afinidad con la naturaleza, no quería dedicarse a nada relacionado con ella. Su llegada al mundo de la biología y de la parasitología fue por un capricho. “Odiaba la ciencia y decía que mi profesión sería basada en la materia en la que peor me fuera en el colegio, que era biología. Si lograba ganarme la vida en lo que me iba peor, nada me iba a vencer. Esa fue mi lógica”, recuerda entre risas. Ese impulso la ha llevado a ser una de las científicas que más conoce de ciempiés en América Latina. (Le recomendamos: Mujeres de ciencia: estas son algunas de las “duras” de Colombia)

Cuando comenzó a estudiar Biología en la Universidad de los Andes no encontró muchas mujeres referentes; al contrario, se topó con varios profesores que le decían que ella no era lo suficientemente buena. “Es normal que te digan que no puedes y más en un medio tan misógino y machista como la academia”, dice Chaparro. A pesar de eso, siguió con su carrera y, en segundo semestre, se enamoró aún más de las arañas, tanto así que empezó a prepararse para ser aracnóloga, que es una rama de la zoología que se dedica al análisis de las arañas. Se fue a Brasil a la Universidad de São Paulo a estudiar una maestría en Parasitología y un doctorado en Biotecnología, también allí.

En Brasil se presentó catorce veces para hacer pasantías en el Instituto Butantan, uno de los centros de investigación más importantes de biología y biomedicina. De hecho, allí se produce más del 80 % de sueros y vacunas que son empleadas en este país. “Mi jefe, que con los años se convirtió en mi gran maestro, no me quería aceptar en este grupo”, dice. Finalmente, en 2008, pasó. “Me aceptaron en la pasantía para trabajar con las arañas, un estudio que ya había adelantado en los últimos cuatro años”, anota. Pero, una alergia la alejó de las arañas, a quienes describe como su primer amor. Desarrolló un paro cardiorrespiratorio y cuando la estabilizaron le aseguraron que ya no podría tener contacto con estos arácnidos. “Me dijeron que la próxima vez no llegaba al hospital”, comenta la bióloga de 36 años. (Le puede interesar: ¿Por qué los lagartos desprenden su cola en defensa? la ciencia revela el secreto)

Frustrada, Chaparro le dijo a Pedro Ismael da Silva Junior, doctor en este instituto y su jefe, que ya no podía ser parte del equipo de investigación. Él le propuso incursionar en otro campo de estudio: el del sistema inmunológico de los ciempiés gigantes, una especie de miriápodos que son robustos, suelen medir entre 10 y 40 centímetros de largo y cuentan generalmente con 23 pares de patas. “No había datos. La información que encuentro en ese entonces es que son animales ignorados por la ciencia”, anota.

Entre sus investigaciones, Chaparro empezó a conocer la importancia que tenían los ciempiés en la medicina tradicional. En India, China o Corea, por ejemplo, son utilizados para tratar dolores de cabeza, tos, infecciones y hasta epilepsia, pues varias investigaciones realizadas por científicos asiáticos han logrado probar que su veneno tiene componentes con efectos antimicrobianos y propiedades analgésicas que pueden ser más fuertes que las de la morfina. “Estos bichitos me abrieron un mundo que no me hubiese imaginado: trabajar con medicina tradicional y tratar de conciliar esos dos mundos que parecían divorciados”, cuenta. (Le puede interesar: Científicas colombianas: más allá de una tendencia en Twitter)

Desde entonces, solo tres grupos de investigación (uno en Alemania, otro en Corea y el de Chaparro, en Brasil) estudiaban el sistema inmunológico buscando moléculas biológicamente activas en los ciempiés. Chaparro explica que todos los seres vivos tenemos un sistema inmune que está compuesto por unas moléculas que generan diferentes formas de protección contra infecciones y enfermedades. Su investigación estudia el sistema inmunológico de estos animales buscando estas moléculas que los defienden contra las enfermedades. “Ellos, por ejemplo, viven en lugares muy húmedos y oscuros, en los que hay una gran cantidad de hongos y bacterias. Tú nunca has visto a un ejemplar con pie de atleta o gripa. Tienen algo que los protege. Yo busco ese algo”, apunta.

Lo que hace Chaparro para buscar ese algo es aislar esas moléculas, que son esos pedazos de información que protegen a los ciempiés contra las infecciones. Una vez encuentra una molécula que ha matado un hongo, realiza la secuencia de aminoácidos para ver si otra persona ya la había encontrado o si es nueva para la ciencia. “Como en los ciempiés casi no se había estudiado nada, la mayoría de las moléculas que he encontrado son nuevas. Sintetizo cada una de las que voy descubriendo para no tener que estar matando ciempiés, ni haciéndoles cirugías”, dice. La lacraina (lacraia en portugués significa ciempiés) es una de las moléculas que descubrió Chaparro, es anticancerígena y tiene actividad contra las células Y1, causantes del cáncer de útero.

“No significa que haya descubierto la cura contra el cáncer, sino que es un posible principio activo para un medicamento que puede iniciar un proceso de investigación. Así como con las vacunas”, apunta Chaparro, quien explica que una de las principales causas de las muertes en el mundo son las enfermedades infecciosas causadas por las bacterias resistentes a los antibióticos. “Cada vez son menos eficientes y se pueden tardar hasta diez años en ser aprobados. Lo que hago (bioprospección) es buscar en la naturaleza moléculas que puedan ser utilizadas para el ser humano. De los 500 medicamentos aprobados en los últimos diez años, el 70 % fueron descubiertos por estudio de bioprospección”, señala la doctora ciempiés, como es conocida. “Digo en chiste que soy la experta mundial en algo y no porque sepa mucho, sino porque nadie sabe nada. Todo es nuevo”, comenta.

Mientras sigue explorando el mundo de los ciempiés, se ha puesto en la tarea de divulgar ciencia, ya radicada en Colombia. Su objetivo con su proyecto, ScienteLab, una serie de clubes de ciencia, es mostrarles a los niños y adolescentes que ser científicos no es un privilegio. “Me topé con Samira, una niña que vivía cerca a Buenaventura, y me dijo que no creía que las mujeres pudiesen ser biólogas. Quería demostrarle que es un camino que puedes escoger”, apunta. Hace poco, junto a Puerto Candelaria, escribió la Sinfonía de los bichos raros en honor a sus amados ciempiés y arañas, y como una muestra de que todos pueden cumplir sus sueños, así como lo ha hecho la doctora ciempiés.

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